Jesucristo, nuestro Señor, siempre tuvo el tiempo para atender a las personas y cuando era movido a compasión, respondía sin limitaciones, siempre dispuesto a animar a las personas, a sanarlas, y a provocar un milagro.

Y nosotros, a veces y en algún momento hemos mas bien perdido la oportunidad de compartir nuestro testimonio o la oportunidad maravillosa de darle una palabra de aliento a alguien que sabía que pasaba por un tiempo dificil, o la oportunidad de reconfortar a alguien que tiene muchas dudas o la oportunidad de ayudar a alguien que lo necesitaba en ese momento.

Muchas veces dejamos pasar las oportunidades, sin darnos cuenta que esa oportunidad es un Dón de Dios y un privilegio que tenemos para impactar la vida de alguien más.

Es un don de Dios porque Él nos guia por aquí o por alla, guiandonos a quien debemos hablarle, o las oportunidades de trabajar en nuestro entorno con personas que conocemos. La verdad es que cada día es un día de oportunidades.

Sobretodo pensemos en la oportunidad de haber escuchado acerca de Jesús, de haberlo aceptado como Salvador, de que nuestro nombre esté escrito en el  libro del cielo. En el gran privilegio de que somos morada del Espíritu Santo, que nos guía, orienta, vive y nos enseña. Piense en las promesas que tenemos del Dios Todopoderoso y en la oportunidad de poseer una copia de la Palabra de Dios.

Piense en la oportunidad de recibir instrucción y enseñarla y de compartirla con otras personas. De cantar de la Palabra de Dios. Y de la oportunidad que tenemos de disfrutar de su presencia.

Una cosa es clara, las oportunidades vienen por un breve tiempo y se van.

Ahora voy a contarles una historia, acerca de un hombre que no desperdició la oportunidad para recibir su sanidad en sus ojos:

Marcos 10: 46-52 "Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! . Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!. Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino."

 Aqui vemos a un mendigo ciego, uno entre muchos, ganándose la vida de esta manera y esperando que alguien le ayudara. Bartimeo, un mendigo ciego, sin esperanza, ni seguridad. Con el don de escuchar, pues era lo único que podia hacer. Habia escuchado de Jesús, que era Nazareno y que habia sanado ciegos, resucitado muertos y que sanaba leprosos. Este hombre quien quiera que fuera hacia milagros.

Y se preguntaba si alguna vez tendría la oportunidad de estar frente a Él. No sabía donde estaba, y estaba sin esperanza de nada. Pero llegó el día de su oportunidad. Era una oportunidad inesperada.

Podemos ver en los versículos descritos anteriormente, que había mucha gente caminando, y los discipulos viniendo a celebrar la Pascua rumbo a Jerusalem.

Bartimeo desconocía que Jesùs estaba cerca y así nos puede pasar, que tenemos una oportunidad frente a nosotros y no lo sabemos.

Por eso debemos aprender a vivir sensibles al trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas, porque Dios nos dá la oportunidad de algo, con tal persona o tal situación, o lo que sea. Porque sino lo escuchamos, perderemos esa ocación.

Por eso es que debemos afinar nuestras destrezas espirituales para poder identificarlas. Y como lo hacemos?:

1. Leyendo la Palabra de Dios.

2. Meditando en ella y viendo como Dios actuaba en en la vida de las personas del Antiguo y Nuevo Testamento.

3. Y por lo tanto, ver como Él desea actuar en nuestras vidas.

4. Permitiendo que el Espíritu Santo de Dios nos sensibilice a su voz al pasar tiempo con Él.

Bartimeo escuchaba todas las cosas que sucedían a su alrededor y seguro escuchó el nombre de Jesús. Y al hacerlo, rapidamente empezó a pensar, será éste el Jesús de quien he escuchado?. 

Definitvamente esta fué la oportunidad que cambió la vida a Bartimeo. No dudó un tan solo momento y decidió averiguarlo y a dar voces. Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!. Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!

Pero la gente alrededor le rechazaba severamente, pero no se detuvo, esa era su oportunidad y no quería desprovecharla.

Siguió insistiendo.

Entonces Jesús deteniéndose, aun cuando iba al lugar mas importante de su vida a cumplir con su propósito, se detuvo por el clamor de un mendigo ciego. Eso es lo maravilloso de nuestro Señor, que siempre está disponible si clamamos a Él. Y aun cuando otros lo rechazaron, Jesús le dió identidad: un ser humano en necesidad. Jesús le dijo: Que quieres que te haga? Bartimeo contestó: Maestro, que recobre la vista.

La Biblia dice, que Jesús le dió la vista. Bartimeo, no solo fuê sanado, sino que sus pecados fueron perdonados, su seguera desapareció, fué restituido por completo y su respuesta fué quedarse con Él. Olvidó donde había vivido.

Talvez pienses que no has tenido esa oportunidad, pero déjame decirte, hoy es tu oportunidad que estás leyendo este mensaje. Jesús está deteniendose porque hay un clamor en tu corazón, ademas eres su hijo.

Y hoy Dios te dá la oportunidad de tener un futuro grandioso, no sólo de cambiar tu vida, sino ser un testimonio para impactar la vida de alguien más y servir a Dios. Tenemos la oportunidad de decirle a alguien como cambiar su destino eterno. Tenemos la oportunidad de guiar a nuestros hijos a que sean hijos piadosos y que hagan la voluntad de Dios en sus vidas.

Esa fué la única oportunidad que tuvo Bartimeo y no la dejó pasar.

Esta talvez sea tu única oportunidad de venir y recibir a Cristo en tu corazón, por eso te invito a hacer esta oración:

"Padre mio, aqui vengo delante de tu presencia, humillado a pedirte perdón por mis pecados, me arrepiento de cada uno de ellos y te pido que me limpies con tu preciosa Sangre y vengas a morar a mi corazón. Hazme una nueva persona que te ame y te sirva con todo mi corazón. Espíritu Santo transformame. Amén."

Fuente: Charles Stanley, https://www.youtube.com/watch?v=_XhhEbG0wmw

 

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