Categoría: Esperanza

¡NINGÚN PODER ES MAYOR QUE CRISTO!

Hebreos capítulo 1, versículos 5 al 14, nos revela una verdad que la Iglesia jamás debe olvidar: ¡JESUCRISTO ES EL HIJO ETERNO, EL REY SOBERANO Y EL SEÑOR SOBRE TODO!

Dios jamás dijo a ningún ángel: “Tú eres mi Hijo”. Pero acerca de Jesús declaró: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.”

¡Escuchadme, Iglesia! Los ángeles son servidores, ¡PERO JESÚS ES EL HIJO! Los ángeles ministran, ¡PERO JESÚS REINA! Los ángeles fueron enviados para servir a los herederos de la salvación, ¡PERO JESÚS ES EL AUTOR DE NUESTRA SALVACIÓN!

Y la Palabra declara acerca del Hijo: “Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos.”

¡ALELUYA!

Esto significa que el trono de Cristo no depende de las circunstancias. No depende de gobiernos, economías, hombres ni poderes de este mundo.

¡SU TRONO ES ETERNO!
¡SU REINO ES INCONMOVIBLE!
¡SU AUTORIDAD ES SUPREMA!
¡SU PALABRA PERMANECE PARA SIEMPRE!

Por eso hoy os digo: ¡NO VIVÁIS COMO ESCLAVOS DEL TEMOR CUANDO SERVÍS AL REY DE REYES!

Puede venir la tormenta, pero Cristo sigue reinando.

Puede levantarse el enemigo, pero Cristo sigue reinando.

Puede parecer que todo se derrumba, pero ¡EL TRONO DE JESUCRISTO JAMÁS SE DERRUMBA!

¡Iglesia, levantad vuestra cabeza!

No habéis sido llamados a caminar derrotados, sino a caminar en la fe de aquel cuyo nombre está por encima de todo nombre.

Y escuchad esto: Hebreos dice que Dios ha puesto a los enemigos de Cristo debajo de sus pies.

¡DEBAJO DE SUS PIES!

Lo que para nosotros parece gigantesco, delante de Cristo está bajo Sus pies.

Lo que intenta intimidarte, está bajo Sus pies.

Lo que pretende robarte la paz, está bajo Sus pies.

¡Entonces deja de magnificar al enemigo y comienza a magnificar a JESUCRISTO!

Los ángeles son espíritus ministradores enviados para servir a los que heredarán la salvación. Pero nosotros no ponemos nuestra confianza en los ángeles.

¡NUESTRA FE ESTÁ EN JESÚS!

Él es el Hijo.
Él es el Rey.
Él es el Señor.
Él es nuestro Salvador.

Por eso, pueblo de Dios, permaneced firmes. No retrocedáis. No negociéis vuestra fe. No os avergoncéis del Evangelio.

¡PREDICAD A CRISTO!
¡EXALTAD A CRISTO!
¡ADORAD A CRISTO!
¡PROCLAMAD A CRISTO!

Porque llegará el día en que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que JESUCRISTO ES EL SEÑOR.

¡Que arda nuevamente la Iglesia!

¡Que se levanten hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo!

¡Que se escuche el Evangelio en las calles, en las casas, en las naciones y hasta los confines de la tierra!

Y que nuestra generación sepa que no seguimos a un hombre muerto.

¡SEGUIMOS A JESUCRISTO, EL HIJO VIVO DE DIOS, EL REY ETERNO, EL SEÑOR DE SEÑORES!

¡SU TRONO PERMANECE!
¡SU PALABRA PERMANECE!
¡Y SU REINO PERMANECERÁ PARA SIEMPRE!

¡A ÉL SEA LA GLORIA, EL PODER, EL DOMINIO Y EL HONOR, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS!

¡AMÉN! ¡AMÉN! ¡Y AMÉN!

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¡NO DESPRECIES LO QUE DIOS HA SEMBRADO!

Amados, quiero que abras tu corazón porque hoy Jesús viene a enseñarnos una verdad que puede cambiar nuestra manera de mirar la vida.

En Marcos 4:30-32, Jesús dice: “¿A qué haremos semejante el reino de Dios?… Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas; pero después de sembrado, crece y se hace la mayor de todas las hortalizas.”

