Categoría: Crecimiento Espiritual

DE ESCLAVO A HIJO

¡Iglesia del Dios vivo, escucha la voz del Espíritu en esta hora!

La Palabra del Señor en Epístola a los Romanos no fue escrita solamente para informar tu mente; fue dada para despertar tu espíritu, romper cadenas y activar el propósito eterno de Dios sobre tu vida.

El apóstol Pablo comienza declarando una verdad que estremeció el infierno:
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”

¡Ninguna condenación!

Eso significa que la cruz de Cristo no fue parcial; fue completa.
La sangre del Cordero no cubrió solo algunos pecados; abrió un camino eterno de redención y reconciliación con el Padre.

Pero escucha esto con discernimiento espiritual:
Muchos quieren la promesa sin el proceso.
Muchos quieren corona sin cruz.
Muchos quieren poder sin rendición.

Y el Espíritu Santo está llamando a la Iglesia nuevamente a una vida gobernada por el Espíritu y no por la carne.

Porque Romanos 8 revela dos naturalezas en conflicto:
La carne que arrastra al hombre hacia la muerte…
Y el Espíritu que impulsa al hombre hacia la vida y la gloria de Dios.

La carne produce orgullo, inmoralidad, división, frialdad espiritual y rebeldía.
Pero el Espíritu produce vida, fuego, santidad, autoridad y comunión con el Padre.

¡Escucha palabra profética!
Dios está levantando en esta generación hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo, que no negociarán con el pecado, que no retrocederán ante las tinieblas y que caminarán bajo autoridad apostólica y poder profético.

El enemigo ha querido distraer a la Iglesia con entretenimiento vacío, religiosidad seca y mensajes sin fuego.
Pero el Señor está soplando otra vez sobre el valle de huesos secos.

Y así como en la visión de Ezequiel, el Espíritu está diciendo:
“¡Profetiza sobre estos huesos!”

Porque lo que estaba muerto volverá a vivir.
Lo que estaba cautivo será libertado.
Y lo que estaba dormido será despertado por el poder de Dios.

Romanos 8 declara que “el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.”

Eso significa que no puedes alimentar tu carne toda la semana y esperar autoridad espiritual el domingo.
No puedes caminar en doble ánimo y esperar manifestar la gloria de Dios.

La Iglesia necesita volver al altar.
Volver a la oración.
Volver al ayuno.
Volver a la santidad.
Volver a la presencia.

Porque el Reino de Dios no consiste solamente en palabras, sino en poder.

Y hoy el Espíritu Santo está confrontando áreas ocultas.
Está quebrando fortalezas mentales.
Está arrancando máscaras religiosas.
Porque Dios no quiere una iglesia famosa; quiere una iglesia llena de su gloria.

¡Escucha esto con atención!
El mismo Espíritu que levantó a Jesucristo de entre los muertos vive dentro de aquellos que han nacido de nuevo.

No es un espíritu de derrota.
No es un espíritu de temor.
No es un espíritu de mediocridad.

Es el Espíritu del Dios Todopoderoso.

El Espíritu que abrió el Mar Rojo.
El Espíritu que descendió en Pentecostés.
El Espíritu que hacía temblar las cárceles cuando Pablo y Silas adoraban.
Ese mismo Espíritu habita hoy en los hijos de Dios.

Por eso el infierno tiembla cuando un creyente lleno del Espíritu ora.
Por eso las cadenas se rompen cuando la Iglesia adora con autoridad.
Por eso los demonios retroceden cuando el nombre de Jesús es exaltado.

Pero también Romanos 8 revela un misterio glorioso:
“El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad.”

¡Aleluya!

Porque habrá momentos donde las fuerzas humanas no bastan.
Momentos donde las lágrimas serán más fuertes que las palabras.
Momentos donde el dolor parecerá insoportable.

Pero aun allí, el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Eso significa que mientras tú lloras… el cielo está peleando.
Mientras tú oras… Dios está obrando.
Mientras tú esperas… el propósito eterno sigue avanzando.

Y hoy profetizo en el nombre de Jesucristo:
Toda cadena que ha querido detener tu destino se rompe.
Toda voz de condenación se silencia.
Toda asignación de las tinieblas contra tu casa retrocede por el poder de la sangre de Jesús.

Dios está levantando una generación apasionada por su presencia.
Una generación que no se avergüenza del Evangelio.
Una generación que caminará en discernimiento, autoridad y poder sobrenatural.

No es tiempo de dormir espiritualmente.
No es tiempo de retroceder.
No es tiempo de comprometerse con el sistema de este mundo.

¡Es tiempo de arder!
¡Es tiempo de conquistar!
¡Es tiempo de manifestar la gloria de Dios sobre la tierra!

Y así dice el Espíritu del Señor:
“El fuego no se ha apagado.
Mi mano sigue extendida.
Mi poder sigue disponible.
Y todo aquel que se rinda completamente a Mí verá mi gloria.”

¡Levántate, Iglesia!
¡Levántate en el poder del Espíritu!
¡Levántate en autoridad apostólica y fuego profético!

Porque el mismo Espíritu que levantó a Cristo de entre los muertos…
¡levantará también a esta generación para anunciar el Reino de Dios con poder, señales y gloria en el nombre de Jesucristo!

Oremos: Padre Eterno, en el nombre de Jesús, despierta nuestro espíritu y llénanos con el fuego del Espíritu Santo. Rompe toda cadena, toda condenación y toda frialdad espiritual. Levántanos con autoridad, santidad y poder para manifestar tu gloria en esta generación. ¡Que tu Espíritu nos transforme y nos use para expandir tu Reino! Amén.

