Categoría: Promesas

MENSAJE DE AÑO NUEVO 2023

Todos hemos pasado por procesos durante el año 2022 y si estamos cerca o no de Dios, seguro que fuimos probados, en la fe, en nuestros caracteres, en las finanzas o a través de la salud o posiblemente en alguna otra área de nuestras vidas. Pero si hay algo seguro, es que el propósito de esas pruebas era para introducirnos a la Gloria de Dios.

2 CORINTIOS 4:17 “ Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 

Claro, posteriormente a ese examen, estoy convencido que tenemos un mayor peso de gloria. Ahora podemos decir: “fui probado, pase la prueba y todavía estoy en pie. Y entraré al año 2023 todavía sobre mis pies y estoy en mi propósito, así que hay un nuevo peso de gloria en mi vida. En el nombre de Jesús. Amén”.

Una conclusión que tenemos hoy, es que Dios ha sido fiel, ha sido bueno, ha sido digno de confianza y podemos depender de Él. Y podemos decir a toda voz: la gloria es para Jesús.

Cuando un nuevo año inicia, nos preguntamos: que trae el futuro para nosotros?.

Lo que puedo decirte en este día, es que cada vez que una nueva temporada comienza, hay tres aspectos que se deben tomar en cuenta:

1. DEBEMOS TENER EXPECTATIVAS.

Expectativas de que algo bueno viene a nuestras vidas. Es decir, esperemos algo bueno, siempre y cuando hemos obedecido a Dios.

JEREMIAS 29:11 “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el futuro que esperáis.

No importa lo que hayas pasado hasta este momento, Dios te dice: “tengo algo bueno para ti. Por lo tanto, quiero que tu esperes algo bueno en las diferentes áreas de tu vida.

ISAIAS 43:19 “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Esa expectativa que nace en ti, es algo que está a punto de pasar sobrenaturalmente porque Dios trabaja sobre esa expectativa. Él sube la barra de las limitaciones y de esa manera, Dios va a cumplir esa expectativa en tu vida. Asi que espere algo grande en este año 2023.

No vea las circunstancias, ponga sus ojos en Cristo Jesús, y no se desvíe para otro lado porque Dios va hacer algo bueno.

2. EL NUEVO AÑO COMIENZA CON UNA OPORTUNIDAD.

Cada vez que tenemos un año nuevo, Dios se asegura abrir nuevas oportunidades para su pueblo, porque lo que sucedió en su vida, fue una preparación para esa oportunidad que Dios tiene para ti.

Quiero decirte que las oportunidades son portales, son ventanas, son puertas que Dios abre para que aferras a esa oportunidad, pero cuando tú no tomas esa oportunidad Dios la cierra. Hoy quiero decirte que en el año 2023, Dios va abrir puertas que tú nunca habías visto abiertas, así que tómelo.

Hay oportunidades que vendrán en forma de una persona. Cuando el gigante Goliat empezó a desafiar al ejército de Israel, aquel decía en alta voz: “yo los voy a matar a todos”. David se dijo: “esta es mi oportunidad de ser rey”, “la voy a tomar”. El rey Saul dijo: “quien se atreve a matar a ese gigante”.

Entonces, David levanto la mano y dijo: “como este incircunciso se atreve a desafiar al ejército de Jehová?”. Así que tomo esa oportunidad, agarro una honda y le lanzo una piedra en la frente del gigante, lo mato y entro a una nueva temporada.

Nuevas oportunidades están abiertas, tu necesitas tomarlas. Pueden venir en forma de nuevas ideas, ideas creativas. Estate listo.

3. DEBEMOS SEGUIR INSTRUCCIONES.

Dios no te introduce a nuevas oportunidades sin instrucciones. LO que viene para el mundo es muy difícil, pero lo que viene para su Iglesia, para su pueblo es glorioso. Tienes que obedecer sus instrucciones, tienes que obedecer lo que dice en su Palabra, la Biblia, medita en ella de día y de noche.

ISAIAS 1:19 “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; 20si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

En otras palabras, se requiere obediencia. Entra al año nuevo haciendo una decisión de obediencia. Queremos lo mejor de la tierra, entonces obedezcamos a Dios porque si obedeces, comeremos lo bueno de la tierra.

