Categoría: Esperanza

¡ERES ESCOGIDO, ERES REAL SACERDOCIO, ERES PROPIEDAD DE DIOS!

Amada iglesia del Señor Jesucristo, ¡escucha esta palabra con tu espíritu despierto y tu corazón encendido por el fuego del Espíritu Santo!

La Palabra de Dios declara en 1 Pedro 2:9: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios».

¡Iglesia, tú no eres cualquier pueblo! ¡Tú no eres un accidente de la historia! ¡Tú no eres un derrotado sin esperanza! ¡Tú eres un escogido de Dios, comprado por la sangre preciosa de Jesucristo y llamado para anunciar las maravillas de Aquel que te sacó de las tinieblas a su luz admirable!

¡Levanta tu cabeza! ¡Sacude el polvo de la derrota! ¡Rompe las cadenas del temor! ¡El enemigo podrá intentar detener tus pasos, pero no podrá borrar el propósito que Dios ha establecido en tu vida!

¡Porque cuando Dios te llama, te separa para su gloria! Cuando Dios te levanta, no es para que vivas escondido, sino para que manifiestes su poder, su amor y su verdad en medio de una generación que necesita desesperadamente a Jesucristo.

¡Tú eres real sacerdocio! Eso significa que has sido llamado a vivir en comunión con Dios, a interceder por tu familia, a levantar al caído, a consolar al quebrantado y a proclamar que ¡Jesucristo salva, Jesucristo sana, Jesucristo liberta y Jesucristo viene otra vez!

¡No permitas que las voces de este mundo apaguen la voz de Dios en tu corazón! ¡No permitas que los errores de tu pasado destruyan la esperanza de tu futuro! Tu pasado no tiene la última palabra. ¡La última palabra la tiene Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores!

Y escucha esto: Pedro declara que antes no éramos pueblo, pero ahora somos pueblo de Dios; antes no habíamos alcanzado misericordia, pero ahora hemos recibido misericordia.

¡Eso es gracia! ¡Eso es redención! ¡Eso es el poder transformador del Evangelio!

Donde había vergüenza, Dios puede levantar un testimonio. Donde había desesperanza, Dios puede encender la fe. Donde había oscuridad, la luz de Cristo puede resplandecer.

Por eso, iglesia, ¡no escondas tu fe! ¡No calles tu testimonio! ¡No negocies tu santidad! ¡No vendas tu llamado por la aprobación de los hombres!

¡Somos propiedad de Dios, llevamos su nombre y hemos sido llamados a anunciar su gloria!

Hoy te digo como pastor: vuelve a la presencia del Señor. Enciende nuevamente tu altar de oración. Abre tu Biblia. Busca al Espíritu Santo. Ama a tu prójimo. Perdona a quien te hirió. Camina en santidad y sirve con humildad.

¡Que tu casa conozca a Jesús! ¡Que tus palabras reflejen a Jesús! ¡Que tus decisiones glorifiquen a Jesús!

Y cuando lleguen las pruebas, permanece firme. Cuando llegue la oposición, permanece fiel. Cuando el camino se vuelva difícil, recuerda quién te llamó y a quién perteneces.

¡No eres de las tinieblas! ¡Eres de la luz! ¡No has sido llamado para vivir derrotado por el temor, sino para caminar por fe, sostenido por la gracia de Dios!

¡Levántate, pueblo escogido! ¡Despierta, real sacerdocio! ¡Resplandece, nación santa! ¡Anuncia las maravillas del Dios todopoderoso!

¡Que arda el fuego de la oración! ¡Que arda el fuego de la santidad! ¡Que arda el fuego de la evangelización! ¡Y que el nombre de Jesucristo sea exaltado en nuestras familias, en nuestras ciudades y hasta lo último de la tierra!

¡Porque somos su pueblo, somos objeto de su misericordia y vivimos para su gloria!

¡A Él sea la honra, la alabanza y el poder por los siglos de los siglos!

