Categoría: Propósito

¡EL MANDAMIENTO QUE ENCIENDE EL FUEGO DEL CIELO!

¡Escucha, pueblo del Dios viviente! ¡Abre tus oídos y prepara tu corazón, porque la Palabra del Señor viene a confrontarnos, despertarnos y sacarnos de una fe dormida!

En Marcos 12:29-31, Jesucristo declara el mandamiento más grande: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

¡Esto no es una sugerencia! ¡Es el llamado del Rey de reyes para todo aquel que quiera seguir sus caminos!

¡Iglesia de Jesucristo, despierta! ¡No podemos proclamar que amamos a Dios mientras alimentamos el odio, cultivamos el orgullo y cerramos nuestros ojos ante el dolor de los demás!

¡No confundas el ruido con la presencia de Dios! ¡No confundas las lágrimas con la transformación! ¡No confundas las palabras religiosas con una vida rendida al Señor!

¡La verdadera evidencia de un corazón transformado es que Cristo comienza a gobernar nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestra manera de tratar a los demás!

¡Y ahora escucha esto! Amar a Dios con todo tu ser significa entregarle tus planes, tus sueños, tus fuerzas y hasta aquellas heridas que todavía te duelen. Significa confiar en Él cuando no entiendes el camino y permanecer firme cuando soplan vientos contrarios.

Y amar a tu prójimo significa tener el valor de perdonar, la humildad de pedir perdón, la generosidad de compartir y la compasión de levantar al que ha caído.

¡Eso es poder espiritual! ¡Eso es una fe que se mueve! ¡Eso es el Evangelio de Jesucristo manifestándose en la vida cotidiana!

¡No necesitas odiar a nadie para demostrar que tienes autoridad! ¡No necesitas humillar a nadie para demostrar que tienes razón! ¡La autoridad del Reino se manifiesta también cuando vencemos el mal haciendo el bien!

¡Hoy es tiempo de derribar las barreras que hemos levantado en nuestros hogares, restaurar relaciones quebrantadas y dejar que el amor de Cristo sane lo que el orgullo ha destruido!

Y si todavía no conoces a Jesús, escucha: Él no te llama para que finjas ser perfecto. Te invita a acercarte a Él, recibir su gracia y comenzar una vida nueva.

¡Que se levante una generación que ame a Dios sin reservas, que ame a las personas sin hipocresía y que predique a Cristo no solamente con sus labios, sino con cada acto de su vida!

¡Que arda el fuego del Espíritu Santo en nuestros corazones! ¡Que Jesucristo sea el centro de nuestras familias, el fundamento de nuestra fe y la razón de nuestra esperanza!

¡Porque cuando el amor de Dios transforma el corazón, la vida entera comienza a dar testimonio de su poder!

¡En el nombre poderoso de Jesucristo! ¡Amén, amén y amén! 🔥

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¡Hosanna: el grito que revela lo que realmente hay en tu corazón!

Juan 12:13 “Tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”

¡Escucha esta palabra porque viene con peso de gloria! ¡No era un momento común! ¡Era un punto de inflexión espiritual!

El pueblo salió…
¡No se quedó indiferente!
¡No se quedó en casa!
¡Salieron a recibir a Jesús!

Porque cuando tú disciernes que el cielo está visitando tu vida, no puedes quedarte pasivo, ¡tienes que moverte!

Pero escucha esto…

Tomaron palmas… símbolo de victoria.
¡Estaban declarando victoria antes de la cruz!
¡Antes del proceso!
¡Antes del sacrificio!

Aquí hay un misterio poderoso: Celebraban al Rey…¡sin entender el camino del Reino!

Gritaban: “¡Hosanna!” que significa: “¡Sálvanos ahora!” Pero ellos pensaban en Roma…¡Y Jesús estaba pensando en sus almas!

Ellos querían liberación política…¡Pero Él venía a romper cadenas espirituales!

🔥 ¡Oh, alguien entienda esto hoy! Puedes estar diciendo las palabras correctas…¡pero con una expectativa equivocada!

Puedes estar adorando…¡pero sin discernir lo que Dios realmente quiere hacer en ti!

💥 Y luego declaran: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

¡Reconocieron autoridad! ¡Reconocieron que Jesús no venía por sí mismo…sino enviado por el Padre!

Pero reconocer no es suficiente… ¡Muchos reconocen la unción…pero no se someten a ella!

Muchos reconocen a Jesús como Salvador…¡pero no lo aceptan como Señor!

