Categoría: Fe

¡EXTIENDE TU MANO, PORQUE DIOS VA A RESTAURAR LO QUE EL INFIERNO SECÓ!

Mateo 12:9-13 «Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si esta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? 12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.»

Hay personas que están vivas… ¡pero tienen áreas completamente secas! La mano de aquel hombre estaba seca. No estaba cortada, no estaba ausente, pero había perdido su fuerza, su utilidad y su propósito. Así también hay creyentes con una fe seca, una oración seca, una pasión seca y un llamado que parece marchito.

¡Pero escucha esta palabra profética! Jesús no fue a la sinagoga buscando gente perfecta; fue buscando aquello que necesitaba ser restaurado. Donde la religión veía un problema, Cristo veía una oportunidad para manifestar la gloria de Dios.

Los fariseos estaban más preocupados por defender sus tradiciones que por celebrar un milagro. ¡Así opera el espíritu religioso! Critica la restauración porque prefiere las reglas antes que la misericordia. Pero cuando Jesús entra en escena, la tradición tiene que hacerse a un lado para que el Reino de Dios se manifieste con poder.

Entonces Jesús pronunció una orden que parecía imposible: «Extiende tu mano.»

¿Cómo iba a extender una mano que no podía mover? Porque el Reino de Dios no funciona por la capacidad humana, sino por la obediencia a la voz del Rey. Lo que Dios ordena, Él mismo lo capacita. El milagro comenzó cuando aquel hombre decidió obedecer, aunque todo en su cuerpo decía que era imposible.

Hoy el Espíritu Santo te dice: ¡Extiende aquello que habías escondido por vergüenza! Extiende tu fe. Extiende tu adoración. Extiende tus sueños. Extiende tu ministerio. Extiende tu esperanza.

No le presentes a Dios las excusas de tu debilidad; preséntale tu obediencia. Porque cuando obedeces una palabra profética, el poder del cielo invade tu imposibilidad.

Declaro en el nombre poderoso de Jesucristo que toda área seca de tu vida recibe ahora el soplo del Espíritu Santo. Donde había esterilidad, vendrá fruto. Donde había derrota, vendrá victoria. Donde había limitación, vendrá autoridad. Lo que estuvo paralizado por años será restaurado por el poder del Dios Todopoderoso.

¡Levántate! No sigas escondiendo la mano que Dios quiere usar. La misma voz que le habló a aquel hombre te está hablando hoy: «Extiende tu mano.»

Y cuando la extiendas en obediencia, el mismo Cristo que restauró aquella mano restaurará tu familia, tu llamado, tus finanzas, tu salud espiritual y todo aquello que parecía perdido.

¡Hoy es el día de la restauración! ¡Hoy es el día del milagro! ¡Hoy es el día en que el poder de Dios convierte tu sequedad en testimonio de Su gloria!

¡A Jesucristo sea toda la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

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¡LA TORMENTA NO FUE ENVIADA PARA DESTRUIRTE, SINO PARA REVELAR QUIÉN GOBIERNA TU BARCA!

MATEO: 8:26-27 «Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.».

¡Iglesia del Dios Viviente, escuchen la voz del Espíritu!

Estamos viviendo tiempos donde el infierno ha levantado tormentas contra las familias, contra la Iglesia, contra los ministros y contra aquellos que decidieron seguir a Cristo sin negociar su fe. Pero hoy el Espíritu Santo nos revela una verdad poderosa: el problema nunca fue el viento; el problema fue que los discípulos olvidaron quién estaba dentro de la barca.

¡Hay personas que conocen el poder de la tormenta, pero todavía no conocen la autoridad de Jesucristo!

Escucha esta palabra profética: ¡Dios jamás permitirá una tormenta que sea más grande que la autoridad que Él ya depositó sobre tu vida!

Las olas gritaban. El viento rugía. La barca se movía violentamente. Todo parecía anunciar un final trágico. Pero mientras el caos hablaba, el Reino permanecía en silencio, porque el Cielo nunca entra en pánico.

Cuando Cristo se levantó, no reprendió primero al mar. Primero confrontó la incredulidad. Porque Dios sabe que una tormenta externa jamás podrá destruir a un hombre cuya fe permanece firme. Lo único que puede paralizar el propósito es un corazón dominado por el temor.

Hoy el Espíritu Santo está diciendo: ¡Es tiempo de dejar de consultar el tamaño de la tormenta y comenzar a declarar la grandeza de tu Dios!

No profetices derrota sobre tus hijos. No declares ruina sobre tu economía. No anuncies muerte donde Dios prometió vida. Tus palabras deben estar alineadas con el Reino y no con las circunstancias.