¡Escucha bien! ¡Dios puede comenzar algo grande con algo que parece pequeño!

El grano de mostaza era pequeño, casi insignificante. Pero Jesús nos revela un secreto del Reino: el tamaño de la semilla no determina el tamaño de la cosecha.

Quizás tú estás mirando tu vida y dices:
“Es muy poco.”
“Ya es demasiado tarde.”
“No tengo los recursos.”
“No tengo las fuerzas.”
“No veo resultados.”

¡Pero Dios te dice hoy: NO DESPRECIES LA SEMILLA!

Porque hay cosas que Dios comienza de una manera que no impresiona a nadie.

Una oración que parece pequeña.
Una decisión de obediencia.
Un acto de fe.
Una palabra que recibiste.
Un sueño que Dios puso en tu corazón.

¡Puede parecer pequeño ante los hombres, pero puede contener un propósito gigantesco delante de Dios!

¡No entierres aquello que Dios te mandó sembrar!

Hay personas que abandonaron su semilla porque no vieron resultados rápidamente. Oraron durante un tiempo y dejaron de orar. Creyeron durante un tiempo y después comenzaron a dudar.

¡Pero escucha esta palabra!

¡La semilla necesita permanecer en la tierra para comenzar a crecer!

No puedes arrancarla todos los días para comprobar si está creciendo.

¡Tienes que confiar!

Hay procesos de Dios que ocurren debajo de la tierra. No los ves, pero están sucediendo.

Hay respuestas que todavía no han llegado, pero Dios está obrando.

Hay puertas que todavía no se han abierto, pero Dios está preparando el camino.

Hay promesas que todavía no has visto manifestarse, pero eso no significa que Dios las haya olvidado.

¡El silencio de Dios no significa la ausencia de Dios!

Y cuando Dios determina que llegó el tiempo, aquello que parecía pequeño comienza a crecer.

Lo que comenzó como una semilla se convierte en árbol.

Lo que comenzó como una oración se convierte en testimonio.

Lo que comenzó como una lágrima se convierte en alegría.

Lo que comenzó como una batalla se convierte en victoria.

¡Porque cuando Dios está detrás de la semilla, el enemigo no puede determinar la cosecha!

Por eso hoy te digo:

¡Sigue creyendo!
¡Sigue sembrando!
¡Sigue orando!
¡Sigue obedeciendo!
¡Sigue caminando!

Aunque todavía no veas el fruto, no abandones la semilla.

Y si alguien te dijo que tu sueño era demasiado pequeño, recuerda esto:

¡David comenzó con una honda, Moisés con una vara y la Iglesia comenzó con unos pocos discípulos!

Dios no necesita mucho para hacer mucho.

¡Dios necesita una semilla entregada en Sus manos!

Así que levántate hoy con fe y declara:

“Señor, aquí está mi semilla.
Aquí está mi vida.
Aquí está mi familia.
Aquí está mi propósito.
Aquí está mi futuro.
¡Hazlo crecer para Tu gloria!”

Y yo declaro sobre tu vida:

¡Lo que Dios sembró, crecerá!
¡Lo que Dios comenzó, Él lo llevará a cumplimiento!
¡Y lo que hoy parece pequeño, mañana será un testimonio grande de la fidelidad de Dios!

¡No desprecies los pequeños comienzos!

¡Hay vida en tu semilla!
¡Hay propósito en tu semilla!
¡Hay un árbol dentro de tu semilla!

¡Y cuando Dios diga: “Es tiempo”, nadie podrá detener lo que Él ha decidido hacer!

¡En el poderoso nombre de Jesús!
¡Amén y amén!

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¡CUANDO NO ENTIENDAS, CONFÍA EN DIOS!

¡ESCUCHA ESTA PALABRA DEL SEÑOR! 🔥

Hay momentos en los que la vida parece sacudirse debajo de nuestros pies. Momentos en los que recibes una noticia que no esperabas, una puerta se cierra, una batalla comienza y el enemigo intenta convencerte de que todo está perdido.

¡PERO HOY VENGO A DECLARARTE ALGO EN EL NOMBRE DE JESÚS!

