Categoría: Esperanza

DEL SILENCIO AL MILAGRO: CUANDO DIOS PARECE TARDAR

¡Escucha esto con tu espíritu despierto, porque Dios te va a hablar hoy!

La Palabra dice en Juan 11:4: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios…”

¡Esto no es información… esto es revelación!
Porque cuando Jesús declaró esas palabras, ¡Lázaro ya estaba caminando hacia la tumba!
¡El cielo estaba diciendo vida… mientras la tierra veía muerte!

¡Y eso es exactamente lo que está pasando contigo!
Tú estás mirando una situación que se está deteriorando…
una relación que se enfría…
una oportunidad que se cierra…
una batalla que parece perdida…

¡Pero Dios no está reaccionando a tu problema… Él ya declaró el propósito!

¡Escúchame!
El diagnóstico no define tu destino.
La crisis no cancela tu llamado.
El retraso no niega la promesa.

¡Porque cuando Dios habla… ya estableció el final!

Pero aquí viene lo que sacude…
Jesús dijo: “No es para muerte”…
¡y aún así Lázaro murió!

¡Ohhh! Esto confronta nuestra fe.
Porque hay momentos donde la palabra de Dios sobre tu vida
¡parece contradecir lo que estás viviendo!

¡Pero no te equivoques!
Dios no es hombre para mentir.
Si Él dijo gloria… ¡es gloria!

Lo que pasa es que Dios no trabaja en tu cronología…
¡Él trabaja en revelación!

Porque si Jesús hubiera llegado antes…
solo habría sanado a un enfermo.
Pero como llegó después…
¡resucitó a un muerto!

¡Y hay niveles de gloria que solo se manifiestan cuando la situación es imposible!

¡Escúchame con fuego en el alma!
Dios está permitiendo que algunas cosas lleguen a su límite…
no para destruirte…
¡sino para que cuando Él intervenga, nadie pueda dudar que fue Su mano!

¡Porque cuando ya no hay explicación humana… aparece la gloria divina!

Lázaro estaba muerto cuatro días…
¡cuatro días!
Eso significa que ya no había esperanza, ya no había plan B, ya no había solución natural.

¡Pero ese es el terreno favorito de Dios!

Donde el médico dice: “No se puede”…
Dios dice: “Ahora voy Yo.”
Donde la gente dice: “Se acabó”…
Dios dice: “Prepárense para ver mi poder.”

¡Y hoy el Espíritu Santo te está diciendo!
No entierres lo que Yo voy a resucitar.
No sueltes lo que Yo ya prometí.
No declares muerte sobre lo que Yo marqué para gloria.

¡Porque lo que está en juego no es solo tu milagro…
es la manifestación del Hijo de Dios en tu vida!

¡Y hay algo más!
Jesús no solo resucitó a Lázaro…
¡lo llamó por nombre!

“¡Lázaro, sal fuera!”

¡Porque cuando Dios decide levantarte… lo hace de manera personal, específica, inconfundible!

¡Y yo profetizo sobre tu vida!
Que la voz de Cristo está a punto de irrumpir en tu situación.
Va a atravesar el dolor, la duda, el silencio…
¡y todo lo que estaba muerto va a responder!

Tu fe va a responder.
Tu propósito va a responder.
Tu llamado va a responder.
¡Tu vida va a responder!

Pero hay una condición…
¡Tienes que creer cuando aún huele a muerte!

Tienes que adorar cuando aún no ves.
Tienes que declarar vida cuando todo grita lo contrario.

¡Porque la fe no espera evidencia… la fe provoca el milagro!

¡Levántate hoy!
Sacúdete del desánimo.
Rompe con la incredulidad.
Y declara con autoridad:

“¡Esto no es para muerte… esto es para la gloria de Dios!”

¡Porque lo que viene sobre tu vida no será pequeño…
no será oculto…
no será dudoso!

