Categoría: Sanidad

¡CUANDO NO ENTIENDAS, CONFÍA EN DIOS!

¡ESCUCHA ESTA PALABRA DEL SEÑOR! 🔥

Hay momentos en los que la vida parece sacudirse debajo de nuestros pies. Momentos en los que recibes una noticia que no esperabas, una puerta se cierra, una batalla comienza y el enemigo intenta convencerte de que todo está perdido.

¡PERO HOY VENGO A DECLARARTE ALGO EN EL NOMBRE DE JESÚS!

¡NO ESTÁ TODO PERDIDO!
¡DIOS SIGUE EN SU TRONO!
¡Y TU HISTORIA TODAVÍA NO HA TERMINADO!

Pablo dice en Filipenses 4:4: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”

¡Mira qué palabra tan poderosa! No dice: “Regocíjate cuando tengas dinero”. No dice: “Regocíjate cuando todo salga como quieres”. Dice: ¡SIEMPRE!

Porque tu gozo no está fundamentado en tus circunstancias. Tu gozo está fundamentado en Cristo.

Puedes estar atravesando fuego y todavía adorar.
Puedes estar esperando una respuesta y todavía confiar.
Puedes estar llorando y todavía declarar: “¡Mi Dios es fiel!”

¡ESO ES FE!

Y ahora Pablo nos confronta:

“Por nada estéis afanosos…”

¡POR NADA!

No permitas que la preocupación se convierta en el gobierno de tu mente. No permitas que el miedo se siente en el trono de tu corazón.

¿Tienes una necesidad? ¡LLÉVALA A DIOS!
¿Tienes una batalla? ¡LLÉVALA A DIOS!
¿Tienes una puerta cerrada? ¡LLÉVALA A DIOS!
¿Tienes una situación que no puedes resolver? ¡PONLA EN LAS MANOS DEL TODOPODEROSO!

La Palabra dice: “Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”

¡Aquí está el secreto!

No solamente ores por lo que necesitas. Agradece por lo que Dios ya ha hecho y por lo que todavía hará.

Porque la acción de gracias declara:
“Dios, todavía no veo la respuesta, pero sigo creyendo en Ti.”

¡Y entonces ocurre algo sobrenatural! “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

¡ESCUCHA ESTO!

Dios quizá no cambie inmediatamente la circunstancia, pero puede cambiar completamente tu posición frente a ella.

El enemigo esperaba verte destruido, pero te encontrará adorando.

Esperaba verte desesperado, pero te encontrará orando.

Esperaba verte paralizado por el miedo, pero te encontrará caminando por fe.

¡PORQUE LA PAZ DE DIOS ESTÁ GUARDANDO TU CORAZÓN!

Hoy profetizo sobre tu vida:

¡La ansiedad no gobernará tu mente!
¡El miedo no gobernará tus decisiones!
¡La desesperación no gobernará tu corazón!
¡Cristo gobierna tu vida!

No importa lo que estés atravesando. ¡Dios sigue contigo!

Así que levanta tu cabeza.

¡Vuelve a creer!

¡Vuelve a orar!

¡Vuelve a adorar!

¡Vuelve a declarar la Palabra!

Y aunque todavía no veas el milagro, di con todo tu corazón:

“¡ME REGOCIJARÉ EN EL SEÑOR!
¡ORARÉ!
¡DARÉ GRACIAS!
¡Y CONFIARÉ EN MI DIOS!”

Porque cuando la paz de Dios entra en una vida, el infierno puede hacer ruido, pero no puede gobernar tu corazón.

¡RECIBE ESA PAZ!

¡CAMINA EN ESA PAZ!

¡Y DECLARA QUE JESUCRISTO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA!

¡EN EL PODEROSO Y GLORIOSO NOMBRE DE JESÚS! 🔥🔥🔥

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“La Presencia Que Rompe Cadenas y Sana Multitudes”

LUCAS 6: 17-19 » Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados. 19Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.»

QUE HABIA EN JESÚS QUE TODOS PROCURABAN TOCARLOS, porque dice la Palabra que poder salia de Él y sanaba a todos.

Había tres realidades gloriosas en Jesús que hacían que todos quisieran tocarlo… y todavía hoy son las mismas que mueven los corazones, estremecen el ambiente espiritual y provocan milagros:


1. HABÍA UNA PRESENCIA QUE ROMPÍA LAS TINIEBLAS

Jesús no solo tenía presencia… Él era la Presencia misma de Dios caminando entre los hombres.
Donde Él llegaba, el ambiente cambiaba.
La opresión retrocedía.
La desesperanza se rompía.
La atmósfera se cargaba de gloria.

La gente decía: “¡Algo pasa cuando Él está aquí!”
Ese “algo” era la manifestación del Dios vivo.


2. HABÍA UNA PUREZA Y UNA AUTORIDAD IRRESISTIBLE

El toque de Jesús no era solo físico…
Había santidad, autoridad, integridad, obediencia perfecta.
La gente se acercaba porque podía sentir que en Él no había sombra de maldad.

Su autoridad no era la de los religiosos…
Era la autoridad del Creador hecho carne.
Cuando Jesús hablaba, lo espiritual obedecía.
Cuando Jesús imponía manos, lo invisible se alineaba.
Cuando Jesús tocaba, algo eterno se manifestaba.

Por eso la gente procuraba tocarlo:
porque en Él no había contaminación, sino autoridad pura y celestial.


