Categoría: PERDÓN

LA SANGRE DE CRISTO: NUESTRA REDENCIÓN Y VICTORIA

Hoy quiero hablarles de la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo. No hay un tema más poderoso en toda la Biblia que la redención que obtenemos a través de su sacrificio. La Palabra nos dice en Hebreos 9:22: «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión.» Desde el Antiguo Testamento, Dios mostró que sin sangre no hay perdón de pecados. Pero todos los sacrificios de animales eran solo una sombra de la obra perfecta que Cristo haría en la cruz. Cuando Jesús derramó su sangre en el Calvario, selló la victoria eterna sobre el pecado, la muerte y el enemigo de nuestras almas.

Efesios 1:7 dice: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.»

La sangre de Cristo nos redime y nos compra de nuevo para Dios. Antes estábamos perdidos, alejados, sin esperanza, esclavizados por el pecado y bajo la autoridad de Satanás. Pero cuando Cristo derramó su sangre, pagó el precio de nuestro rescate. Ya no somos esclavos, sino hijos de Dios. Su sangre nos limpia completamente, no importa cuán profundo haya sido nuestro pecado. No hay mancha que su sangre no pueda borrar. Romanos 8:1 nos dice: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.» No somos salvos por nuestras obras, sino por su gracia manifestada en la cruz.

La sangre de Jesús no solo nos perdona, sino que nos da acceso directo al trono de Dios. En el Antiguo Testamento, solo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo una vez al año, con sangre de animales. Pero cuando Jesús murió, el velo del templo se rasgó en dos, abriendo el camino para que todos los que creen en Él puedan acercarse confiadamente al Padre.

Hebreos 10:19 nos dice: «Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo.»

Hoy, gracias a su sangre, podemos entrar a su presencia, hallar gracia, misericordia y ayuda en el momento oportuno.

Hermanos, la sangre de Jesús también nos santifica. Hebreos 13:12 dice: «Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.» No solo nos salva, sino que nos transforma. Nos aparta del mundo y nos hace suyos. Es su sangre la que nos da el poder de vivir en santidad, de vencer el pecado y de caminar en obediencia. El enemigo tratará de acusarnos, de hacernos sentir indignos, pero la sangre de Cristo nos da identidad. Ya no somos esclavos de la culpa, del miedo ni del pasado. Somos redimidos, lavados y santificados por la sangre del Cordero.

Y no solo eso, la sangre de Cristo tiene poder para seguir operando en nuestra vida cada día. No fue solo un evento en la cruz, sino una obra continua. Su sangre nos protege, nos cubre, nos da victoria sobre el enemigo. Apocalipsis 12:11 declara: «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos.» Cuando declaramos con fe lo que la sangre de Jesús ha hecho por nosotros, el enemigo no tiene más poder sobre nuestra vida. No importa lo que el enemigo haya tratado de hacer, la sangre de Cristo es suficiente para liberarnos, para restaurarnos y para darnos una nueva vida.

Hoy te pregunto, ¿estás viviendo bajo el poder de la sangre de Cristo? ¿Has recibido su perdón? ¿Te has apropiado de su victoria? No importa cuán grande sea tu necesidad, la respuesta está en la cruz. Si te sientes lejos de Dios, su sangre te acerca. Si has caído en pecado, su sangre te restaura. Si el enemigo te ha oprimido, su sangre te libera. Hoy es el día de recibir y declarar el poder de la sangre de Cristo sobre tu vida.

VAMOS A ORAR JUNTOS: Señor Jesús, hoy reconozco el poder de tu sangre. Gracias por tu sacrificio en la cruz, por derramar tu sangre para redimirme, para perdonarme y para darme acceso al Padre. Hoy me apropio de esa victoria. Declaro que soy limpio, que soy libre, que soy tuyo. Me cubro con tu sangre y rechazo toda condenación, toda opresión y toda mentira del enemigo. Vivo en tu gracia, en tu justicia y en tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

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El Verdadero Regalo de Navidad: Jesucristo, el Hijo que Nos Reconcilia

Hoy nos reunimos para reflexionar sobre el verdadero significado de la Navidad. Aparte de las luces, regalos y festividades, quiero invitarles a ir más profundo, y contemplar la grandeza de lo que realmente celebramos.