Hay una autoridad apostólica que Cristo entregó a Su Iglesia. No nacimos para sobrevivir a las tormentas; nacimos para gobernar en medio de ellas. El Reino no retrocede ante el caos; el Reino transforma el caos con la autoridad de la Palabra.

Hoy profetizo que los vientos de oposición perderán su fuerza. Las olas de ansiedad se calmarán. Toda estrategia del enemigo será quebrantada. Lo que parecía hundirse será levantado por la mano poderosa de Dios.

Escucha esto con tu espíritu: la misma voz que calmó el mar sigue hablando hoy. Esa voz rompe cadenas, sana cuerpos, restaura matrimonios, abre puertas cerradas, derrota principados y establece el gobierno del Reino sobre toda circunstancia.

¡Levántate! No eres una víctima de la tormenta. Eres un hijo del Dios Altísimo. El mismo Cristo que estaba en aquella barca ahora habita dentro de ti por medio de Su Espíritu.

**¡No temas! ¡Habla con autoridad! ¡Camina por fe! Porque cuando Jesucristo se levanta, el infierno calla, la creación obedece y la gloria de Dios se manifiesta.

¡La tormenta no anunciará tu final; anunciará la manifestación del poder sobrenatural de Jesucristo sobre tu vida!

¡Aleluya! ¡Amén!

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SALVACIÓN PARA EL QUE CREE

¡Amados, escuchen esta palabra que viene del corazón de Dios!

La Escritura declara en Romanos 1:16-17: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”

¡Qué palabra tan poderosa!
Pablo no dijo: “El Evangelio es una opción.”
No dijo: “El Evangelio es una tradición.”
¡Él dijo que el Evangelio es PODER DE DIOS!

Hoy vivimos en un mundo lleno de miedo, ansiedad, violencia, depresión y pecado.
La gente busca paz en el dinero…
Busca felicidad en el placer…
Busca identidad en las redes sociales…
Pero mientras más corre el hombre lejos de Dios, más vacío se siente por dentro.

Porque el alma del hombre fue creada para Cristo.

Y aunque muchos rechacen el mensaje de Jesús, el Evangelio sigue siendo la única esperanza para esta generación.

¡Escúchame bien!
El Evangelio no perdió poder con el tiempo.
La sangre de Cristo no perdió poder.
La cruz todavía salva.
¡La tumba sigue vacía!
¡Y Jesucristo sigue sentado en el trono con autoridad y gloria!

Tal vez hoy me escucha alguien que se siente indigno.
Alguien que piensa: “Dios no puede perdonarme.”
Quizás has cometido errores terribles.
Quizás llevas heridas profundas.
Quizás sonríes por fuera, pero por dentro estás destruido.

Pero vine a anunciarte una noticia del cielo:
¡Jesús vino precisamente por los perdidos!
¡Cristo vino por el pecador!
¡Cristo vino a buscar al que se había apartado!

La Biblia dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Eso significa que tu pasado no es más grande que la misericordia de Dios.
Tu dolor no es más fuerte que el amor de Cristo.
Y tu cadena no es más poderosa que la sangre del Cordero.

¡Oh, aleluya!

Muchos conocen religión, pero no conocen a Jesús.
Van a templos, pero nunca han entregado su corazón verdaderamente al Salvador.
Tienen apariencia de fe, pero viven lejos de Dios.

Y hoy el Espíritu Santo está llamando a esta generación al arrepentimiento verdadero.

Porque llegará un día donde el dinero no podrá salvarte.
La fama no podrá salvarte.
Tus obras no podrán salvarte.

¡Solo Jesucristo salva!

Y Pablo dijo:

“No me avergüenzo del Evangelio.”

¡Qué declaración tan valiente!
En un mundo que se burla de Dios…
En una generación que llama malo a lo bueno…
Necesitamos hombres y mujeres que se levanten sin vergüenza y digan:

“¡Yo pertenezco a Cristo!”
“¡No negaré mi fe!”
“¡No apagaré el fuego del Espíritu Santo!”

Porque el Evangelio tiene poder para romper cadenas de adicción.
Tiene poder para sanar matrimonios.
Tiene poder para restaurar familias destruidas.
Tiene poder para sacar al hombre del lodo y levantarlo con propósito.

Y luego Pablo declara algo glorioso:

“El justo por la fe vivirá.”

¡Por fe!
No por emociones.
No por lo que vemos.
No por circunstancias.

La fe es creer que Cristo murió y resucitó por nosotros.
La fe es confiar en Dios aun cuando no entendemos el proceso.
La fe es seguir caminando cuando el infierno quiere detenerte.

