Mensajes Puros

¡LA TORMENTA NO FUE ENVIADA PARA DESTRUIRTE, SINO PARA REVELAR QUIÉN GOBIERNA TU BARCA!

MATEO: 8:26-27 «Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.».

¡Iglesia del Dios Viviente, escuchen la voz del Espíritu!

Estamos viviendo tiempos donde el infierno ha levantado tormentas contra las familias, contra la Iglesia, contra los ministros y contra aquellos que decidieron seguir a Cristo sin negociar su fe. Pero hoy el Espíritu Santo nos revela una verdad poderosa: el problema nunca fue el viento; el problema fue que los discípulos olvidaron quién estaba dentro de la barca.

¡Hay personas que conocen el poder de la tormenta, pero todavía no conocen la autoridad de Jesucristo!

Escucha esta palabra profética: ¡Dios jamás permitirá una tormenta que sea más grande que la autoridad que Él ya depositó sobre tu vida!

Las olas gritaban. El viento rugía. La barca se movía violentamente. Todo parecía anunciar un final trágico. Pero mientras el caos hablaba, el Reino permanecía en silencio, porque el Cielo nunca entra en pánico.

Cuando Cristo se levantó, no reprendió primero al mar. Primero confrontó la incredulidad. Porque Dios sabe que una tormenta externa jamás podrá destruir a un hombre cuya fe permanece firme. Lo único que puede paralizar el propósito es un corazón dominado por el temor.

Hoy el Espíritu Santo está diciendo: ¡Es tiempo de dejar de consultar el tamaño de la tormenta y comenzar a declarar la grandeza de tu Dios!

No profetices derrota sobre tus hijos. No declares ruina sobre tu economía. No anuncies muerte donde Dios prometió vida. Tus palabras deben estar alineadas con el Reino y no con las circunstancias.

Hay una autoridad apostólica que Cristo entregó a Su Iglesia. No nacimos para sobrevivir a las tormentas; nacimos para gobernar en medio de ellas. El Reino no retrocede ante el caos; el Reino transforma el caos con la autoridad de la Palabra.

Hoy profetizo que los vientos de oposición perderán su fuerza. Las olas de ansiedad se calmarán. Toda estrategia del enemigo será quebrantada. Lo que parecía hundirse será levantado por la mano poderosa de Dios.

Escucha esto con tu espíritu: la misma voz que calmó el mar sigue hablando hoy. Esa voz rompe cadenas, sana cuerpos, restaura matrimonios, abre puertas cerradas, derrota principados y establece el gobierno del Reino sobre toda circunstancia.

¡Levántate! No eres una víctima de la tormenta. Eres un hijo del Dios Altísimo. El mismo Cristo que estaba en aquella barca ahora habita dentro de ti por medio de Su Espíritu.

**¡No temas! ¡Habla con autoridad! ¡Camina por fe! Porque cuando Jesucristo se levanta, el infierno calla, la creación obedece y la gloria de Dios se manifiesta.

¡La tormenta no anunciará tu final; anunciará la manifestación del poder sobrenatural de Jesucristo sobre tu vida!

¡Aleluya! ¡Amén!

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«CORRE PARA GANAR»

1 Corintios 9:24-27: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Palabra de Dios nos recuerda que no estamos en una carrera común. Pablo dice: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis”. ¡

Dios no te llamó a caminar sin propósito, sino a correr con determinación. Cada atleta se somete a disciplina para alcanzar una corona que se marchita. Pero nosotros peleamos por una corona eterna.  Eso significa que no podemos vivir distraídos, tibios o conformes. El Reino de Dios demanda entrega total, pasión ardiente y obediencia radical.

 Hay una generación que necesita levantarse con el fuego del Espíritu Santo, una generación que no se rinda ante la presión, el pecado o el temor. Pablo dijo: “Golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre”.

En otras palabras: no dejaré que mis deseos gobiernen mi destino; permitiré que el Espíritu de Dios dirija mi vida. Hoy el Señor te llama a correr con visión. No pelees como quien golpea el aire. Cada oración, cada acto de obediencia, cada renuncia por amor a Cristo tiene un propósito eterno.