Navidad es la celebración del regalo más extraordinario que la humanidad ha recibido: el Hijo de Dios Jesucristo. El profeta Isaías lo declara con majestuosidad en:

ISAIAS 9:6: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

Este versículo nos transporta al corazón del mensaje de Navidad. No estamos hablando solo del nacimiento de un niño, sino de la llegada del Salvador, del Rey eterno, de aquel que lleva sobre sus hombros la autoridad de todo el universo.

Que significa: “Un hijo nos es dado”. ¡Que Dios nos dio a Su Hijo! No porque lo mereciéramos, no porque lo buscáramos, sino porque Él nos amó primero. Él vio nuestro quebranto, nuestra separación, y decidió actuar. Jesús no fue un plan de emergencia; Él es el cumplimiento del eterno propósito de Dios para salvarnos y reconciliarnos con Él.

Ahora bien, ¿por qué vino este Hijo? La respuesta la encontramos en:

2 CORINTIOS 5:17-21: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

¡Este es el milagro de la Navidad! Cristo no vino simplemente para ser admirado en un pesebre; vino para transformar vidas, para hacer nuevas todas las cosas. Y no importa cuán lejos hayamos estado, no importa cuán rotas estén las piezas de nuestras vidas: en Cristo hay restauración, hay renovación, hay esperanza, hay un nuevo comienzo.

Así que, mientras celebramos esta Navidad, recordemos las palabras de Isaías: “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Este es el motivo de la Navidad: Jesús al que adoramos.

Más que celebrar con regalos o adornos, la Navidad es una invitación a reconciliarnos con Dios, a rendir nuestras vidas al Príncipe de Paz. Y esto lo podemos hacer orando en voz alta conmigo la siguiente oración:

«Padre celestial, hoy venimos ante Ti ,reconociendo Tu inmenso amor al enviar a Tu Hijo Jesús, el único que pudo cargar con nuestros pecados y darnos la vida eterna. Señor, sabemos que te hemos fallado, que nuestras vidas han estado lejos de Ti, pero gracias que en Cristo, tengo esperanza, perdón y un nuevo comienzo.

Señor, transfórmame, limpiame de todos mis pecados, derrama Tú paz sobre mi vida y renueva mi corazón, te lo pido en el nombre poderoso de CristoJesús, nuestro Salvador. Amén»

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Prepara tu Corazón para la Gloria Postrera

HAGEO 2:6-9 » Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; 7y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. 8Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. 9La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.


Escucha bien lo que voy a decirte en este día, porque así dice el Señor de los ejércitos: “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca” (Hageo 2:6). Hoy Dios nos está llamando a prepararnos para un movimiento de Su poder, a posicionarnos espiritualmente porque una gloria mayor está a punto de ser derramada. Esta no es una simple palabra de consuelo; esta es una declaración del Dios Todopoderoso, una promesa que no fallará. Escucha esta palabra profética: Dios va a sacudir los cielos y la tierra. Todo sistema, toda estructura y cada reino que no esté cimentado en Su verdad será sacudido. No temas cuando veas que las cosas a tu alrededor comienzan a estremecerse. Es el Señor purificando, el Señor estableciendo Su dominio y preparando a Su pueblo para Su gloria. Él está quitando todo lo que no refleja Su santidad. Tal vez sientes que en tu vida hay áreas que están siendo probadas, que Dios está permitiendo que ciertas cosas sean removidas. Hoy Él te dice que esta purificación no es para destrucción, sino para preparación, porque Su gloria viene. Dios quiere que nuestro corazón esté alineado con Su voluntad y lleno de Su Espíritu.

Y no solo está sacudiendo el mundo, sino también las naciones, porque así dice el Señor: “Haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7). Iglesia, el tiempo de la venida de nuestro Salvador está cerca. Todo este proceso de purificación, todo este sacudimiento, está preparando a Su iglesia y al mundo para el regreso de Cristo, nuestro Salvador, el Deseado de todas las naciones. Él es quien trae paz verdadera, libertad y restauración completa. Hoy el Señor nos recuerda que nuestra esperanza no está en las cosas temporales de este mundo, sino en Su venida gloriosa. Levanta tus ojos, porque tu redención está cerca.

