Categoría: AGRADECIMIENTO

DIOS NO SE RINDE CONTIGO

LUCAS 15: 1-7 «Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.3Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. 7Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento»

La Escritura dice que los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para oírle. Mientras la religión murmuraba, la gracia se manifestaba. Porque la religión juzga, pero Jesús restaura.

Y Él dijo: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una, no deja las noventa y nueve y va tras la que se perdió, hasta encontrarla.

Escucha esto: Dios no se rinde contigo. No importa cuán lejos te hayas ido, no importa cuán profunda haya sido la noche, tú sigues siendo valioso para el Pastor.

El Pastor sale al desierto: al lugar del error, al lugar de la culpa, al lugar donde nadie más quiso entrar contigo. Pero Jesús sí entra.

Y cuando la encuentra, no la reprende, no la avergüenza, la carga sobre Sus hombros. Eso es gracia. Eso es redención. Eso es amor.

Y el cielo se llena de gozo, porque hay más fiesta por uno que se arrepiente que por noventa y nueve que se creen justos.

Hoy el Espíritu Santo te llama: Vuelve a casa. Vuelve al primer amor. Vuelve al fuego, porque no estás perdido para Dios. El Pastor te está buscando y cuando él busca, siempre encuentra.

Oremos: Padre celestial, vengo rendido ante Ti. Gracias porque me buscaste, me levantaste y me cargaste con amor. Enciende mi corazón, restaura mi alma y hazme vivir para Tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.

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«¡EXTIENDE TU MANO!»

Mateo 12:9-14 «Y he aquí, había allí uno que tenía seca una mano. Y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? Entonces él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano y la levante?Pues, ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.»

No es casualidad que estés oyendo este mensaje. No es coincidencia que justo ahora, en medio de tu dolor, de tu parálisis, de tu sequedad… ¡Jesús ha venido a tu encuentro!
Había en la sinagoga un hombre con la mano seca. ¡Una parte de él ya no vivía! Representa a muchos en este tiempo…
Corazones secos… ministerios paralizados… sueños enterrados… matrimonios rotos…

¡Pero Jesús no pasó de largo! ¡Jesús no ignoró su condición!
Mientras los religiosos estaban más enfocados en la ley, en la crítica, en los tecnicismos del sábado…
Jesús estaba enfocado en la restauración, en la vida, en el poder del Reino.

¡Y hoy el Reino ha venido sobre ti!

¡Escucha bien! No importa quién te haya señalado. No importa quién te haya descartado.

Los religiosos estaban allí… no para ayudar, sino para atrapar…
Pero cuando Jesús está presente, no hay trampa que prospere, no hay argumento que resista.

Jesús le dice al hombre: «¡Extiende tu mano!»
¡Qué palabra tan poderosa!
Porque esa es justamente la parte que él no podía mover.
¡Lo que estaba seco, lo que estaba muerto, lo que era imposible!
Pero cuando la voz del Hijo de Dios se oye, el poder creativo de Dios se desata.

No fue solo una orden… fue una impartición de vida.
¡La palabra misma contenía la fuerza para obedecerla!

Y hoy, en el Nombre de Jesús, yo te hablo a ti, en el poder del Espíritu Santo:
¡Extiende tu mano!
Extiende lo que quedó paralizado.
Extiende tu fe.
Extiende tu esperanza.
Extiende tu obediencia.
¡Aunque parezca imposible, obedécelo por la fe!
¡Y verás cómo lo seco se vuelve fértil!
¡Verás cómo lo muerto resucita!
¡Verás cómo lo que era tu vergüenza se vuelve tu testimonio!

El enemigo siempre buscará acusar cuando Dios quiere restaurar.
Pero hoy tú decides: ¿Vas a quedarte en la sinagoga seco? ¿O vas a levantarte en fe y extender lo que ya dabas por perdido?
Porque cuando el fuego del Espíritu Santo toca lo seco, eso se prende en llamas de propósito, de poder, de milagros.

Hoy te digo en el nombre de Jesús:
¡Extiende tu mano!
¡Extiende tu llamado!
¡Extiende tu adoración!
¡Extiende tu confianza!
¡Porque este es el día del milagro!
¡Este es el día de tu restauración!
¡Este es el día en que el Hijo del Hombre se detuvo en tu casa… para devolverte lo que el enemigo te quitó!

¡Levántate! ¡No temas! ¡Obedece!
Y verás la gloria de Dios en tu vida. ¡Amén!

OREMOS: «Padre amado, en el nombre poderoso de Jesús, hoy recibo tu palabra. Declaro que lo que estaba seco en mi vida recibe aliento del Espíritu Santo. Señor, yo extiendo mi mano, extiendo mi fe, extiendo mi obediencia. Rompo toda acusación y toda parálisis espiritual. Declaro restauración, sanidad y vida abundante sobre mí y mi casa. ¡Hoy es mi día de milagro! ¡Hoy tu gloria se manifiesta! En el nombre de Jesús… ¡Amén y amén!»

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DIOS NO TE ABANDONA

Hoy vengo a recordarles una verdad eterna, una promesa que viene directamente del corazón de Dios para aquellos que le aman. En el Salmo 91:14-16, Dios nos dice:

«Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.»

Estas palabras no son solo poesía, son el pacto de Dios con Sus hijos. Dios mismo nos habla y nos dice: «Si me amas, yo te protegeré. Si me buscas, yo te responderé. Si me llamas, yo estaré contigo.»