Pero, esto se vuelve real cuando primeramente hacemos a Jesús, Señor y Salvador de nuestras vidas. Por eso, te invito a que hagas la siguiente oración en voz alta: “Padre Celestial, vengo delante de tu presencia, pidiéndote perdón por mis pecados. Ven a morar a mi corazón y has de mí una nueva criatura, que te ame, te exalte, te adore y te bendiga. Hoy te hago Señor y Salvador de mi vida. En el nombre de Jesús. Amén”

Y ahora busca una Iglesia cristiana para que te instruya en la Palabra de Dios.

FUENTE: Gracias Pastor GUILLERMO MALDONADO por sus enseñanzas.

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ES USTED UN SEGUIDOR DE JESÚS?

Cuando se hace esa pregunta, la gente da una serie de respuestas. Piensan que es creer en Dios, asistir a la iglesia, hacer buenas obras, orar cuando se necesita, vivir una buena vida o ser religioso. Pero ninguno de estos en realidad responde la pregunta, ni prueban que alguien esté siguiendo a Jesús. Aunque estas actividades son practicadas generalmente por cristianos, no todo el que las realiza es cristiano. Para determinar si alguien realmente sigue a Jesús, debemos usar pautas bíblicas.

Mientras Jesús caminaba junto al Mar de Galilea, llamó a Simón Pedro y Andrés a dejar su ocupación como pescadores y seguirlo (Mateo 4:18-19). Su respuesta demuestra lo que implica seguir a Jesús: “Al instante, dejando sus redes, le siguieron” (v. 20). Este fue un compromiso de toda la vida, no una mera actividad religiosa.

¿ENTONCES, QUE CARACTERIZA A UN SEGUIDOR DE JESÚS?

Para evaluar si estamos siguiendo a Jesús, debemos entender qué experiencias son verdaderas de aquellos que son seguidores genuinos:

1. Nacido de nuevo. “De cierto, de cierto os digo, que él que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” Juan 3:3).

Esta es lo primera para convertirse en un seguidor de Jesús. Debemos confesar y arrepentirnos de nuestros pecados, por fe recibir el perdón de Dios, entregar nuestra vida a Cristo como nuestro Salvador y Señor, y comenzar a caminar en Sus caminos. Ser cristiano no es solo mejorar o mejorarnos a nosotros mismos; es una vida completamente nueva nacida del Espíritu.

2. Oración. “En ese momento se fue al monte a orar, y pasó toda la noche orando a Dios” (Lucas 6:12).

Si seguimos a Jesús, seremos personas de oración como él lo fue. De hecho, no solo es una súplica de ayuda cuando la necesitemos. Debe ser una prioridad, debemos convertirla en un hábito diario el tener un tiempo a solas con Dios. Comenzar y terminar cada día en oración es una buena manera de asegurarnos de que estamos caminando en los pasos de Cristo.

3. Escuchando. “Mientras él aún estaba hablando, una nube brillante los cubrió, y he aquí, una voz desde la nube dijo: ‘Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; ¡Escúchenlo!’” (Mat. 17:5).

Muchos de nosotros comenzamos la mañana pensando en todo lo que necesitamos para lograr ese día. Aunque cumplir con nuestras responsabilidades es importante, es más esencial pasar tiempo hablando con el Padre, pidiéndole que nos guíe, proteja y nos capacite para ser obedientes a Él y sensibles a las necesidades de quienes nos rodean que necesitan al Salvador. Como el Señor y Amo soberano no solo del universo sino también de nuestras vidas individuales, Dios requiere nuestra sumisión y obediencia a Su voluntad. Es por eso que debemos tomar tiempo para escucharlo mientras leemos Su Palabra y oramos. (Juan 3:3).

4. Creencia. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Así como confiamos en Cristo para la salvación, debemos continuar viviendo por fe mientras lo seguimos. Si no le creemos, viviremos vidas egocéntricas y no haremos lo que Él dice ni andaremos en Sus caminos. Pero como seguidores genuinos de Cristo, confiaremos en Él con nuestras dificultades, dolores, tentaciones y necesidades, confiando en Él para que nos permita hacer todo lo que Él diga.