Y el Señor ha declarado: “Llenaré de gloria esta casa” (Hageo 2:7). Esta es Su promesa de una gloria mayor, una gloria sobrenatural que llenará Su iglesia. No se trata de fama o riqueza humana, sino de Su presencia, Su fuego purificador, Su unción sobrenatural. Cuando Su gloria llena una casa, trae libertad, sanidad y salvación. Hoy es el día de preparar nuestros corazones y nuestras casas para que Su gloria repose. Esta gloria va a quemar el pecado, va a remover lo que no le agrada a Dios. ¡Hay algo glorioso y santo viniendo a Su pueblo! Dios viene con Su presencia como nunca antes, y Su gloria va a transformar nuestras vidas, nuestros hogares, nuestras iglesias.

El Señor también nos asegura Su provisión. Él dice: “Mía es la plata, y mío es el oro” (Hageo 2:8). Oh, escucha bien esto: Dios es el dueño de todo lo que existe. Tal vez piensas que no tienes los recursos o las fuerzas necesarias para cumplir el propósito de Dios en tu vida, pero Él te dice: “Todo lo que necesitas está en Mis manos.” No importa lo que parezca faltar en lo natural; el Señor es tu proveedor. Si Él te ha llamado, Él te sostendrá. Si Él te ha dado una misión, Él proveerá todo lo necesario. Dios va a suplir según Su poder y Sus riquezas en gloria. Él hará provisión para cada propósito que ha establecido en ti.

Y finalmente, Dios promete: “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera… y daré paz en este lugar” (Hageo 2:9). Hoy, Dios nos llama a mirar adelante, a dejar de mirar el pasado con nostalgia, porque lo que Él tiene preparado será mucho más glorioso de lo que ha sido antes. Lo que Dios tiene en el futuro para Su iglesia, para cada uno de Sus hijos, será aún mayor. Hoy, Dios quiere que su pueblo no se quede con la vista en lo que ya pasó. ¡Levanta tu mirada, porque Dios está a punto de manifestarse con un poder y una gloria mayor de lo que has visto! Su promesa es de una gloria y un avivamiento más grandes, de una unción más profunda y una paz duradera. Y esta paz no es como la que el mundo da; es una paz que sobrepasa todo entendimiento y llena nuestra vida en toda temporada, en toda situación.

Oh, Iglesia, es tiempo de prepararnos, de purificar nuestros corazones y llenarnos de Su Espíritu, porque Su gloria postrera está por manifestarse. Con esa gloria viene Su paz, Su provisión, Su poder. No temas al sacudimiento, porque Dios está obrando. Él te llama a mantenerte firme, a no desmayar, porque Su gloria viene para ti y para Su iglesia.

ORACIÓN: Padre eterno, gracias por Tus promesas y Tu fidelidad. Prepara nuestros corazones, Señor, para recibir esta gloria mayor, para permanecer en medio del sacudimiento y para caminar en Tu paz. Llénanos de Tu Espíritu, danos un corazón limpio y una fe firme. Que todo lo que no te glorifica se remueva de nuestras vidas, y que tu gloria llene nuestra casa y nuestras vidas. En el nombre poderoso de Jesús, amén.

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UNA FE PODEROSA Y EL PERDÓN QUE DESATA MILAGROS

Hoy quiero hablarles de una palabra que no solo transformará tu manera de ver los problemas, sino que liberará el poder de Dios en tu vida de una forma sobrenatural. Vamos a Marcos 11:20-26, donde vemos a Jesús enseñándonos sobre la fe y el perdón.

La Escritura nos cuenta que mientras Jesús y sus discípulos pasaban por la mañana, vieron la higuera que Él había maldecido, seca desde las raíces. Pedro, impresionado, le dijo: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.» Pero Jesús, en lugar de hacer un espectáculo de Su poder, les dio una enseñanza que hasta hoy sacude nuestra fe. «Tened fe en Dios» —eso les dijo—. No fe en las circunstancias, no fe en lo que ven, sino fe en el Dios Todopoderoso.