¡Será tan evidente, tan poderoso, tan sobrenatural…
que todos sabrán que fue Dios!

🔥 ¡Prepárate… porque la tumba no será tu final…
…será el lugar donde Dios exhiba Su gloria! 🔥

¡Amén!

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“LIBRE HOY, NO MAÑANA”

LUCAS 13:10–17 «Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; 11y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. 12Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. 14Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. 15Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? 17Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.

Hoy no vengo a entretenerte, vengo a despertarte!

Jesús estaba enseñando en la sinagoga, en día de reposo, y allí había una mujer, 18 años atada, 18 años encorvada, 18 años viviendo, pero no viviendo del todo.

Y el texto dice algo poderoso: “Y cuando Jesús la vio…”

¡Escúchame bien! Antes de que ella hablara, antes de que ella pidiera, antes de que ella creyera…Jesús LA VIO.

Porque el Hijo de Dios ve lo que la religión ignora. Ve las cadenas que la costumbre ya normalizó.

La Biblia dice que tenía un espíritu de enfermedad, porque hay ataduras espirituales que solo se rompen con autoridad espiritual.

Y Jesús declara una frase que hace temblar el infierno: “Mujer, eres libre de tu enfermedad.” ¡No dijo: “serás libre”! ¡No dijo: “cuando termine el culto”! ¡No dijo: “espérate al próximo domingo”!

DIJO: ERES LIBRE. AHORA. HOY.

Escúchame: El Evangelio de Jesús no posterga la libertad. La gracia no agenda la sanidad. El Reino de Dios no pide permiso al legalismo.

Y cuando Jesús impone las manos, la mujer se endereza y glorifica a Dios.

¡Porque cuando te enderezas, la adoración fluye! Cuando se rompen las cadenas, la alabanza explota. Cuando el yugo cae, la gloria se manifiesta.

Pero entonces aparece el espíritu religioso, el jefe de la sinagoga, indignado, diciendo: “Hay seis días para sanar… no hoy.”

Pero Jesús responde con fuego: “Hipócritas” ¡Eso no es políticamente correcto! ¡Eso es autoridad confrontando la mentira!

Jesús dice: “Si desatas tu buey en sábado para llevarlo a beber…¿cómo no voy a desatar a esta hija de Abraham?” ¡Hija de pacto! ¡Hija de promesa! ¡Hija de herencia!

Escúchame proféticamente: El diablo había atado lo que Dios había escogido. Pero hoy, Jesús se presenta como el DESATADOR.

18 años atada…pero un segundo en la presencia de Jesús fue suficiente. Y la Biblia dice que los adversarios quedaron avergonzados y el pueblo se regocijaba.

Hoy el Espíritu Santo me envía a declarar: No es tu temporada de estar encorvado. No es tu tiempo de vivir mirando al suelo. No naciste para arrastrarte, sino para enderezarte

Lo que te dobló no te define. Lo que te ató no te posee. Lo que te oprimió NO tiene la última palabra.

Porque Jesús sigue diciendo hoy: “ERES LIBRE”. Libre de la culpa. Libre del miedo. Libre de la opresión. Libre del pasado. Libre de la enfermedad.

Y cuando Él te toca, te enderezas, levantas la cabeza y glorificas a Dios.

¡Recíbelo hoy! !No mañana! ¡No después! HOY ES EL DÍA DE TU LIBERTAD! Que así sea. Amén.

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DIOS NO SE RINDE CONTIGO

LUCAS 15: 1-7 «Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.3Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. 7Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento»

La Escritura dice que los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para oírle. Mientras la religión murmuraba, la gracia se manifestaba. Porque la religión juzga, pero Jesús restaura.

Y Él dijo: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una, no deja las noventa y nueve y va tras la que se perdió, hasta encontrarla.

Escucha esto: Dios no se rinde contigo. No importa cuán lejos te hayas ido, no importa cuán profunda haya sido la noche, tú sigues siendo valioso para el Pastor.