3. HABÍA UN PODER QUE NO SE QUEDABA DENTRO… ¡SALÍA!

Lucas dice: “poder salía de Él, y sanaba a todos”.
Esto no era emoción.
No era sugestión.
No era simbólico.

Era poder real, dinámico, tangible, que fluía como un río espiritual.
No poder guardado…
No poder reprimido…
No poder teórico…

Poder que salía. Poder que se desbordaba. Poder que sanaba. Poder que liberaba.

La multitud no quería solo ver a Jesús…
¡Querían que ese poder los tocara!
Querían sentir ese flujo divino recorriendo sus cuerpos, rompiendo cadenas, expulsando demonios, restaurando su alma.

Y te digo algo a tí en este día:
Ese mismo Jesús está vivo.
Ese mismo poder sigue saliendo.
Esa misma presencia sigue descendiendo.
Esa misma autoridad sigue gobernando.

Y cuando tú lo buscas, cuando tú lo tocas con fe, Ese mismo poder te toca a ti.

OREMOS EN VOZ ALTA: Señor Jesús, hoy me acerco a Ti con hambre y con fe. Tócame con tu presencia, lléname con tu autoridad y deja que tu poder que sale de Ti fluya sobre mi vida. Rompe toda carga, sana todo lo que está herido y enciende en mí un fuego nuevo. No me voy sin recibir tu toque transformador. Lo pido en Tú nombre. Amén.

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OSADO PARA TOCAR LO INTOCABLE

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LA SANGRE DE CRISTO: NUESTRA REDENCIÓN Y VICTORIA

Hoy quiero hablarles de la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo. No hay un tema más poderoso en toda la Biblia que la redención que obtenemos a través de su sacrificio. La Palabra nos dice en Hebreos 9:22: «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión.» Desde el Antiguo Testamento, Dios mostró que sin sangre no hay perdón de pecados. Pero todos los sacrificios de animales eran solo una sombra de la obra perfecta que Cristo haría en la cruz. Cuando Jesús derramó su sangre en el Calvario, selló la victoria eterna sobre el pecado, la muerte y el enemigo de nuestras almas.

Efesios 1:7 dice: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.»

La sangre de Cristo nos redime y nos compra de nuevo para Dios. Antes estábamos perdidos, alejados, sin esperanza, esclavizados por el pecado y bajo la autoridad de Satanás. Pero cuando Cristo derramó su sangre, pagó el precio de nuestro rescate. Ya no somos esclavos, sino hijos de Dios. Su sangre nos limpia completamente, no importa cuán profundo haya sido nuestro pecado. No hay mancha que su sangre no pueda borrar. Romanos 8:1 nos dice: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.» No somos salvos por nuestras obras, sino por su gracia manifestada en la cruz.

La sangre de Jesús no solo nos perdona, sino que nos da acceso directo al trono de Dios. En el Antiguo Testamento, solo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo una vez al año, con sangre de animales. Pero cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó en dos, abriendo el camino para que todos los que creen en Él puedan acercarse confiadamente al Padre.

Hebreos 10:19 nos dice: «Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo.»

Hoy, gracias a su sangre, podemos entrar a su presencia, hallar gracia, misericordia y ayuda en el momento oportuno.

Hermanos, la sangre de Jesús también nos santifica. Hebreos 13:12 dice: «Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.» No solo nos salva, sino que nos transforma. Nos aparta del mundo y nos hace suyos. Es su sangre la que nos da el poder de vivir en santidad, de vencer el pecado y de caminar en obediencia. El enemigo tratará de acusarnos, de hacernos sentir indignos, pero la sangre de Cristo nos da identidad. Ya no somos esclavos de la culpa, del miedo ni del pasado. Somos redimidos, lavados y santificados por la sangre del Cordero.

Y no solo eso, la sangre de Cristo tiene poder para seguir operando en nuestra vida cada día. No fue solo un evento en la cruz, sino una obra continua. Su sangre nos protege, nos cubre, nos da victoria sobre el enemigo. Apocalipsis 12:11 declara: «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos.» Cuando declaramos con fe lo que la sangre de Jesús ha hecho por nosotros, el enemigo no tiene más poder sobre nuestra vida. No importa lo que el enemigo haya tratado de hacer, la sangre de Cristo es suficiente para liberarnos, para restaurarnos y para darnos una nueva vida.

Hoy te pregunto, ¿estás viviendo bajo el poder de la sangre de Cristo? ¿Has recibido su perdón? ¿Te has apropiado de su victoria? No importa cuán grande sea tu necesidad, la respuesta está en la cruz. Si te sientes lejos de Dios, su sangre te acerca. Si has caído en pecado, su sangre te restaura. Si el enemigo te ha oprimido, su sangre te libera. Hoy es el día de recibir y declarar el poder de la sangre de Cristo sobre tu vida.

VAMOS A ORAR JUNTOS: Señor Jesús, hoy reconozco el poder de tu sangre. Gracias por tu sacrificio en la cruz, por derramar tu sangre para redimirme, para perdonarme y para darme acceso al Padre. Hoy me apropio de esa victoria. Declaro que soy limpio, que soy libre, que soy tuyo. Me cubro con tu sangre y rechazo toda condenación, toda opresión y toda mentira del enemigo. Vivo en tu gracia, en tu justicia y en tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

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