Amigo/amiga, quizás has buscado respuestas en muchas partes. Has buscado paz en el dinero, seguridad en las personas, satisfacción en los placeres de este mundo, pero tu corazón sigue sintiendo un vacío que nada ni nadie ha podido llenar.
Y hoy Dios te hace una pregunta a través de Su Palabra:
«¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Corintios 3:16).
Escucha esto: Dios nunca diseñó al ser humano para vivir lejos de Él. Desde el principio, el deseo de Dios fue habitar con Su creación. Pero el pecado levantó una barrera entre el hombre y Dios. La desobediencia contaminó el templo. El corazón se llenó de orgullo, de dolor, de miedo y de pecado.
Sin embargo, Dios no te abandonó.
Por amor, envió a Su Hijo Jesucristo a morir en una cruz. Allí cargó tus pecados, tus culpas, tus fracasos y tus rebeliones. Derramó Su sangre para limpiar el templo que el pecado había contaminado.
Jesús no murió solamente para darte una religión. Jesús murió para darte una nueva vida. Murió para restaurar tu relación con Dios. Murió para que el Espíritu Santo pudiera habitar nuevamente en tu corazón.
Tal vez hoy te sientes roto, vacío o indigno. Quizás piensas que has ido demasiado lejos. Pero escucha esta verdad: la gracia de Dios es más grande que tu pecado, y la sangre de Cristo es más poderosa que tu pasado.
Pero la Palabra también nos advierte: «Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.»
Dios toma en serio el destino de tu alma. Él te ama demasiado para dejarte vivir separado de Su presencia. Hoy te llama al arrepentimiento. Hoy te llama a abandonar aquello que te destruye. Hoy te llama a volver tu corazón a Cristo.
Porque el mismo Dios que juzga el pecado es el Dios que ofrece misericordia al pecador arrepentido.
Hoy puede ser el día que cambie tu eternidad.
Hoy tus cadenas pueden romperse.
Hoy tus pecados pueden ser perdonados.
Hoy tu nombre puede ser escrito en el Libro de la Vida.
Abre tu corazón a Jesucristo. Entrégale tu vida. Permite que Él limpie el templo y haga de ti una nueva creación.
Porque cuando Cristo entra en una vida, todo cambia.
La culpa es reemplazada por perdón.
La tristeza por esperanza.
La muerte por vida eterna.
Y el vacío por la gloriosa presencia del Espíritu Santo.
¡Corre a Cristo mientras hay tiempo!
¡Corre a la cruz mientras la puerta de la gracia sigue abierta!
¡Y permite que el Dios Viviente haga de tu corazón Su morada para siempre!
Quieres ser un portador de la Gloria de Dios, entonces repite conmigo esta oración: Señor Jesús, hoy rindo completamente mi vida a Ti. Limpia mi corazón con Tu sangre preciosa y haz de mí un templo santo para Tu Espíritu. Renuncio a todo lo que apaga Tu presencia y recibo Tu fuego, Tu poder y Tu gloria. Úsame para reflejar a Cristo dondequiera que vaya. Que mi vida sea un altar vivo y un portador de Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.