5. Obediencia. «Soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Seguir requiere obediencia, y cuando este es el deseo de nuestro corazón, reconocemos cuán tonto es seguir nuestro propio camino. El pecado siempre conduce a la pérdida y la muerte de algo, ya sean oportunidades o bendiciones (Romanos 6:23). Si nos negamos tercamente a obedecer a Dios, Él permitirá suficiente angustia y problemas a nuestra vida para corregirnos. Siempre es mejor obedecerle porque Él es la fuente de todo bien.

6. Amor. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y ​​con toda tu mente, y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30).

No podemos seguir a Cristo con un corazón dividido, mitad en el mundo y mitad con Dios. El amor que debemos tener por Cristo involucra todo nuestro ser. Por lo tanto, no podemos permitir pensamientos, imágenes y palabras impuras en nuestra mente y afirmar amarlo al mismo tiempo. El amor sincero por Cristo afecta lo que pensamos y observamos, lo que hacemos y hacia dónde vamos.

7. Compartir nuestra fe. “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19).

Este es el mandato de Jesús, y si vamos a seguirlo, compartiremos la verdad de la Palabra de Dios con los demás, sin importar si les agradamos o no. En un mundo de odio, amargura, animosidad y muerte, los seguidores de Cristo están arriesgando sus vidas para llevar el evangelio a las personas de todo el mundo. Cada uno de nosotros seguramente puede decir algo para despertar el interés de alguien que conocemos que no sigue a Jesús.

8. Servicio. “Si alguno me sirve, debe seguirme; y donde yo estuviere, allí estará también mi siervo; si alguno me sirve, el Padre lo honrará” (Juan 12:26).

Jesús vino como siervo y como sus seguidores, eso es lo que debemos hacer nosotros también. Todos nosotros tenemos la capacidad de servir al Señor de alguna manera sirviendo a los demás. El servicio viene en muchas formas diferentes: ayudando, cuidando, animando, consolando, dando, enseñando o compartiendo la Palabra de Dios.

9. Sufrimiento. “Porque a vosotros os es concedido por amor de Cristo, no sólo creer en Él, sino también sufrir por Él” (Filipenses 1:29).

Si estamos siguiendo a Jesús, podemos experimentar alguna forma de sufrimiento. Podemos ser rechazados, sufrir pérdidas financieras o incluso perder relaciones porque hacemos que las personas se sientan incómodas y no encajamos con quienes aman el mundo. Pero esto no debería impedirnos seguir a Jesús y compartir el evangelio.

Aunque podemos tener la tentación de elegir cuál de estas cualidades queremos seguir, todas estas prácticas son elementos esenciales de nuestro caminar con Jesús y deben convertirse en una parte importante de nuestras vidas a medida que lo seguimos.

Si quieres tener esa experiencia maravillosa de experimentar la presencia de Dios en tu vida, la cual estoy seguro que te dará propósitos, y serás bendecido tu y tu familia, es necesario permitirle a Dios que venga a tu vida. Y eso solo esta a una distancia de una oración, la cual haremos juntos, declarándola en voz alta:

«Padre Celestial aquí vengo delante de tu presencia, pidiéndote perdón por mis pecados. Reconozco que tú eres Jesucristo y que veniste a morir por mi para que tenga vida eterna. Hoy decido que tú seas mi Señor y Salvador. Consagro mi vida a partir de este momento, por la eternidad. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.»

FUENTE: Gracias Pastor CHARLES STANLEY por sus enseñanzas.

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CÓMO ACCESAR A LAS PROMESAS DE DIOS

Las promesas del Señor son expresiones de Su amor y cuidado por nosotros. A través de ellos, Él cumple Su voluntad y sus planes para nuestra vida, así como Sus propósitos para el  reino de Dios. Sus promesas incondicionales son inmutables y no hay nada que podamos hacer para frustrarlas. Sin embargo, el cumplimiento de Sus condicionales depende de nuestras respuestas y comportamientos basados ​​en nuestra fe en Él.

Sus promesas deberían ser una parte vital de nuestras vidas porque todo nuestro sistema de creencias depende de ellas; son la base de cómo vivimos cada día. Aunque tenemos acceso a este increíble recurso, algunas personas nunca se dan cuenta de que las respuestas a nuestras necesidades están disponibles en la Palabra de Dios. Es por eso que todas las promesas bíblicas son solo palabras en papel a menos que se reivindiquen y apliquen en situaciones de la vida. Es decir, las promesas de Dios son esenciales para nuestra vida diaria como cristianos.