¡En el poderoso nombre de Jesucristo!

¡AMÉN Y AMÉN! ¡GLORIA A DIOS!

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🔥 ¡DIOS NO HA TERMINADO CONTIGO: VUELVE AL ALTAR!

¡Escucha esta palabra! ¡Abre tu corazón y permite que la voz de Dios confronte tu alma! Porque hay momentos en los que el cielo no necesita que aparentes ser fuerte; ¡necesita que tengas el valor de reconocer que necesitas desesperadamente la misericordia del Señor!

David, el rey de Israel, el hombre que había vencido gigantes y conquistado batallas, ahora está de rodillas delante de Dios. Ya no levanta una espada; levanta un clamor. Ya no presume de sus victorias; reconoce sus pecados. Y exclama:

SALMOS 51:1 «Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia».

¡Qué tremenda revelación! ¡Puedes vencer gigantes delante de los hombres y, aun así, necesitar que Dios restaure tu corazón en lo secreto!

¡Escúchame bien! El mayor peligro de una vida espiritual no es solamente caer; ¡es caer y endurecer el corazón para no reconocerlo! Es seguir cantando con los labios mientras el alma se aleja de Dios. Es levantar las manos en el templo y negarse a rendir el corazón en su presencia.

¡Pero hoy es tiempo de volver al altar! ¡Tiempo de romper con el orgullo, abandonar las excusas y presentarnos delante del Dios santo con un arrepentimiento verdadero!

David no pidió maquillaje espiritual. ¡Pidió transformación! No pidió una apariencia religiosa; pidió una obra profunda en su interior. Por eso clamó:

SALMOS 51: 10 «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí».

¡Gloria al nombre de Jesús!

¡Hay cosas que el dinero no puede comprar, que la fama no puede producir y que el reconocimiento humano no puede restaurar! ¡Necesitas que Dios trabaje en lo profundo de tu corazón!

Porque puedes cambiar de casa, cambiar de ciudad, cambiar de amistades y cambiar de circunstancias, pero si el corazón permanece sin rendirse a Dios, seguirás llevando contigo aquello de lo que necesitas ser liberado.

¡No necesitas solamente una nueva temporada; necesitas una renovación espiritual! ¡No necesitas solamente puertas abiertas; necesitas un corazón limpio para caminar en obediencia delante del Señor!

Y escucha esta palabra gloriosa: David declara :

SALMOS 51: 17 «que los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado, Dios no lo desprecia.»

¡Recibe esta verdad! Tu arrepentimiento sincero no es el final de tu historia; puede ser el comienzo de una profunda restauración. No tienes que vivir esclavizado a la culpa ni esconderte detrás de tus errores. Ven a Dios con un corazón sincero, confiando en su misericordia y en la obra redentora de Jesucristo.

¡Iglesia, despierta! ¡Pueblo de Dios, vuelve a la oración! ¡Familias, levantad nuevamente el altar de la presencia del Señor! ¡Que nuestras casas no sean solamente lugares donde se habla de Dios, sino lugares donde se busca su rostro, se honra su Palabra y se vive en obediencia!

Y hoy, delante del Señor, levantemos este clamor: ¡Crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva mi espíritu! ¡Devuélveme el gozo de tu salvación!

Señor Jesús, quebranta nuestro orgullo, limpia nuestras intenciones, perdona nuestros pecados y enciende nuevamente en nosotros el fuego de tu Espíritu Santo.

¡Porque Dios no busca una apariencia de santidad; busca un corazón rendido! ¡Y cuando nos volvemos sinceramente a Él, encontramos misericordia, perdón y esperanza para comenzar de nuevo!

¡Que toda la gloria sea para Jesucristo, ayer, hoy y por los siglos!

¡Amén y amén!

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¡TU CARRERA NO TERMINA EN LA BATALLA!

Hebreos 12:1-2 nos dice: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

¡Hay una carrera delante de ti! Y Dios no te llamó para detenerte, sino para avanzar. Pero para correr necesitas soltar aquello que te pesa.

