Categoría: Fe

DIOS NO TE ABANDONA

Hoy vengo a recordarles una verdad eterna, una promesa que viene directamente del corazón de Dios para aquellos que le aman. En el Salmo 91:14-16, Dios nos dice:

«Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.»

Estas palabras no son solo poesía, son el pacto de Dios con Sus hijos. Dios mismo nos habla y nos dice: «Si me amas, yo te protegeré. Si me buscas, yo te responderé. Si me llamas, yo estaré contigo.»

Quizá hoy te sientes en medio de una tormenta. Tal vez has orado y no ves respuesta, quizá la angustia ha llenado tu corazón y las circunstancias te han hecho dudar. Pero escucha bien: Dios no es hombre para mentir, ni hijo de hombre para arrepentirse. ¡Si Él lo ha dicho, Él lo cumplirá!

Él promete estar contigo en la angustia. No dice que nunca vendrán dificultades, pero sí asegura que no las enfrentarás solo. Cuando los vientos soplen, cuando las puertas parezcan cerradas, cuando el dolor toque tu vida, recuerda que Dios está ahí, sosteniéndote con Su mano poderosa.

Él también promete librarte. No hay cadena que Él no pueda romper, no hay prisión que pueda retenerte cuando Dios decide libertarte. No importa cuán grande sea el problema, cuán fuerte sea la opresión, Dios tiene el poder para sacarte en victoria.

Pero no solo eso, Él dice: «Lo pondré en alto.» No solo te rescata, sino que te levanta. Dios no solo quiere salvarte del mal, sino llevarte a un nivel más alto, a un propósito mayor, a una vida abundante en Su presencia.

Y al final, Su promesa es aún más grande: «Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación.» ¡Oh, qué hermoso es esto! No solo nos da una vida larga en la tierra conforme a Su voluntad, sino que nos da la vida eterna en Cristo Jesús.

Hermanos, hoy Dios nos llama a confiar, a permanecer firmes, a amarlo con todo nuestro ser. Si le has buscado, sigue buscando. Si le has amado, sigue amándole. Porque el Dios Todopoderoso está contigo y nunca te dejará.

¡Aférrate a esta promesa y vive con la seguridad de que Dios tiene el control! Amén.

Oración: “Padre amado, hoy me aferro a Tu promesa. Declaro que en Ti está mi refugio y mi fortaleza. Gracias porque nunca me abandonas, porque me libras y me sostienes en medio de la prueba. Clamo a Ti con confianza, sabiendo que Tú respondes y peleas por mí. Levántame, Señor, lléname de Tu paz y muéstrame Tu salvación. En el nombre de Jesús, amén.”

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A TÍ TE DIGO: LEVÁNTATE

Hoy traigo una palabra viva, una palabra que arde con el fuego del Espíritu Santo, donde vemos a nuestro Señor Jesucristo entrar en una ciudad llamada Naín. Quiero que abras tu corazón, porque esta palabra tiene el poder para cambiar tu vida.

LUCAS 7:11-17 » Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. 17Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.»

Jesús entra a Naín acompañado de una multitud, pero ahí, en el umbral de la ciudad, se encuentra con otra multitud. Una procesión de muerte. ¡Oh, qué contraste, verdad! Por un lado, la multitud de la vida, de la esperanza, que camina con Jesús. Por otro lado, la multitud que lleva un cuerpo sin vida, la evidencia de una madre desgarrada, una viuda que ha perdido lo único que le quedaba: su hijo único.

Esa escena, amados, es el cuadro de nuestra humanidad. Estamos en un mundo lleno de muerte, de desesperanza, de lágrimas. Quizás tú has venido hoy cargando un féretro en tu corazón. Tal vez has enterrado tus sueños, tu fe, tu alegría, porque las circunstancias te han golpeado, te han robado lo que más amabas. Pero ¡escucha bien! Jesús está entrando a tu Naín en este momento.

Dice la Palabra que Jesús se compadeció de la viuda. Quiero que entiendas algo poderoso: el corazón de Jesús no está indiferente a tu dolor. A veces pensamos que Dios está lejos, que no ve nuestras lágrimas, pero el mismo Jesús que se detuvo en Naín es el mismo que hoy se detiene por ti. Su compasión no es pasiva. No es un simple sentimiento. La compasión de Cristo trae acción, trae intervención divina.