El enemigo quiere agotarte y distraerte, pero Dios quiere fortalecerte y enfocarte. Así que levántate. Sacude el desánimo. Renuncia a todo lo que estorba tu caminar. Corre la carrera de la fe con valentía, con santidad y con pasión.

El premio no es temporal; es la presencia, la aprobación y la gloria eterna de Dios. ¡Corre para ganar! ¡Pelea la buena batalla! ¡Y deja que el fuego del Espíritu Santo te impulse hasta la meta!

Y cuando cruces la meta, escucharás la voz más gloriosa de toda la eternidad: “Bien, buen siervo y fiel; entra en el gozo de tu Señor”.

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¡DIOS QUIERE HABITAR EN TI!

Amigo/amiga, quizás has buscado respuestas en muchas partes. Has buscado paz en el dinero, seguridad en las personas, satisfacción en los placeres de este mundo, pero tu corazón sigue sintiendo un vacío que nada ni nadie ha podido llenar.

Y hoy Dios te hace una pregunta a través de Su Palabra:

«¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (1 Corintios 3:16).

Escucha esto: Dios nunca diseñó al ser humano para vivir lejos de Él. Desde el principio, el deseo de Dios fue habitar con Su creación. Pero el pecado levantó una barrera entre el hombre y Dios. La desobediencia contaminó el templo. El corazón se llenó de orgullo, de dolor, de miedo y de pecado.

Sin embargo, Dios no te abandonó.

Por amor, envió a Su Hijo Jesucristo a morir en una cruz. Allí cargó tus pecados, tus culpas, tus fracasos y tus rebeliones. Derramó Su sangre para limpiar el templo que el pecado había contaminado.

Jesús no murió solamente para darte una religión. Jesús murió para darte una nueva vida. Murió para restaurar tu relación con Dios. Murió para que el Espíritu Santo pudiera habitar nuevamente en tu corazón.

Tal vez hoy te sientes roto, vacío o indigno. Quizás piensas que has ido demasiado lejos. Pero escucha esta verdad: la gracia de Dios es más grande que tu pecado, y la sangre de Cristo es más poderosa que tu pasado.

Pero la Palabra también nos advierte: «Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.»

Dios toma en serio el destino de tu alma. Él te ama demasiado para dejarte vivir separado de Su presencia. Hoy te llama al arrepentimiento. Hoy te llama a abandonar aquello que te destruye. Hoy te llama a volver tu corazón a Cristo.

Porque el mismo Dios que juzga el pecado es el Dios que ofrece misericordia al pecador arrepentido.

Hoy puede ser el día que cambie tu eternidad.

Hoy tus cadenas pueden romperse.

Hoy tus pecados pueden ser perdonados.

Hoy tu nombre puede ser escrito en el Libro de la Vida.

Abre tu corazón a Jesucristo. Entrégale tu vida. Permite que Él limpie el templo y haga de ti una nueva creación.

Porque cuando Cristo entra en una vida, todo cambia.

La culpa es reemplazada por perdón.

La tristeza por esperanza.

La muerte por vida eterna.

Y el vacío por la gloriosa presencia del Espíritu Santo.

¡Corre a Cristo mientras hay tiempo!

¡Corre a la cruz mientras la puerta de la gracia sigue abierta!

¡Y permite que el Dios Viviente haga de tu corazón Su morada para siempre!

Quieres ser un portador de la Gloria de Dios, entonces repite conmigo esta oración: Señor Jesús, hoy rindo completamente mi vida a Ti. Limpia mi corazón con Tu sangre preciosa y haz de mí un templo santo para Tu Espíritu. Renuncio a todo lo que apaga Tu presencia y recibo Tu fuego, Tu poder y Tu gloria. Úsame para reflejar a Cristo dondequiera que vaya. Que mi vida sea un altar vivo y un portador de Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

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«FIRMES EN EL CAOS»

¡Amado amigo amada amiga, escucha esta palabra porque puede cambiar tu eternidad!

En Mateo 7:24-29, Jesús nos habla de dos hombres. No de un creyente y un incrédulo solamente… sino de dos personas que escucharon la misma verdad. Los dos oyeron la Palabra. Los dos tuvieron la oportunidad de obedecer. Los dos construyeron una casa. Pero cuando vino la tormenta, una casa cayó… y la otra permaneció firme.