¡SUELTA EL PASADO! ¡SUELTA EL PECADO! ¡SUELTA EL MIEDO! ¡SUELTA LA CULPA! ¡SUELTA TODO LO QUE TE ESTÁ IMPIDIENDO AVANZAR!

Porque no puedes entrar en lo nuevo de Dios abrazando lo viejo.

La Palabra dice que debemos correr con paciencia la carrera que tenemos por delante. ¡No abandones porque el camino sea difícil! ¡No retrocedas porque todavía no ves la respuesta! ¡No tires la toalla porque la batalla sea intensa!

¡SIGUE CORRIENDO!

Y aquí está la clave: “PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS”.

No pongas tus ojos en el problema.
No pongas tus ojos en las circunstancias.
No pongas tus ojos en las personas.

¡PON TUS OJOS EN JESÚS!

Porque si miras el problema, tendrás temor; pero si miras a Cristo, ¡tu fe se levanta!

Jesús soportó la cruz, despreció la vergüenza y siguió adelante por el gozo que tenía delante. ¡Y si Cristo venció, tú también puedes perseverar!

Quizás hoy estás cansado. Quizás has llorado en secreto. Quizás has pensado en abandonar.

¡PERO EL ESPÍRITU SANTO TE DICE HOY: NO TE DETENGAS!

¡LEVÁNTATE!
¡SACÚDETE!
¡AFIRMA TU FE!
¡Y VUELVE A CORRER!

Tu historia no termina en esta dificultad. Tu propósito no murió en esta batalla. ¡Dios todavía tiene camino delante de ti!

Así que deja atrás todo peso y fija tus ojos en Jesús.

¡CORRE CON FE!
¡CORRE CON FUEGO!
¡CORRE CON PERSEVERANCIA!

Porque el que comenzó la buena obra en ti es poderoso para llevarla hasta el final.

¡JESÚS ES TU META, JESÚS ES TU FUERZA Y JESÚS ES TU VICTORIA!

🙏 ORACIÓN FINAL

Padre, en el nombre poderoso de Jesús, hoy venimos delante de Ti con el corazón abierto y el alma rendida.

Señor, quita de nosotros todo peso que nos impide correr. Arranca de nuestras vidas todo aquello que nos distrae, todo aquello que nos ata y todo aquello que nos roba las fuerzas.

Donde hay cansancio, derrama nuevas fuerzas.
Donde hay temor, enciende nuestra fe.
Donde hay heridas, trae Tu consuelo.
Donde hay pecado, llévanos al arrepentimiento verdadero.
Donde hemos pensado rendirnos, levanta nuevamente nuestro espíritu.

Espíritu Santo, vuelve a encender el fuego en nuestro corazón. 🔥

Que no corramos buscando aplausos. Que no corramos buscando reconocimiento. Que corramos por amor a Cristo.

Señor Jesús, hoy fijamos nuestros ojos en Ti. No en nuestra debilidad, sino en Tu poder. No en lo que perdimos, sino en lo que Tú has preparado. No en el tamaño de la batalla, sino en la grandeza de nuestro Dios.

Danos perseverancia para seguir cuando no entendamos.
Danos fe para caminar cuando no veamos.
Danos fuerzas para levantarnos cada vez que caigamos.

Y cuando nuestras piernas tiemblen, sostennos.
Cuando nuestra fe flaquee, recuérdanos quién eres Tú.
Cuando las lágrimas nos impidan ver el camino, sé Tú nuestra luz.

Hoy declaramos que no retrocedemos.
¡No abandonamos!
¡No nos rendimos!
¡No soltamos nuestra fe!

Nuestros ojos están puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.

Y aunque venga la tormenta, aunque venga la oposición, aunque el camino sea largo, seguiremos corriendo hasta llegar a la meta.

Porque sabemos que nuestra esperanza no está en nuestras fuerzas.