Jesús le dice a la viuda: «No llores.» Ahora bien, ¡esto parece contradictorio! ¿Cómo no llorar cuando todo parece perdido? Pero aquí está la clave: Jesús no le dice «No llores» para ignorar su dolor; le dice «No llores» porque Él ya tiene la solución, porque cuando Jesús habla, es porque algo sobrenatural está a punto de suceder.

Jesús no solo habló. Dice que se acercó y tocó el féretro. En los tiempos de la Ley, tocar un féretro hacía a alguien ceremonialmente impuro, pero Jesús, el Santo, no teme ensuciarse con nuestra condición. Él no se queda al margen de tu dolor. Jesús toca las áreas muertas de tu vida, toca lo que tú pensaste que jamás se levantaría. Y cuando Él toca, ¡todo cambia!

Y luego Jesús dijo con autoridad: «Joven, a ti te digo, levántate.» ¡Presta atención! Él no dijo «Levántate si puedes» ni «Levántate si quieres.» Él declaró vida con el poder de Su palabra, porque cuando Jesús habla, la muerte no tiene otra opción más que retroceder. Cuando Jesús habla, lo que estaba muerto vuelve a la vida.

El joven se levantó y comenzó a hablar. ¿Puedes imaginar el impacto? Esa viuda que minutos antes había perdido todo, ahora lo tenía todo de vuelta en sus brazos. Porque cuando Jesús se encuentra contigo, Él no solo restaura, ¡Él te da más de lo que perdiste!

Y toda la multitud glorificaba a Dios, diciendo: «¡Un gran profeta ha venido! ¡Dios ha visitado a Su pueblo!» Hoy quiero decirte que Dios ha visitado tu vida hoy. Él está aquí para tocar tus circunstancias, para resucitar lo que tú pensabas que estaba acabado.

¿Qué hay en tu féretro hoy? ¿Es un matrimonio roto? ¿Un hijo apartado? ¿Una enfermedad incurable? ¿Un sueño muerto? Yo te digo hoy, en el nombre de Jesús: «No llores, porque el Maestro ha llegado.» Él está tocando tu vida, y Su voz poderosa está diciendo: «Levántate.»

Recíbelo hoy. Declara hoy que la muerte no tiene la última palabra, porque Jesús, el Príncipe de la vida, ya venció. ¡Alábale, porque Él es digno de toda adoración!

OREMOS:

¡Padre Celestial, vengo delante de Ti, reconociendo que Tú eres la resurrección y la vida! Señor, así como tocaste el féretro en Naín y diste vida donde había muerte, hoy te pedo que toques las áreas muertas de mi vida.
Hoy entrego mis sueños, mis esperanzas, y todo lo que he dado por perdido, creyendo que en Ti hay restauración y propósito. Espíritu Santo, desata Tu poder, rompiendo cadenas, restaurando lo que he perdido, y levanta mi vida para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

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JESÚS : «EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA»

Hoy quiero hablarles desde lo profundo del corazón del Evangelio, desde las mismas palabras que nuestro Señor Jesús pronunció en Juan 14:1-7. Estas no son solo palabras de consuelo, son palabras de desafío, de decisión, y de destino eterno. ¡Prepárate, porque Dios te quiere mover hoy!

JUAN 14:1-7 «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. 5Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.»

NO SE TURBE VUESTRO CORAZÓN

Jesús comienza diciendo: «No se turbe vuestro corazón». ¡Qué fácil es permitir que nuestro corazón se turbe en este mundo lleno de incertidumbre! Problemas económicos, enfermedades, relaciones rotas, guerras, desastres. Todo alrededor parece querer robarnos la paz, pero Jesús nos da un mandato: ¡No se turben! Y no lo dice como una sugerencia; lo dice como un llamado a confiar plenamente en Él.

Amigo o amiga, si tu fe está en Dios, no hay tormenta que pueda hundirte, no hay cadena que pueda atarte. Creer en Dios no es opcional, es vital. Y Jesús añade: «Creéis en Dios, creed también en mí». ¡Es un llamado a dar un paso más allá, a entregarle no solo tus problemas, sino tu vida entera!

HAY UNA MORADA PREPARADA PARA TI

Jesús continúa diciendo: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay». Y yo quiero que lo escuches con atención: tú no fuiste creado para esta tierra pasajera; tú fuiste creado para un destino eterno. Jesús está preparando un lugar para ti. ¡Un lugar en la casa del Padre! No en un barrio común, no en una simple mansión terrenal, sino en el lugar perfecto, en la presencia del Dios Todopoderoso.