El Pastor sale al desierto: al lugar del error, al lugar de la culpa, al lugar donde nadie más quiso entrar contigo. Pero Jesús sí entra.

Y cuando la encuentra, no la reprende, no la avergüenza, la carga sobre Sus hombros. Eso es gracia. Eso es redención. Eso es amor.

Y el cielo se llena de gozo, porque hay más fiesta por uno que se arrepiente que por noventa y nueve que se creen justos.

Hoy el Espíritu Santo te llama: Vuelve a casa. Vuelve al primer amor. Vuelve al fuego, porque no estás perdido para Dios. El Pastor te está buscando y cuando él busca, siempre encuentra.

Oremos: Padre celestial, vengo rendido ante Ti. Gracias porque me buscaste, me levantaste y me cargaste con amor. Enciende mi corazón, restaura mi alma y hazme vivir para Tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.

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EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MI PALABRA NO PASARÁ”

MATEO 24: 29-35 » 29E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. 32De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 36Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre. 

¡Escúchame bien, amado pueblo de Dios!
El Señor Jesucristo habló de los días finales, de señales en los cielos y en la tierra, de naciones temblando, de potencias sacudidas… Y dijo que cuando todo parezca oscurecerse, cuando el sol se apague y las estrellas caigan, ¡entonces aparecerá la señal gloriosa del Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes con poder y gran gloria!

¿Lo oyes? ¡El Rey viene! ¡El Alfa y la Omega viene! ¡El León de la tribu de Judá viene! Y cuando Él aparezca, ¡ningún imperio, ningún sistema, ningún poder humano podrá resistir su gloria!

La gente hoy teme crisis, guerras, colapsos… pero yo te digo en el Nombre del Señor: ¡No temas lo que el mundo teme! Porque hay una Palabra firme, eterna, indestructible:
“El cielo y la tierra pasarán, pero MIS PALABRAS no pasarán”.

Todo lo que el hombre construya, caerá. Todo lo que parezca sólido, se desmoronará. Pero la Palabra que salió de la boca de Cristo permanece para siempre. ¡Ella es tu roca, ella es tu ancla, ella es tu garantía de victoria!

Hoy el Espíritu Santo me impulsa a decirte: ¡No vivas atado a lo que va a pasar, vive afirmado en lo que NUNCA pasará! Las modas pasan, los gobiernos pasan, los falsos profetas pasan, las filosofías humanas pasan… ¡pero la Palabra de Dios no tiene fecha de vencimiento!

¡Levántate en fe! Sacude el polvo del miedo, renuncia a la incredulidad, rompe con la tibieza espiritual. Cristo no regresa por una iglesia apagada, sino por una iglesia encendida, llena de fuego, vestida de santidad, expectante de su venida.

¡Él viene pronto! Y sus palabras son verdad. Si Él dijo que regresará en gloria, ¡regresará! Si Él dijo que recogerá a sus escogidos, ¡los recogerá! Si Él dijo que su Palabra nunca pasará, ¡es porque jamás pasará!

Así que afirma tu corazón, abre tus ojos, levanta tu voz. El Espíritu Santo está encendiendo a su pueblo en este tiempo final para que no tiemble ante las señales, sino que brille como antorcha en medio de la oscuridad.

¡La Palabra no pasará! ¡La promesa no pasará! ¡El Reino no pasará!

Prepárate, porque el que dijo “vengo pronto”… ¡viene ya!

Oremos en voz alta: “Padre Santo, en el nombre de Jesús, te damos gracias porque tenemos la esperanza gloriosa de tu venida. Aunque el sol se oscurezca y las estrellas caigan, tu Palabra permanece firme, y sabemos que pronto veremos al Hijo del Hombre viniendo en las nubes con poder y gran gloria. Señor, prepara nuestro corazón, llena nuestras lámparas de aceite, y haznos dignos de estar entre los escogidos que serán levantados contigo. ¡Maranatha, ven Señor Jesús! Amén.”

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