Y hoy Dios te está haciendo una invitación.
No mañana.
No el próximo año.
¡Hoy!

Entrégale tu vida a Jesús.
Rinde tu corazón a Cristo.
Permite que el Espíritu Santo transforme tu interior.

No importa cuán lejos hayas caído.
No importa cuán roto estés.
Jesús puede levantarte ahora mismo.

Porque el Evangelio sigue siendo poder de Dios para salvación.

Y si hoy quieres reconciliarte con Dios, ahí donde estás, levanta tu corazón al cielo y di:

“Señor Jesús, reconozco que te necesito. Perdona mis pecados, limpia mi vida y escribe mi nombre en el libro de la vida. Hoy te recibo como mi Señor y Salvador. Rompe mis cadenas, lléname de tu Espíritu Santo y hazme una nueva criatura. ¡Te entrego todo, Jesús! Amén.”

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EL DIOS QUE TE INTERRUMPE PARA LANZARTE A TU DESTINO

Hay momentos en la vida donde Dios no te consulta…
¡Dios te interrumpe!

Así comenzó esta historia.
Un ángel del Señor irrumpe en la rutina de Felipe y le dice:

Hechos 8: 26-39 “Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza… el cual es desierto.”

¡Escúchame bien!
Dios no siempre te envía a lugares cómodos…
¡Dios te envía a lugares estratégicos!

Felipe venía de un avivamiento… multitudes, milagros, gloria visible…
¡y Dios lo saca de ahí para llevarlo a un desierto!

¿Por qué?
Porque Dios no trabaja solo con multitudes…
¡Dios trabaja con destinos!

Y en ese camino desierto había un hombre… un funcionario, un etíope, alguien influyente, pero espiritualmente hambriento.
Iba leyendo al profeta Isaías… pero no entendía.

¡Cuánta gente hoy está así!
Tienen acceso a información… pero no tienen revelación.
Tienen religión… pero no tienen encuentro.
Tienen palabras… pero no tienen vida.

Y entonces el Espíritu le dice a Felipe:
“Acércate y júntate a ese carro.”

¡Ese es el momento decisivo!

No fue el ángel…
No fue el desierto…
Fue la obediencia al susurro del Espíritu.

🔥 Iglesia, escúchame:
Tu milagro no está en lo espectacular…
¡está en lo específico!
¡En esa voz interna que te dice: “ve”, “habla”, “acércate”!

Felipe no predicó un sermón complicado…
La Biblia dice que comenzando desde esa Escritura…
¡le anunció el Evangelio de Jesucristo!

Porque todo apunta a Él…
Todo converge en Él…
¡Todo se cumple en Él!

Y mientras iba hablando…
¡algo sobrenatural ocurre!

En medio del desierto…
¡aparece agua!

¡Dios mío!
¡Donde no había nada… ahora hay provisión!
¡Donde no había posibilidad… ahora hay oportunidad!

El etíope dice: “Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?”

¡Esa es la evidencia de un corazón tocado!
No pone excusas…
No pone condiciones…
¡Responde inmediatamente!

Y Felipe le dice: “Si crees de todo corazón, bien puedes.”

Y aquel hombre declara: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.”

🔥 ¡Esa es la clave!
No religión…
No tradición…
¡Revelación!

Y descendieron ambos al agua…
¡y fue bautizado!

Pero escucha esto…
cuando salió del agua…
¡el Espíritu del Señor arrebató a Felipe!

¡Porque cuando cumples tu asignación… no te quedas estancado!
¡Dios te mueve!
¡Dios te posiciona!
¡Dios te lanza a lo siguiente!

Y el etíope…
¡siguió su camino gozoso!

¡Ese es el resultado del verdadero encuentro con Dios!
¡Gozo!
¡Transformación!
¡Nueva vida!

🔥 Hoy el Espíritu Santo te está diciendo:

Tal vez estás en un “desierto”…
Pero no es castigo…
¡Es escenario de propósito!

Tal vez Dios te está sacando de lo cómodo…
Pero no es pérdida…
¡Es dirección divina!

Tal vez sientes una voz que te dice “acércate”…
¡No la ignores!

Porque hay alguien esperando…
Hay un destino conectado a tu obediencia…
¡Y hay un milagro escondido en tu decisión!

🔥 ¡Levántate hoy!
🔥 ¡Responde al llamado!
🔥 ¡Corre hacia lo que Dios te está mostrando!

Porque el mismo Dios que envió a Felipe…
¡es el mismo que te envía a ti!

Y si obedeces…
verás desiertos abrirse…
verás aguas brotar…
verás vidas transformadas…

🔥 ¡Y tú mismo serás llevado de gloria en gloria! 🔥


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