¡Amados, escuchen esta palabra que viene del corazón de Dios!

La Escritura declara en Romanos 1:16-17: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”

¡Qué palabra tan poderosa!
Pablo no dijo: “El Evangelio es una opción.”
No dijo: “El Evangelio es una tradición.”
¡Él dijo que el Evangelio es PODER DE DIOS!

Hoy vivimos en un mundo lleno de miedo, ansiedad, violencia, depresión y pecado.
La gente busca paz en el dinero…
Busca felicidad en el placer…
Busca identidad en las redes sociales…
Pero mientras más corre el hombre lejos de Dios, más vacío se siente por dentro.

Porque el alma del hombre fue creada para Cristo.

Y aunque muchos rechacen el mensaje de Jesús, el Evangelio sigue siendo la única esperanza para esta generación.

¡Escúchame bien!
El Evangelio no perdió poder con el tiempo.
La sangre de Cristo no perdió poder.
La cruz todavía salva.
¡La tumba sigue vacía!
¡Y Jesucristo sigue sentado en el trono con autoridad y gloria!

Tal vez hoy me escucha alguien que se siente indigno.
Alguien que piensa: “Dios no puede perdonarme.”
Quizás has cometido errores terribles.
Quizás llevas heridas profundas.
Quizás sonríes por fuera, pero por dentro estás destruido.

Pero vine a anunciarte una noticia del cielo:
¡Jesús vino precisamente por los perdidos!
¡Cristo vino por el pecador!
¡Cristo vino a buscar al que se había apartado!

La Biblia dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Eso significa que tu pasado no es más grande que la misericordia de Dios.
Tu dolor no es más fuerte que el amor de Cristo.
Y tu cadena no es más poderosa que la sangre del Cordero.

¡Oh, aleluya!

Muchos conocen religión, pero no conocen a Jesús.
Van a templos, pero nunca han entregado su corazón verdaderamente al Salvador.
Tienen apariencia de fe, pero viven lejos de Dios.

Y hoy el Espíritu Santo está llamando a esta generación al arrepentimiento verdadero.

Porque llegará un día donde el dinero no podrá salvarte.
La fama no podrá salvarte.
Tus obras no podrán salvarte.

¡Solo Jesucristo salva!

Y Pablo dijo:

“No me avergüenzo del Evangelio.”

¡Qué declaración tan valiente!
En un mundo que se burla de Dios…
En una generación que llama malo a lo bueno…
Necesitamos hombres y mujeres que se levanten sin vergüenza y digan:

“¡Yo pertenezco a Cristo!”
“¡No negaré mi fe!”
“¡No apagaré el fuego del Espíritu Santo!”

Porque el Evangelio tiene poder para romper cadenas de adicción.
Tiene poder para sanar matrimonios.
Tiene poder para restaurar familias destruidas.
Tiene poder para sacar al hombre del lodo y levantarlo con propósito.

Y luego Pablo declara algo glorioso:

“El justo por la fe vivirá.”

¡Por fe!
No por emociones.
No por lo que vemos.
No por circunstancias.

La fe es creer que Cristo murió y resucitó por nosotros.
La fe es confiar en Dios aun cuando no entendemos el proceso.
La fe es seguir caminando cuando el infierno quiere detenerte.

Y hoy Dios te está haciendo una invitación.
No mañana.
No el próximo año.
¡Hoy!

Entrégale tu vida a Jesús.
Rinde tu corazón a Cristo.
Permite que el Espíritu Santo transforme tu interior.

No importa cuán lejos hayas caído.
No importa cuán roto estés.
Jesús puede levantarte ahora mismo.

Porque el Evangelio sigue siendo poder de Dios para salvación.

Y si hoy quieres reconciliarte con Dios, ahí donde estás, levanta tu corazón al cielo y di:

“Señor Jesús, reconozco que te necesito. Perdona mis pecados, limpia mi vida y escribe mi nombre en el libro de la vida. Hoy te recibo como mi Señor y Salvador. Rompe mis cadenas, lléname de tu Espíritu Santo y hazme una nueva criatura. ¡Te entrego todo, Jesús! Amén.”