¡NO ESTÁ TODO PERDIDO!
¡DIOS SIGUE EN SU TRONO!
¡Y TU HISTORIA TODAVÍA NO HA TERMINADO!

Pablo dice en Filipenses 4:4: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”

¡Mira qué palabra tan poderosa! No dice: “Regocíjate cuando tengas dinero”. No dice: “Regocíjate cuando todo salga como quieres”. Dice: ¡SIEMPRE!

Porque tu gozo no está fundamentado en tus circunstancias. Tu gozo está fundamentado en Cristo.

Puedes estar atravesando fuego y todavía adorar.
Puedes estar esperando una respuesta y todavía confiar.
Puedes estar llorando y todavía declarar: “¡Mi Dios es fiel!”

¡ESO ES FE!

Y ahora Pablo nos confronta:

“Por nada estéis afanosos…”

¡POR NADA!

No permitas que la preocupación se convierta en el gobierno de tu mente. No permitas que el miedo se siente en el trono de tu corazón.

¿Tienes una necesidad? ¡LLÉVALA A DIOS!
¿Tienes una batalla? ¡LLÉVALA A DIOS!
¿Tienes una puerta cerrada? ¡LLÉVALA A DIOS!
¿Tienes una situación que no puedes resolver? ¡PONLA EN LAS MANOS DEL TODOPODEROSO!

La Palabra dice: “Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”

¡Aquí está el secreto!

No solamente ores por lo que necesitas. Agradece por lo que Dios ya ha hecho y por lo que todavía hará.

Porque la acción de gracias declara:
“Dios, todavía no veo la respuesta, pero sigo creyendo en Ti.”

¡Y entonces ocurre algo sobrenatural! “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

¡ESCUCHA ESTO!

Dios quizá no cambie inmediatamente la circunstancia, pero puede cambiar completamente tu posición frente a ella.

El enemigo esperaba verte destruido, pero te encontrará adorando.

Esperaba verte desesperado, pero te encontrará orando.

Esperaba verte paralizado por el miedo, pero te encontrará caminando por fe.

¡PORQUE LA PAZ DE DIOS ESTÁ GUARDANDO TU CORAZÓN!

Hoy profetizo sobre tu vida:

¡La ansiedad no gobernará tu mente!
¡El miedo no gobernará tus decisiones!
¡La desesperación no gobernará tu corazón!
¡Cristo gobierna tu vida!

No importa lo que estés atravesando. ¡Dios sigue contigo!

Así que levanta tu cabeza.

¡Vuelve a creer!

¡Vuelve a orar!

¡Vuelve a adorar!

¡Vuelve a declarar la Palabra!

Y aunque todavía no veas el milagro, di con todo tu corazón:

“¡ME REGOCIJARÉ EN EL SEÑOR!
¡ORARÉ!
¡DARÉ GRACIAS!
¡Y CONFIARÉ EN MI DIOS!”

Porque cuando la paz de Dios entra en una vida, el infierno puede hacer ruido, pero no puede gobernar tu corazón.

¡RECIBE ESA PAZ!

¡CAMINA EN ESA PAZ!

¡Y DECLARA QUE JESUCRISTO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA!

¡EN EL PODEROSO Y GLORIOSO NOMBRE DE JESÚS! 🔥🔥🔥

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¡DESPIERTA, GUERRERO DE DIOS! TU VERDADERA BATALLA NO ES CONTRA PERSONAS

Hay personas que creen que su problema tiene nombre y apellido, pero la Palabra de Dios revela una verdad mucho más profunda.

Efesios 6:12-13 declara: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios…»

Iglesia del Señor, ¡es tiempo de despertar! Hay demasiados creyentes agotados, frustrados y derrotados, no porque el diablo sea más fuerte, sino porque están peleando la batalla equivocada. Están enfrentando personas cuando deberían estar enfrentando las tinieblas. Están respondiendo con enojo cuando deberían responder con oración. Están usando argumentos humanos cuando Dios les entregó armas espirituales.

El enemigo disfruta cuando una familia se divide, cuando un matrimonio deja de orar, cuando hermanos en Cristo se ofenden, cuando una iglesia pierde la unidad. ¿Por qué? Porque mientras nosotros peleamos entre nosotros, él trabaja en silencio. Esa es una de sus estrategias favoritas: distraernos del verdadero campo de batalla.