Y hoy el Espíritu Santo está diciendo:
¡La tormenta revela el fundamento!

Vivimos en una generación que sabe mucho de religión, pero poco de arrepentimiento.
Muchos conocen versículos, pero no conocen al Dios de los versículos.
Muchos levantan las manos en público, pero viven lejos de Dios en secreto.

¡Pero Jesús no vino a maquillarte espiritualmente!
¡Jesús vino a salvarte, transformarte y darte una vida nueva!

El hombre prudente edificó sobre la roca.
No fue fácil.
Construir sobre roca requiere esfuerzo, profundidad y compromiso.
Porque la roca representa a Cristo, Su verdad y Su autoridad.

Pero el hombre insensato construyó sobre arena.
La arena representa una vida superficial:
emociones sin conversión, religión sin obediencia, apariencia sin santidad.

Y escúchame bien:
¡Hay personas construyendo toda su vida sobre arena!
Arena del orgullo.
Arena de la inmoralidad.
Arena del dinero.
Arena del pecado oculto.
Arena de la doble vida.

Y mientras todo parece estar bien, creen que están firmes.
Pero Jesús dijo que vendrían lluvias, ríos y vientos.

Las lluvias representan pruebas inesperadas.
Los ríos representan ataques que golpean constantemente.
Y los vientos representan fuerzas espirituales que quieren derribarte.

¡Nadie está exento de las tormentas!
La diferencia no es quién enfrenta problemas… la diferencia es quién tiene a Cristo como fundamento.

Tal vez hoy tu vida parece destruida.
Tal vez estás cansado, vacío, atrapado en pecado, ansiedad o miedo.
Quizás has intentado llenar tu corazón con placer, dinero o relaciones, pero nada te da paz verdadera.

Y hoy Jesús te está llamando.
No a una religión fría.
No a una rutina religiosa.
¡Te está llamando a una relación viva con Él!

Porque Cristo es la roca que no se mueve.
Los gobiernos cambian.
La economía cambia.
Las amistades cambian.
El cuerpo humano se debilita.
Pero Jesucristo sigue siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos.

¡Y cuando tu vida está fundada en Él, el infierno no puede destruirte!

Escucha esto:
Dios no está buscando personas perfectas.
Está buscando corazones rendidos.
Hombres y mujeres que digan:
“Señor, ya no quiero vivir a mi manera. Quiero obedecerte.”

Porque de nada sirve escuchar predicaciones si sigues viviendo igual.
De nada sirve conocer la Biblia si tu corazón sigue lejos de Dios.

Jesús terminó este mensaje y la multitud quedó asombrada, porque Él hablaba con autoridad.
Y esa misma autoridad está aquí hoy llamándote al arrepentimiento.

¡Es tiempo de volver a Dios!
Es tiempo de romper con el pecado.
Es tiempo de dejar la tibieza espiritual.
Es tiempo de construir sobre la roca eterna.

Porque viene un tiempo donde todo lo falso será sacudido.
Pero los que están firmes en Cristo permanecerán de pie.

Hoy puedes tomar una decisión eterna.
Puedes seguir edificando sobre arena… o puedes correr a los brazos de Jesús.

Cristo murió en la cruz por tus pecados.
Derramó Su sangre para darte salvación, libertad y vida eterna.
Y al tercer día resucitó con poder, venciendo la muerte y el infierno.

¡Y hoy Él todavía salva!
Todavía restaura.
Todavía sana.
Todavía rompe cadenas.
Todavía levanta al caído.

No importa cuán lejos hayas llegado.
La gracia de Dios puede alcanzarte ahora mismo.

¡Corre a la roca!
¡Corre a Cristo!
Porque el único fundamento que jamás será destruido se llama Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente!

¡Aleluya! 🔥

Te invito a estar firme en la Roca que es Jesucristo, repitiendo en voz alta esta oración: Padre celestial, hoy me arrepiento de mis pecados y renuncio a todo lo que me aparta de Ti. Jesús, sé el fundamento firme de mi vida; quiero edificar sobre Tu Palabra y no sobre la arena del mundo. Fortalece mi fe, llena mi corazón con Tu Espíritu Santo y hazme permanecer firme hasta el fin. En el nombre de Jesús, amén.

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