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LA LUZ QUE ROMPE LAS TINIEBLAS

Juan 8:12 «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.»

Iglesia… escuchen esto con el espíritu despierto. El mundo en el que vivimos está cubierto de oscuridad. Oscuridad en la mente. Oscuridad en la moral. Oscuridad en el corazón del hombre.

Pero en medio de esa oscuridad eterna, Jesucristo se levantó y proclamó una verdad que sacudió el universo espiritual:

“YO SOY LA LUZ DEL MUNDO.”

No fue un maestro hablando. No fue un filósofo enseñando. ¡Fue Dios encarnado anunciando la derrota de las tinieblas! Porque la oscuridad tiene una característica, la oscuridad no puede resistir la luz. Donde la luz aparece, la oscuridad pierde su territorio.

Pero escucha lo que dijo Jesucristo después. Él no solo habló de quién es Él, habló de lo que pasa con los que lo siguen.

Él dijo: “El que me sigue no andará en tinieblas.”

No dijo tal vez. No dijo algunas veces. No dijo cuando todo esté fácil. Dijo NO andará en tinieblas. Eso significa que cuando alguien realmente sigue a Cristo: La mentira pierde poder. El pecado pierde dominio. La culpa pierde su voz, porque algo sobrenatural sucede dentro del alma…

La luz de la vida comienza a arder dentro de la persona.

Escucha esto con atención. El problema de muchos creyentes hoy, no es que Cristo no sea la luz. El problema es que muchos quieren la salvación sin seguir la luz. Quieren a Cristo como Salvador, pero no como guía. Quieren el cielo pero siguen caminando en sombras.

Pero la luz de Cristo no solo salva, la luz de Cristo transforma. La luz revela lo oculto. La luz expone lo que está mal. La luz rompe cadenas espirituales.

Y cuando la luz entra completamente, la vida nunca vuelve a ser la misma.

Ahora escucha esto con fuego en el espíritu…Dios no te llamó simplemente a recibir luz, Dios te llamó a caminar en la luz. Eso significa que donde tú entras…la atmósfera cambia. Donde tú hablas…la verdad aparece. Donde tú oras el cielo se abre.

Porque dentro de ti vive la luz de Cristo. Y esa luz no puede ser apagada por el infierno. El diablo puede atacar. El mundo puede presionar. Las circunstancias pueden oscurecer el camino.

Pero si Cristo es tu luz, ¡las tinieblas no prevalecerán!


🔥 MOMENTO DE MINISTRACIÓN

Hay personas aquí que han estado caminando en oscuridad. Oscuridad de miedo, oscuridad de culpa, oscuridad de confusión.

Pero hoy la luz de Jesucristo está entrando a tu vida

🔥 Espíritu Santo, ilumina las mentes.
🔥 Espíritu Santo, rompe las cadenas.
🔥 Espíritu Santo, enciende el fuego en la vida de los que estan leyendo este mensaje.

Ahora si tú sientes que Dios está hablando contigo, levanta tus manos al cielo.

Y declara conmigo: “Cristo es mi luz. Renuncio a las tinieblas. Caminaré en la luz de la vida.”

Espíritu Santo llena este lugar ahora. Que la luz de Cristo invada tu corazón y que toda oscuridad huya ahora mismo. En el nombre poderoso de Jesucristo. Amén.

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¡CRECE, FORTALÉCETE Y LLÉNATE DE SABIDURÍA!

LUCAS 2:39–40 «Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.»

Aquí la Palabra de Dios nos revela el proceso por el cual pasó Jesús antes de su manifestación pública: crecía, se fortalecía, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre Él.

Este pasaje no solo describe Su desarrollo, es una invitación para nosotros a seguir el mismo camino.

Primero, la Biblia dice: “El Niño crecía.” Eso significa que Dios espera crecimiento, no estancamiento. Crecer en carácter, en disciplina, en fe, en obediencia. El Señor rompe toda comodidad espiritual y declara sobre ti: “¡Es tiempo de avanzar, no de retroceder!”

Luego dice: “…y se fortalecía.” La fortaleza espiritual nace de las pruebas. Cada lágrima, cada lucha, cada batalla que parecía demasiado difícil, Dios la usó para hacerte más fuerte. Él te entrenó para que nada pueda derribarte ni detenerte.

Después afirma: “…llenándose de sabiduría.” La sabiduría no es información: es dirección divina. Es ver con los ojos de Dios y caminar en Su estrategia. Él te promete sabiduría para decisiones, relaciones, negocios y ministerio, sabiduría que te posicionará donde tus fuerzas no pueden llevarte.

Y finalmente declara: “La gracia de Dios era sobre Él.” La gracia es el favor sobrenatural que abre puertas, que impulsa, que conecta y que distingue. Si creces, si te fortaleces y si te llenas de sabiduría, la gracia de Dios reposará sobre ti de manera visible y poderosa.

Este es el llamado del Espíritu Santo para tu vida hoy: ¡Crece! ¡Fortalécete! ¡Llénate de sabiduría! ¡Camina bajo la gracia sobrenatural de Dios!

Así que declara conmigo con fe: “Señor, quiero crecer como Jesús, ser fuerte como Jesús, caminar en sabiduría como Jesús y vivir bajo Tu gracia todos los días de mi vida.”

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CUANDO PASAS POR EL VALLE LA GLORIA TE SIGUE

Podrás estar pasando por un tiempo de prueba, pero recuerda que Dios está contigo y al final saldrás en victoria.

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