🔥 Y aquí viene la declaración más fuerte: “¡El Rey de Israel!” ¡Lo llamaron Rey! Pero escúchame…¡decir “Rey” implica gobierno! ¡Implica autoridad! ¡Implica rendición total!

💥 Si Él es Rey…¡entonces Él decide! ¡Él gobierna! Él dirige tu vida!

Pero el problema es este: ¡La multitud quería corona…pero no cruz!

¡Querían milagros…pero no transformación!

¡Querían un Rey que los sirviera…pero no un Rey al que servir!

🔥 ¡Y hoy el Espíritu Santo te confronta! ¿Tu “Hosanna” nace de una necesidad momentánea…o de una rendición eterna? ¿Estás buscando a Jesús por lo que puede hacer…o por quien Él es?

🙌 Porque hay una diferencia entre: Reconocerlo y rendirte a Él. Celebrarlo y obedecerlo. Buscar su mano y someterte a su corazón.

💣 ¡Y aquí está la palabra profética para tu vida! Dios no está buscando gente que grite fuerte ¡Está buscando gente que se rinda profundo! No está buscando emoción pasajera ¡Está buscando transformación real!

Así que hoy… tu “Hosanna” tiene que cambiar.

Que ya no sea solo: “¡Señor, sálvame de esto!” Sino:
💥 “¡Señor, gobierna en mí!”
💥 “¡Reina sobre mis decisiones!”
💥 “¡Transforma lo que aún no te he entregado!”

🔥 Porque cuando Jesús deja de ser solo una respuesta y se convierte en tu Rey ¡Todo cambia! Tu manera de pensar cambia. Tu manera de vivir cambia. ¡Tu destino cambia!

🙌 Hoy no solo lo recibas con palmas ¡recíbelo con rendición! No solo lo celebres con tu boca ¡corónalo con tu vida! Porque el mismo que entró en Jerusalén ¡hoy está tocando la puerta de tu corazón! Y no viene solo a visitarte ¡VIENE A GOBERNARTE!

💥 ¡Y cuando Él reina, no queda área sin transformar, no queda cadena sin romper, y no queda vida sin propósito!

🔥 ¡Así que grita “HOSANNA” pero esta vez, con un corazón completamente rendido al Rey! 🔥

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PORQUE ADORAMOS A DIOS ?

Debemos adorar a Dios porque El es nuestro Creador, Sustentador y Redentor. La adoración no es solo un acto religioso, sino una respuesta natural a Su grandeza, amor y fidelidad.

He aquí­ algunas razones claves:

1. PORQUE ÉL ES DIGNO – Dios es el Ser Supremo, perfecto en santidad, justicia y amor.

Apocalipsis 4:11 dice: digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

2. PORQUE FUIMOS CREADOS PARA ELLO – La adoración nos conecta con nuestro propósito.

MATEO 22:37 «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

3. PORQUE NOS TRANSFORMA – Al adorar a Dios, nuestra mente y corazón se alinean con su Voluntad, trayendo paz y propósito a nuestras vidas

JUAN 4:23-24 » Mas la hora viene y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores bsca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoren, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.»

4. PORQUE RECONOCEMOS SU SOBERANIA – La adoración es un acto de humildad y reconocimiento de que dependemos de Él en todo.

MATEO 6: 9-10 » Vosotros, pues, oraréis así: Pare Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tú nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

5. PORQUE NOS ACERCA A DIOS

SALMOS 22: 3 » dice que Dios habita en medio de la alabanza de Su pueblo.

Por lo tanto, la adoración nos ayuda a experimentar Su presencia y poder.

En resumen, adoramos a Dios porque Él lo merece, porque es nuestra razón de ser y porque nos transforma y nos llena de Su paz.

Oración de adoración a Dios:

Señor todopoderoso, hoy vengo ante Ti con un corazón agradecido y humilde. Tú eres digno de toda gloria, honra y alabanza, porque eres nuestro Creador, Sustentador y Redentor. Te exalto porque todo lo que existe fue hecho por Ti y para Ti. Llena mi vida con Tu presencia y enséñame a adorarte con todo mi corazón, alma y mente. Que mi adoración sea genuina y agradable a Ti, y que me transforme cada día para reflejar Tu amor y Tu luz. Te reconozco como mi Señor y me rindo ante Tu soberanía. En el nombre de Jesús, amén.