Escuchen esto: “Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.” ¡Eso es poder! ¡Eso es autoridad en el nombre de Jesús! Lo que Jesús está diciendo aquí no es algo simbólico ni figurativo. Él está declarando una verdad que puede transformar tu vida hoy.

¡Escúchame bien, amado de Dios! Si tú hablas a ese «monte»—y todos tenemos montes en nuestras vidas—y no dudas, sino que crees, ese monte se moverá. Ese monte de enfermedad, de falta, de problemas familiares, de ansiedad, ¡se moverá en el nombre de Jesús! ¡Esa montaña tiene que obedecer la Palabra de Dios cuando es hablada por una persona de fe!

¿Te das cuenta? Jesús no está hablando solo de Su poder, está hablando del poder que Él ha puesto dentro de ti, dentro de Su iglesia. La Palabra de Dios dice que el justo vivirá por fe, no por vista, no por sentimientos, ¡por fe! Y esa fe tiene la capacidad de hacer que lo imposible sea posible. Así que, si hay algo en tu vida que parece inamovible, comienza a hablarle con autoridad. Habla a esa enfermedad, ¡declara sanidad! Habla a esa necesidad, ¡declara provisión! Porque todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. ¡Aleluya!

Pero no puedo dejar este mensaje solo en la fe. Hay otra clave que Jesús nos da aquí, y es igual de poderosa. ¡Es el perdón! Jesús continúa diciendo que cuando estemos orando, si tenemos algo contra alguien, debemos perdonar, para que nuestro Padre que está en los cielos también nos perdone. ¡Oh, hermanos, escuchen esto! El poder de la fe se desata en un corazón limpio. No puedes cargar con resentimientos, no puedes guardar rencores y esperar ver montañas moverse en tu vida.

Hay muchos que tienen su fe trabada porque no han soltado el perdón. Has estado orando, has estado creyendo, pero en tu corazón guardas resentimiento, y eso es como un freno espiritual. ¡Hoy es el día de soltar esa carga! El perdón no es una opción, es un mandato de Jesús. Y cuando perdonamos, desatamos el poder del cielo para actuar en nuestras vidas.

Quizá me digas: «¿cómo puedo perdonar si me han hecho tanto daño?» ¡Escucha! No es en tu fuerza que lo haces. Es en el poder del Espíritu Santo que mora en ti. Jesús mismo te dará la gracia para perdonar, y cuando lo hagas, sentirás una libertad como nunca antes. Las puertas del cielo se abrirán y tu fe será libre para moverse en el poder de Dios.

Así que hoy te invito: ¡Ten fe en Dios! ¡Habla a tus montañas y perdona a quienes te han ofendido! Y verás cómo los cielos se abren y el poder de Dios comienza a manifestarse en tu vida de una manera sobrenatural. Fe y perdón son las llaves que desbloquean los milagros.

¡El tiempo de tu milagro es ahora! Levanta tu fe, libera tu corazón, y camina en la autoridad que Jesús te ha dado.

ORACIÓN:

Oh Señor, venimos hoy ante, nos postramos delante de Tu grandeza y pedimos perdón por nuestros pecados, por cada pensamiento, palabra y acción que no han sido agradables ante Tus ojos. Limpianos y purifica nuestro corazón. Perdóname si hemos guardado resentimiento o falta de perdón hacia alguien. Hoy, soltamos toda amargura y te pedimos que nos llenes de Tu paz y gracia.

Ahora, en el nombre poderoso de Jesús, nos levantamos con la autoridad que nos has dado y hablamos a toda montaña en nuestras vidas. Declaramos que las montañas de enfermedad, de problemas financieros, de dificultades familiares y toda clase de adversidad se mueven y se echan al mar. No tememos, no dudamos, porque confiamos en Tu poder. Sabemos que Tú eres el Dios de lo imposible y que, en Tu nombre, veremos milagros. ¡Gracias, Señor, por Tu victoria en nuestras vidas! En el nombre de Jesús, amén.

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