¡NUESTRA ESPERANZA ESTÁ EN CRISTO!

En el nombre de Jesús.

¡AMÉN, AMÉN Y AMÉN! 🔥🙌

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¡NINGÚN PODER ES MAYOR QUE CRISTO!

Hebreos capítulo 1, versículos 5 al 14, nos revela una verdad que la Iglesia jamás debe olvidar: ¡JESUCRISTO ES EL HIJO ETERNO, EL REY SOBERANO Y EL SEÑOR SOBRE TODO!

Dios jamás dijo a ningún ángel: “Tú eres mi Hijo”. Pero acerca de Jesús declaró: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.”

¡Escuchadme, Iglesia! Los ángeles son servidores, ¡PERO JESÚS ES EL HIJO! Los ángeles ministran, ¡PERO JESÚS REINA! Los ángeles fueron enviados para servir a los herederos de la salvación, ¡PERO JESÚS ES EL AUTOR DE NUESTRA SALVACIÓN!

Y la Palabra declara acerca del Hijo: “Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos.”

¡ALELUYA!

Esto significa que el trono de Cristo no depende de las circunstancias. No depende de gobiernos, economías, hombres ni poderes de este mundo.

¡SU TRONO ES ETERNO!
¡SU REINO ES INCONMOVIBLE!
¡SU AUTORIDAD ES SUPREMA!
¡SU PALABRA PERMANECE PARA SIEMPRE!

Por eso hoy os digo: ¡NO VIVÁIS COMO ESCLAVOS DEL TEMOR CUANDO SERVÍS AL REY DE REYES!

Puede venir la tormenta, pero Cristo sigue reinando.

Puede levantarse el enemigo, pero Cristo sigue reinando.

Puede parecer que todo se derrumba, pero ¡EL TRONO DE JESUCRISTO JAMÁS SE DERRUMBA!

¡Iglesia, levantad vuestra cabeza!

No habéis sido llamados a caminar derrotados, sino a caminar en la fe de aquel cuyo nombre está por encima de todo nombre.

Y escuchad esto: Hebreos dice que Dios ha puesto a los enemigos de Cristo debajo de sus pies.

¡DEBAJO DE SUS PIES!

Lo que para nosotros parece gigantesco, delante de Cristo está bajo Sus pies.

Lo que intenta intimidarte, está bajo Sus pies.

Lo que pretende robarte la paz, está bajo Sus pies.

¡Entonces deja de magnificar al enemigo y comienza a magnificar a JESUCRISTO!

Los ángeles son espíritus ministradores enviados para servir a los que heredarán la salvación. Pero nosotros no ponemos nuestra confianza en los ángeles.

¡NUESTRA FE ESTÁ EN JESÚS!

Él es el Hijo.
Él es el Rey.
Él es el Señor.
Él es nuestro Salvador.

Por eso, pueblo de Dios, permaneced firmes. No retrocedáis. No negociéis vuestra fe. No os avergoncéis del Evangelio.

¡PREDICAD A CRISTO!
¡EXALTAD A CRISTO!
¡ADORAD A CRISTO!
¡PROCLAMAD A CRISTO!

Porque llegará el día en que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que JESUCRISTO ES EL SEÑOR.

¡Que arda nuevamente la Iglesia!

¡Que se levanten hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo!

¡Que se escuche el Evangelio en las calles, en las casas, en las naciones y hasta los confines de la tierra!

Y que nuestra generación sepa que no seguimos a un hombre muerto.

¡SEGUIMOS A JESUCRISTO, EL HIJO VIVO DE DIOS, EL REY ETERNO, EL SEÑOR DE SEÑORES!

¡SU TRONO PERMANECE!
¡SU PALABRA PERMANECE!
¡Y SU REINO PERMANECERÁ PARA SIEMPRE!

¡A ÉL SEA LA GLORIA, EL PODER, EL DOMINIO Y EL HONOR, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS!

¡AMÉN! ¡AMÉN! ¡Y AMÉN!

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