Para entender cómo reclamarlos personalmente, debemos responder algunas preguntas vitales:

¿Son todas las promesas de la Biblia para nosotros hoy?

Muchas de las promesas bíblicas que no son para nosotros pueden ser para nosotros porque ilustran cómo Dios satisface las necesidades, concede los deseos y obra en la vida de sus hijos. Dado que Sus caminos nunca cambian, podemos contar con Él para que trabaje con nosotros hoy en un estilo similar.

¿Quién tiene derecho a reclamar una promesa de Dios?

Las promesas del Señor pertenecen solo a los creyentes, con una excepción. Los incrédulos son libres de reclamar Su promesa de salvación cuando confían en Jesús como su Salvador personal

ROMANOS 10:9 “  Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Hasta que den ese paso de fe, no hay seguridad de que Dios responderá a sus peticiones. Sin embargo, incluso si pertenecemos a la familia de Dios, perdemos nuestro derecho a reclamar Sus promesas cuando vivimos en pecado.

El Señor no contribuirá a nuestra desobediencia al bendecirnos con el cumplimiento de Sus promesas, pero la confesión y el arrepentimiento nos traerán nuevamente bajo Su dosel de bendición

1 JUAN 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Otro requisito esencial para reclamar una promesa es la confianza

Santiago 1:5-6 “ Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

Y debemos creer que Dios hará lo que ha dicho.

¿Por qué Dios nos promete algo?

Primero, el Señor hace promesas porque nos ama incondicionalmente y quiere darnos guía, provisión y protección. En segundo lugar, Él se revela a sí mismo en formas que muestran su asombrosa sabiduría, poder y gracia. No hay nada que podamos hacer para merecer Sus promesas, por lo que es nuestra responsabilidad simplemente es creer y depender de Él para cumplirlas todas.

¿Cómo podemos saber que Dios cumplirá sus promesas?

Su carácter es nuestra garantía. Como Él es perfecto, inmutable, constantemente veraz y todopoderoso, no dejará de cumplir Su palabra. Nada es imposible para Él. No hay situación para la que el Señor no tenga una solución, y no hay pregunta que Él no pueda responder.

Cada promesa en la Palabra de Dios es segura, y si usamos las Escrituras como nuestra brújula, Él nos mostrará cómo debemos vivir.

¿Cuándo podemos reclamar una promesa?

Aunque las promesas de Dios nos pertenecen, es esencial que entendamos cuándo podemos reclamar una y saber que se cumplirá. Podemos hacerlo cuando:

Se ajusta a una necesidad personal que Él quiere satisfacer. Por ejemplo, si estamos pidiendo instrucción y dirección con respecto a una decisión, podemos confiar en el compromiso del Señor de enseñarnos el camino que debemos seguir porque esta promesa se ajusta a nuestras situaciones específicas

Salmo 32:8 “ Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.

El contexto de la Escritura lo permite. Nadie debe tomar una promesa de la Biblia y reclamarla sin considerar su contexto. Por ejemplo, en

1 Juan 5:14-15 “ Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado»

El Señor promete contestar nuestras oraciones, pero el contexto revela que es condicional: nuestras peticiones deben hacerse de acuerdo con Su voluntad. Debemos asegurarnos de cumplir con los requisitos antes de reclamarlos.

Su cumplimiento lo honra. No debemos esperar que el Señor responda solicitudes egoístas que no lo glorifican. Pero cuando tenemos necesidades legítimas y reclamamos Su promesa de provisión, Dios cumplirá nuestras peticiones porque hacerlo le honra.

Es consistente con Su voluntad inmediata para nuestras vidas. Cualquiera que sea la necesidad, podemos reclamar la promesa de Dios para satisfacerla, pero hay situaciones en las que su tiempo y métodos no coinciden con nuestras expectativas. Cuando esto suceda, debemos recordar que Él tiene algo aún mejor en mente. Si no estamos seguros acerca de Su voluntad en una situación particular, simplemente podemos pedirle que nos muestre lo que Él desea

Mateo 7:7 “ Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Su cumplimiento es alentador para los demás. Si le pedimos a Dios que brinde tranquilidad a los demás, podemos reclamar Su promesa de proveer. Cuando las personas que nos rodean ven el cumplimiento, descubren cuán fiel y bueno es Él.