Pero escucha bien: esa morada no es automática. Jesús dice: «Voy a preparar lugar para vosotros». Él ya hizo el sacrificio. Él ya pagó el precio en la cruz. Pero tienes que responder. Tienes que decidir caminar en el camino que Él trazó.

¿Estás caminando hoy hacia esa morada celestial o te has desviado por los caminos de este mundo? ¡Es hora de alinear tu vida con el propósito eterno de Dios!

ÉL ES EL CAMINO

Cuando Tomás, en su humanidad, le dice: «Señor, no sabemos a dónde vas», Jesús responde con una de las declaraciones más poderosas de toda la Escritura:
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí.»

Escúchalo bien: Jesús no dijo que Él es un camino, o una verdad, o una opción de vida. ¡Él es el único camino! ¡El único acceso al Padre! No hay religión, no hay filosofía, no hay buenas obras que puedan abrir esa puerta. Solo hay un nombre que salva, y ese nombre es Jesús.

¿Sabes por qué muchos no encuentran el camino? Porque buscan un atajo. Pero en el reino de Dios, no hay atajos. Jesús es el único puente que te lleva de la oscuridad a la luz, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida eterna.

ÉL ES LA VERDAD

Vivimos en un tiempo en el que la verdad está siendo tergiversada. Este mundo te dice: «Tu verdad es válida, lo que tú sientas está bien». Pero la verdad no cambia. Jesús es la Verdad eterna, la Verdad que nunca falla. Si tu vida no está alineada con esa Verdad, estás viviendo una mentira, aunque no lo quieras admitir.

Hoy te desafío: examina tu vida. ¿Estás siguiendo la Verdad o estás siguiendo las mentiras del mundo? ¡No te conformes con menos que la plenitud de Cristo!

ÉL ES LA VIDA

Sin Jesús, no hay vida verdadera. Puedes tener riquezas, fama, placeres terrenales, pero todo eso es vacío si no tienes a Jesús. ¡Él no solo da vida, Él es la vida! Y esa vida no es temporal, es eterna. Pero debes tomar la decisión. No puedes quedarte neutral. O estás con Él, o estás contra Él.

CONCLUSIÓN: ¡DECIDE HOY!

Jesús termina diciéndonos: «Si me conocéis, también a mi Padre conoceréis». Hoy Dios te está invitando a conocerle, a caminar con Él, a vivir la vida abundante que solo Cristo puede darte. Pero esta invitación tiene un costo: tienes que rendirlo todo. Tienes que dejar tu orgullo, tu pecado, tu autosuficiencia, y aceptar que Jesús es todo lo que necesitas.

Hermanos, no se trata de lo que puedes ganar en esta vida, sino de dónde pasarás la eternidad. Hoy es el día para decidir. Hoy es el día para decirle a Jesús: «Tú eres mi camino, mi verdad y mi vida».

¡Levántate en fe! No sigas viviendo como si no hubiera un destino eterno esperando por ti. ¡Corre hacia Jesús! Él ya preparó el lugar; lo único que falta es que tú tomes el camino correcto. Y ese camino, es Cristo.

Oremos:
«Señor Jesús, hoy te reconocemos como el único camino, la verdad y la vida. Perdónanos por nuestros pecados y por habernos desviado. Hoy rendimos nuestro corazón a ti, y decidimos seguirte con todo lo que somos. Llénanos con tu presencia y guíanos hacia esa morada eterna que has preparado. En tu poderoso nombre, Jesús. Amén.»

¡Que el Señor te bendiga y te desafíe a caminar en Su propósito eterno!

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JESÚS DIJO: YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

Así dice el Señor: «Hoy te hablo directamente a ti, porque no es casualidad que estés aquí escuchando esta palabra. Tu vida está por cambiar si tan solo abres tu corazón y obedeces mi voz.»

JUAN 11: 7-21 » Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; 19y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. 23Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.»

En el capítulo 11 de Juan, vemos una escena donde la muerte parecía haber tenido la última palabra. Lázaro estaba muerto, sepultado, y su familia lloraba en desesperanza. Pero escúchame bien, dice el Señor: «Cuando el hombre dice que todo terminó, ahí es donde Yo comienzo. Yo soy el Dios que rompe los límites de lo posible, el Dios que se mueve en el terreno de lo sobrenatural.»