Pero hoy el Espíritu Santo viene a romper ese engaño.

Tu problema no comenzó con una persona. Detrás de muchas tentaciones, divisiones, mentiras y ataques existe una batalla espiritual. Eso no significa que cada dificultad sea causada directamente por un espíritu maligno ni que debamos ver demonios en todo; significa que vivimos en un mundo donde existe una oposición espiritual al propósito de Dios. Por eso Pablo nos llama a mantenernos vigilantes, sobrios y firmes.

Escúchame bien: el diablo no puede detener el plan de Dios para tu vida si permaneces en Cristo. Lo que intenta hacer es cansarte, distraerte, sembrar miedo, apagar tu fe y hacerte creer que ya no vale la pena seguir adelante. Pero el mismo Cristo que venció en la cruz vive en ti por medio de su Espíritu.

Por eso Pablo dice: «Tomad toda la armadura de Dios.»

No dice una parte. No dice la que más te guste. Dice toda.

Ponte el cinturón de la verdad. En una generación donde la mentira quiere disfrazarse de verdad, permanece firme en la Palabra de Dios.

Ponte la coraza de justicia. No confíes en tu propia perfección, sino vive cada día bajo la justicia que Cristo te concede y camina en obediencia.

Calza tus pies con el evangelio de la paz. Donde otros llevan conflicto, tú lleva esperanza. Donde otros llevan odio, tú lleva el mensaje de reconciliación.

Levanta el escudo de la fe. Habrá dardos de enfermedad, de desánimo, de ansiedad, de dudas y de temor. Pero la fe no niega la realidad; la fe proclama que Dios tiene la última palabra.

Colócate el casco de la salvación. Protege tu mente. No permitas que el enemigo gobierne tus pensamientos con condenación, culpa o desesperanza. Tu identidad está en Cristo.

Y toma la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Jesús venció las tentaciones en el desierto diciendo: «Escrito está.» Si el Hijo de Dios enfrentó al enemigo con la Escritura, ¿cuánto más nosotros necesitamos conocerla, creerla y obedecerla?

Pero hay algo que muchos olvidan. Después de hablar de la armadura, Pablo llama a orar en todo tiempo. La armadura sin oración se vuelve descuidada. La Biblia cerrada debilita la fe. Un creyente desconectado de la presencia de Dios se vuelve vulnerable.

No esperes una crisis para buscar al Señor. Busca su rostro cuando todo vaya bien. Llena tu casa de adoración. Enseña la Palabra a tus hijos. Perdona con rapidez. Guarda tu corazón. Vive en comunión con la iglesia y permanece cerca del Buen Pastor.

Hoy quiero decirte algo de parte del Señor: no retrocedas. Tal vez has sentido oposición, cansancio o lágrimas. Tal vez has pensado que ya no puedes más. Pero Dios no ha terminado contigo. El mismo Dios que abrió el mar, derribó los muros de Jericó y levantó a Cristo de entre los muertos sigue obrando con poder.

Levanta tu cabeza. Fortalece tus rodillas. Renueva tu fe. El Espíritu Santo sigue capacitando a hombres y mujeres para permanecer firmes en medio de la batalla. La victoria no pertenece al más fuerte según el mundo, sino al que permanece fiel al Señor.

Hoy oro para que Dios abra tus ojos espirituales, te conceda discernimiento, fortalezca tu fe y te revista con toda su armadura. Que cada mentira del enemigo sea reemplazada por la verdad de Cristo; que toda obra de división sea vencida por el amor; que todo temor sea desplazado por la paz que sobrepasa todo entendimiento.

En el nombre de Jesucristo, declara con valentía: «No pelearé contra las personas. Permaneceré firme en el Señor. Me vestiré con toda la armadura de Dios. Mi confianza está en Cristo, y Él es mi victoria.»

¡Mantente firme! ¡Permanece en la fe! ¡Cristo ya ha vencido, y quienes caminan con Él participan de su triunfo para la gloria de Dios! ¡Aleluya! ¡Amén!

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