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A TÍ TE DIGO: LEVÁNTATE

Hoy traigo una palabra viva, una palabra que arde con el fuego del Espíritu Santo, donde vemos a nuestro Señor Jesucristo entrar en una ciudad llamada Naín. Quiero que abras tu corazón, porque esta palabra tiene el poder para cambiar tu vida.

LUCAS 7:11-17 » Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. 17Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.»

Jesús entra a Naín acompañado de una multitud, pero ahí, en el umbral de la ciudad, se encuentra con otra multitud. Una procesión de muerte. ¡Oh, qué contraste, verdad! Por un lado, la multitud de la vida, de la esperanza, que camina con Jesús. Por otro lado, la multitud que lleva un cuerpo sin vida, la evidencia de una madre desgarrada, una viuda que ha perdido lo único que le quedaba: su hijo único.

Esa escena, amados, es el cuadro de nuestra humanidad. Estamos en un mundo lleno de muerte, de desesperanza, de lágrimas. Quizás tú has venido hoy cargando un féretro en tu corazón. Tal vez has enterrado tus sueños, tu fe, tu alegría, porque las circunstancias te han golpeado, te han robado lo que más amabas. Pero ¡escucha bien! Jesús está entrando a tu Naín en este momento.

Dice la Palabra que Jesús se compadeció de la viuda. Quiero que entiendas algo poderoso: el corazón de Jesús no está indiferente a tu dolor. A veces pensamos que Dios está lejos, que no ve nuestras lágrimas, pero el mismo Jesús que se detuvo en Naín es el mismo que hoy se detiene por ti. Su compasión no es pasiva. No es un simple sentimiento. La compasión de Cristo trae acción, trae intervención divina.

Jesús le dice a la viuda: «No llores.» Ahora bien, ¡esto parece contradictorio! ¿Cómo no llorar cuando todo parece perdido? Pero aquí está la clave: Jesús no le dice «No llores» para ignorar su dolor; le dice «No llores» porque Él ya tiene la solución, porque cuando Jesús habla, es porque algo sobrenatural está a punto de suceder.

Jesús no solo habló. Dice que se acercó y tocó el féretro. En los tiempos de la Ley, tocar un féretro hacía a alguien ceremonialmente impuro, pero Jesús, el Santo, no teme ensuciarse con nuestra condición. Él no se queda al margen de tu dolor. Jesús toca las áreas muertas de tu vida, toca lo que tú pensaste que jamás se levantaría. Y cuando Él toca, ¡todo cambia!

Y luego Jesús dijo con autoridad: «Joven, a ti te digo, levántate.» ¡Presta atención! Él no dijo «Levántate si puedes» ni «Levántate si quieres.» Él declaró vida con el poder de Su palabra, porque cuando Jesús habla, la muerte no tiene otra opción más que retroceder. Cuando Jesús habla, lo que estaba muerto vuelve a la vida.

El joven se levantó y comenzó a hablar. ¿Puedes imaginar el impacto? Esa viuda que minutos antes había perdido todo, ahora lo tenía todo de vuelta en sus brazos. Porque cuando Jesús se encuentra contigo, Él no solo restaura, ¡Él te da más de lo que perdiste!

Y toda la multitud glorificaba a Dios, diciendo: «¡Un gran profeta ha venido! ¡Dios ha visitado a Su pueblo!» Hoy quiero decirte que Dios ha visitado tu vida hoy. Él está aquí para tocar tus circunstancias, para resucitar lo que tú pensabas que estaba acabado.

¿Qué hay en tu féretro hoy? ¿Es un matrimonio roto? ¿Un hijo apartado? ¿Una enfermedad incurable? ¿Un sueño muerto? Yo te digo hoy, en el nombre de Jesús: «No llores, porque el Maestro ha llegado.» Él está tocando tu vida, y Su voz poderosa está diciendo: «Levántate.»

Recíbelo hoy. Declara hoy que la muerte no tiene la última palabra, porque Jesús, el Príncipe de la vida, ya venció. ¡Alábale, porque Él es digno de toda adoración!

OREMOS:

¡Padre Celestial, vengo delante de Ti, reconociendo que Tú eres la resurrección y la vida! Señor, así como tocaste el féretro en Naín y diste vida donde había muerte, hoy te pedo que toques las áreas muertas de mi vida.
Hoy entrego mis sueños, mis esperanzas, y todo lo que he dado por perdido, creyendo que en Ti hay restauración y propósito. Espíritu Santo, desata Tu poder, rompiendo cadenas, restaurando lo que he perdido, y levanta mi vida para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

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