Estamos caminando en Su voluntad. Elegir vivir en obediencia nos da el derecho y el privilegio de reclamar Sus promesas. Pero si somos rebeldes y vivimos de acuerdo con nuestros propios deseos, nos hemos colocado fuera de Su voluntad y hemos hecho que Sus promesas sean ineficaces. Aunque Dios es quien cumple.

Si quieres tener derecho a accesar a las promesas de Dios, necesitas venir y entregar tu vida a Jesucristo como Señor y Salvador de tu vida. Para ello has la siguiente oración en voz alta:

Padre Celestial, vengo delante de tu presencia, reconociendo que he pecado contrata ti y contra el cielo. Me arrepiento de mis pecados y te pido que me perdones. Ven a mi corazón y has de mi una nueva criatura conforme a tu Palabra. Gracias por ser mi Señor y Salvador. Te lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

FUENTE: Gracias Pastor CHARLES STANLEY por sus enseñanzas.

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NUESTRO DIOS DE LAS PROMESAS

Nuestra vida de fe se basa en promesas, entre ellas, la vida eterna y la resurrección. Sus promesas pueden ser incondicionales o condicionales. Dios cumplirá ciertas promesas sin importar las circunstancias. Otras veces, las cumplirá bajo ciertas condiciones. Podemos estar seguros de que Dios cumplirá sus promesas, pues es veraz, fiel, inmutable y misericordioso. Además, podemos confiar en su capacidad para cumplir sus promesas porque es… 

Omnisciente: Dios conoce cada detalle de cada decisión que necesitamos tomar. Sabe lo que hubo antes y lo que viene después. Sus promesas se basan en un conocimiento pleno, lo que le impide equivocarse. 

Omnipresente: Dios está siempre con nosotros sin importar lo que ocurra en nuestras vidas. Promete no dejarnos ni abandonarnos nunca. 

Omnipotente: El Shaddai es el nombre hebreo de Dios que significa “Dios Todopoderoso”. Él siempre está en control, ya sea que entendamos lo que está haciendo o no. Nada es demasiado difícil para Él. 

Las únicas razones por las que una promesa condicional podría no cumplirse es porque nuestras peticiones no están dentro de la voluntad de Dios o el pecado se ha interpuesto en el camino.

Para estas promesas, Dios solo requiere dos cosas de nosotros: obediencia y fe. Si seguimos al Señor y confiamos en que cumplirá su palabra, experimentaremos las grandes bendiciones de ver sus promesas cumplidas.

EL DIOS SOBERANO DEL UNIVERSO JAMAS HA DEJADO DE CUMPLIR SUS PROMESAS.

Para entender con mayor exactitud la importancia de la fidelidad de Dios, debemos reconocer que la vida cristiana depende totalmente de las promesas de Dios. Por ejemplo, la única razón para estar seguros de que tenemos vida eterna, un hogar en el cielo, así como cuerpos resucitados y glorificados esperándonos, se debe a que todo eso lo aseguró el Señor Jesús a quienes han depositado su confianza en Él y en sus promesas.

DOS CLASES DE PROMESAS

Una promesa es un compromiso, hablado o escrito, de llevar a cabo una acción o abstenerse de hacer algo. En la Biblia el Señor ha hecho dos clases de promesas:

  • Incondicionales. Este tipo de promesa consiste en que el Señor ha adquirido el compromiso de hacer algo, sin excepción alguna. El pacto de Dios con Abraham es un ejemplo claro a ese respecto, como leemos en Génesis 12.1-3. Dios se comprometió a hacer de Abraham una nación grande y fuerte, así como a bendecir a todas las familias de la Tierra por medio de él. Como descendiente de Abraham, el Señor Jesucristo cumplió esa promesa y la hizo extensiva a todo pecador que deposita su confianza en Él.
  • Condicionales. Este tipo de promesa es un compromiso que está sujeto a ciertas circunstancias específicas. Por ejemplo, la oferta de salvación que encontramos en Romanos 10.9, tiene como condición que la persona que desea disfrutarla debe tener fe en Cristo como Señor y Salvador.

NUESTRA CONFUSIÓN

Hay ocasiones en las que nos sentimos decepcionados con Dios, pues creemos que no ha cumplido aquello que nos había prometido. Pero el problema radica, no en su fidelidad, sino en nuestro entendimiento. Hay varias razones por las que no siempre recibimos lo que esperamos.