1. HOY VENGO A ROMPER TU LÍMITE HUMANO
Marta dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» Muchos de ustedes han hecho la misma declaración: «Señor, ¿por qué permitiste esto? ¿Dónde estabas cuando más te necesité?» Y el Señor dice: «Hijo mío, ¿acaso no te he dicho que mis caminos son más altos que los tuyos? No llegué tarde; llegué en el momento perfecto para mostrarte que mi poder no está limitado por el tiempo, la enfermedad o la muerte.»

Dios te dice: «Aquello que tú llamas imposible, yo lo llamo escenario para mi gloria. Deja de mirar tus circunstancias como el fin, porque yo soy el principio y el fin. Yo soy el Alfa y el Omega.»

2. TU FE ACTIVARÁ MI MILAGRO
Jesús le dice a Marta: «Tu hermano resucitará.» Pero Marta, aún atrapada en su lógica humana, responde: «Yo sé que resucitará en el día postrero.» Y Jesús le declara una verdad eterna: «¡Yo soy la resurrección y la vida!»

Así dice el Señor: «¿Dónde está tu fe? ¿Por qué sigues dudando de mi poder? Si crees en mí, verás mi gloria manifestarse en tu vida. No necesito que entiendas cómo lo haré; solo necesito que creas.»

Hoy te digo, declara vida sobre aquello que está muerto. Declara que tu matrimonio no ha terminado. Declara que tus hijos no están perdidos. Declara que tu propósito sigue vigente. Porque donde tú ves muerte, yo veo oportunidad para traer resurrección.

3. QUITA LA PIEDRA
Jesús se acerca al sepulcro de Lázaro y dice: «Quitad la piedra.» Pero Marta responde: «Señor, ya huele mal.» Escucha esto: Dios no puede operar plenamente en tu vida mientras sigas poniendo excusas. Así dice el Señor: «Tu razonamiento humano no puede detener mi poder, pero tu desobediencia sí puede limitar lo que yo quiero hacer.»

La piedra representa todo lo que te impide experimentar mi gloria. ¿Qué piedra necesitas mover hoy? Tal vez es el miedo, la incredulidad, la amargura o la falta de perdón. Escucha esto: «Yo soy el que resucita, pero tú debes quitar la piedra. Esa es tu parte.»

4. LO QUE VIENE NO SE PUEDE DETENER
Así dice el Señor: «Lázaro no permaneció en la tumba, porque cuando yo hablo, la muerte obedece. Mis palabras tienen el poder de cambiar toda circunstancia, y hoy estoy hablando a tu vida: ¡Sal fuera! Sal de la tristeza, sal de la desesperanza, sal de tu pecado, sal de tu incredulidad. Porque he venido a darte vida, y vida en abundancia.»

El Señor te dice: «Lo que yo estoy por hacer en tu vida no podrá ser detenido. Las cadenas serán rotas, las puertas serán abiertas, y los muertos en tu vida resucitarán, porque mi palabra no vuelve vacía.»

5. TU TESTIMONIO SERÁ PARA MI GLORIA
Así dice el Señor: «Todo lo que estoy haciendo y haré en tu vida será para mi gloria. Muchos mirarán lo que haré contigo y dirán: ‘Esto solo pudo ser obra de Dios.’ Porque yo estoy levantando una generación que vivirá como testimonio de mi poder. No temas, porque lo que estoy restaurando en ti servirá para que otros crean.»

Así dice el Señor: «Hoy te estoy llamando a que quites la piedra. Hoy te estoy desafiando a creer. Hoy te estoy hablando vida en medio de tu muerte. Mi poder está disponible, pero quiero tu obediencia, tu fe y tu disposición para caminar en lo sobrenatural. Deja de mirar lo que fue, porque lo que viene es mucho mayor. Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?»

ORACIÓN FINAL
«Padre celestial, hoy respondemos a Tu llamado con fe y obediencia. Quitamos las piedras de incredulidad, miedo y orgullo para que Tú obres en nuestras vidas. Declaramos vida sobre todo lo que parecía perdido, y nos rendimos a Tu voluntad, sabiendo que lo que estás por hacer será para Tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.»

Así dice el Señor: «¡Prepárate, porque lo que viene será grande!»

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