Quizá hoy te sientes en medio de una tormenta. Tal vez has orado y no ves respuesta, quizá la angustia ha llenado tu corazón y las circunstancias te han hecho dudar. Pero escucha bien: Dios no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse. ¡Si Él lo ha dicho, Él lo cumplirá!

Él promete estar contigo en la angustia. No dice que nunca vendrán dificultades, pero sí asegura que no las enfrentarás solo. Cuando los vientos soplen, cuando las puertas parezcan cerradas, cuando el dolor toque tu vida, recuerda que Dios está ahí, sosteniéndote con Su mano poderosa.

Él también promete librarte. No hay cadena que Él no pueda romper, no hay prisión que pueda retenerte cuando Dios decide libertarte. No importa cuán grande sea el problema, cuán fuerte sea la opresión, Dios tiene el poder para sacarte en victoria.

Pero no solo eso, Él dice: «Lo pondré en alto.» No solo te rescata, sino que te levanta. Dios no solo quiere salvarte del mal, sino llevarte a un nivel más alto, a un propósito mayor, a una vida abundante en Su presencia.

Y al final, Su promesa es aún más grande: «Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación.» ¡Oh, qué hermoso es esto! No solo nos da una vida larga en la tierra conforme a Su voluntad, sino que nos da la vida eterna en Cristo Jesús.

Hermanos, hoy Dios nos llama a confiar, a permanecer firmes, a amarlo con todo nuestro ser. Si le has buscado, sigue buscando. Si le has amado, sigue amándole. Porque el Dios Todopoderoso está contigo y nunca te dejará.

¡Aférrate a esta promesa y vive con la seguridad de que Dios tiene el control! Amén.

Oración: “Padre amado, hoy me aferro a Tu promesa. Declaro que en Ti está mi refugio y mi fortaleza. Gracias porque nunca me abandonas, porque me libras y me sostienes en medio de la prueba. Clamo a Ti con confianza, sabiendo que Tú respondes y peleas por mí. Levántame, Señor, lléname de Tu paz y muéstrame Tu salvación. En el nombre de Jesús, amén.”

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“¡No Temas, Dios Está Contigo!”

Hoy quiero traerles una palabra que va sacudir nuestros corazones y avive nuestra fe.

ISAIAS 41:10 dice:“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

Esta no es una simple frase para consolarte; ¡es un decreto celestial para tu vida! ¡Es una promesa directa del Dios Todopoderoso, el Creador de los cielos y la tierra!

Hoy te digo: ¡No temas! ¿Por qué? Porque el temor no tiene cabida en el corazón de alguien que está respaldado por el Rey de Reyes. El enemigo intentará usar el miedo para paralizarte, para detenerte, para apagar tu llamado. Pero Isaías 41:10 es un recordatorio de que no estás solo. ¡Dios está contigo!

¿Te has sentido débil? Escucha esto: Él es tu fuerza. No necesitas depender de tus propias capacidades, porque Él te da su poder. ¡El mismo Dios que partió el Mar Rojo, que derribó los muros de Jericó, está ahora a tu lado!

¿Te sientes abandonado? Dios dice: “Yo te ayudaré.” No importa cuán grande sea la batalla, Él está luchando por ti. Sus recursos no tienen límites, y su poder no tiene rival. Cuando creas que no puedes más, recuerda que Él no te soltará ni te dejará caer.

¿Estás enfrentando injusticias? Su diestra de justicia te levantará. Su justicia prevalece sobre todo lo que el mundo pueda lanzar en tu contra. ¡No estás a merced de las circunstancias! Estás en las manos de Aquel que gobierna con justicia eterna.

Así que hoy, declaro sobre tu vida que el temor se va. ¡Declaro que la fe toma su lugar! Declaro que en medio de tus pruebas, comenzarás a caminar con valentía, porque sabes que el Dios del universo pelea tus batallas.

Levanta tu cabeza. Tú no eres cualquier persona; ¡eres un hijo, una hija del Altísimo! La victoria no es una posibilidad para ti; ¡es tu destino!

¡No temas, porque Él está contigo! Camina con osadía, porque su diestra de justicia te sostiene. Y cuando salgas de este lugar, ve con la seguridad de que no importa lo que venga, Dios ya ha ido delante de ti, abriendo camino.

Asi que: ¡agárrate de esta promesa y nunca la sueltes! Porque con Dios a tu lado, el temor no tiene poder, y la derrota no es una opción.

Oración

Padre celestial, venimos delante de Ti con corazones agradecidos. Declaramos que no tememos, porque sabemos que Tú estás con nosotros. Señor, fortaléceme, renueva mis fuerzas y llena mi corazón de valentía.

Declaro que Tú eres nuestro Dios, nuestro escudo, nuestro refugio en tiempos de necesidad. Y te damos gracias porque siempre nos ayudas, porque nunca nos abandonas y porque nos sostienes con Tu diestra de justicia.

Señor, en el nombre de Jesús, reprendemos el espíritu de temor y declaramos que la fe y la confianza en Ti llenan nuestras vidas. Caminaremos en victoria, porque Tú peleas nuestras batallas y nos llevas de gloria en gloria.

¡Gracias, Padre, por Tu fidelidad! Te honramos y te damos toda la gloria. En el nombre poderoso de Jesús, amén.

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