Por ejemplo, el hecho de que deseemos algo y creamos que Dios nos lo concederá, no significa que vaya a ser así. Hay ocasiones en las que no comprendemos su voluntad. Puede que nuestra confusión sea consecuencia de un pecado no confesado, el cual ha creado una barrera en nuestra comunión con Dios. Finalmente, como la Palabra de Dios debe interpretarse a la luz de todo su contenido, desde Génesis hasta Apocalipsis, no debemos apropiarse de algunos versículos y reclamar promesas que están fuera del contexto. Muchas de las promesas de Dios estan sujetas a ciertas condiciones, y quizás no hemos cumplido con lo requerido.

LA CONFIANZA ABSOLUTA EN DIOS

La validez de una promesa depende del carácter y la habilidad de quien la hace. El Señor nuestro Dios tiene tanto la disposición como el poder para hacer todo lo que dice. Por ejemplo, Él es:

  • Veraz (Tito 1.2). Puesto que la verdad es la esencia misma de la naturaleza de Dios, es imposible que Él mienta. Por consiguiente, podemos creer en sus promesas porque siempre dice la verdad (Nm 23.19).
  • Fiel (He 10.23). Si el Señor rompiera una promesa, nuestra teología se vendría abajo, pues Él dejaría de ser quien ha dicho ser a lo largo de los siglos. Pero como Dios jamás ha dejado de cumplir su palabra en el pasado, podemos confiar en que la seguira cumpliendo en el futuro.
  • Inmutable (Mal 3.6). Esto quiere decir que Él jamás cambia, por lo que no debemos preocuparnos de que altere una promesa. El que tenga condiciones podría parecer que haya cambiado de opinión; pero lo cierto es que, en muchos casos, nosotros somos los que no hemos cumplido con sus requisitos.
  • Amor (1 Jn 4.7-10). Sus promesas siempre están basadas en su deseo de beneficiarnos en todos los sentidos, por lo que la cruz es la máxima expresión de su amor por nosotros. El Señor Jesús dijo que moriría por nuestros pecados y así lo hizo. Si nos amó tanto que cumplió su promesa, no tenemos razón alguna para dudar.

LA CAPACIDAD DE DIOS

También debemos entender qué tan apto y poderoso es Dios. Podemos estar convencidos de que Él puede cumplir sus promesas porque es:

  • Omnisciente (He 4.13). Dios conoce cada detalle de cualquier situación. Todas las promesas que hace están basadas en sabiduría infinita, perfecta y completa, lo cual indica que jamás puede equivocarse.
  • Omnipresente (He 13.5). Dios está en todas partes con todo su ser y habilidades y no tiene tamaño ni dimensiones, por lo que su presencia continua garantiza el cumplimiento de todas sus promesas.
  • Omnipotente (Sal 103.19). Dios puede hacer todo lo que su santa voluntad determina y puesto que es soberano sobre todo lo que existe, nada le es difícil ni está fuera de su control, poder y autoridad (Jer 32.17).

NUESTRA RESPONSABILIDAD

Debido a que el Señor es absolutamente apto y fiel en todos los sentidos, nosotros tenemos seguridad absoluta de que cumplirá sus promesas. No obstante, debemos disponernos a recibir lo que desea concedernos para cumplir sus propósitos. Para eso debemos:

  • Obedecer a Dios. Debemos ser obedientes. A lo largo del Antiguo Testamento vemos que el Señor promulgó pactos que demandaban obediencia absoluta (Dt 28). Si hemos pedido algo y Él todavía no nos lo ha concedido, necesitamos examinar nuestro corazón detenidamente para ver si lo hemos desobedecido en algún aspecto.
  • Creer en el Señor. Debemos tener fe. La fe es un requisito indispensable. Con cierta frecuencia preguntémonos sinceramente si hemos confiado en que Dios cumplirá sus promesas.
  • Acogernos a sus promesas. Debemos hacer nuestras sus promesas. Si creemos que el Señor cumplirá lo que ha dicho, con toda confianza podremos apropiarnos de sus promesas. Pero si albergamos dudas, nos preocuparemos e inquietaremos aun después de haber orado, y ofenderemos al Señor con nuestra actitud.

FUENTE: Gracias PASTOR CHARLES STANLEY por sus enseñanzas.

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