Categoría: RESURRECCIÓN

JESÚS EN MEDIO DEL MIEDO

¡Escucha Iglesia del Dios vivo! Dice Lucas 24:36 que mientras los discípulos hablaban, Jesús mismo se puso en medio de ellos y dijo: “Paz a vosotros.”

Estaban encerrados, temerosos, paralizados por la duda… y de repente JESÚS IRRUMPIÓ.
No tocó la puerta del miedo; atravesó las paredes de la imposibilidad.

Y hoy te anuncio por el Espíritu Santo: Así como entró en aquel aposento, Jesús entra ahora en medio de tu crisis, tu confusión y tu desesperación.

Lucas 24:37–40, los discípulos se turbaron creyendo ver un espíritu, pero Jesús les mostró sus manos y sus pies.

Esto significa que el Cristo resucitado es real, tangible y poderoso.

¡Y si Él vive, tu esperanza vive!
¡Si Él vive, tu propósito vive!
¡Si Él vive, tu llamado vive!

Lucas 24:45, la Escritura dice que Jesús les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Por eso decreto hoy:
¡Que se abran tus ojos espirituales!
¡Que caiga toda venda!
¡Que entiendas el plan eterno de Dios para tu vida!

Tu dolor tuvo propósito.
Tu proceso tuvo propósito.
Dios te estaba preparando para algo mayor.

Y ahora viene la parte más fuerte.

Lucas 24:49, Jesús declara: “Yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; quedaos hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

Escúchame:
No fuiste llamado para vivir tibio.
No fuiste llamado para esconderte.
¡FUISTE LLAMADO PARA SER TESTIGO CON FUEGO!

Así que recibe ahora mismo:
Poder desde lo alto.
Valentía santa.
Autoridad del Reino.
Fuego del Espíritu Santo.

El mismo Jesús que se paró en medio de los discípulos,
se para hoy en medio de tu vida y te envía con poder.

¡Y alguien que lo crea, grite AMÉN con fuego!

Oremos: Señor Jesús, entra hoy en medio de mi vida con tu paz y tu poder. Abre mi entendimiento y libérame de mis temores. Llename con tu Espíritu Santo y revísteme con fuego desde lo alto. Envíame como tu testigo y úsame para tu gloria, ahora y siempre. En el nombre de Jesús. Amén y amén.

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» !ÉL VIVE! LA VICTORIA DE LA RESURRECCIÓN»

¡Hoy no venimos a conmemorar una tumba, sino a proclamar una victoria! ¡Que Jesucristo ha resucitado! ¡Y esa verdad lo cambia todo!

Los evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— lo testifican. El libro de los Hechos lo proclama. Las epístolas lo enseñan. Y el Apocalipsis nos recuerda que Cristo reina, vive… y ¡regresará!

Pero escúchame bien… incluso los que caminaron con Él, comieron con Él, y vieron sus milagros, tuvieron dificultad para creerlo. Las mujeres fueron al sepulcro no con una alabanza, sino con especias. ¿Por qué? Porque no esperaban vida… esperaban muerte. ¡Pero el ángel les dijo: “No está aquí, pues ha resucitado!”!

Los discípulos dudaron. Tomás exigió tocar las heridas. Los de Emaús caminaban tristes diciendo: “Esperábamos…” ¡Pero entonces Jesús se les apareció! Y su incredulidad fue transformada en fuego, en fe, en fervor, y en una misión que alcanzó al mundo entero.

Amigo y amiga, escúchame: ¡La resurrección no es solo un evento histórico… es el corazón palpitante de nuestra fe! ¡Jesús no está muerto! Vive, reina, gobierna y su Espíritu Santo mora en ti.

¿Quieres prueba? Ve a Jerusalén… y verás que la tumba está vacía. Sólo uno ha vencido la muerte… ¡y su nombre es JESÚS!

¿Y qué significa eso para ti hoy?

Primero: Tus pecados han sido perdonados.
Segundo: Tienes la promesa de vida eterna.
Tercero: Un cuerpo glorificado te espera, como el suyo, perfecto para el cielo.
Y cuarto: Tienes una misión: ser testigo hasta lo último de la tierra.

Amado, cuando llegue el día final, cuando oigas tu nombre en los cielos, ¿estarás listo para responder como dice el antiguo himno? “Cuando Él me llame, responderé. De algún modo, en algún lugar, estaré sirviendo al Señor.”

Así debemos vivir: no con temor a la muerte, sino con fuego en el corazón, con manos ocupadas, con vidas rendidas…¡Hasta el día glorioso en que nuestros ojos vean su rostro y escuchemos: “Bien, buen siervo fiel”!

¡Él vive! ¡Y porque Él vive… tú también vivirás!

Para que esto sea una realidad en tu vida, haz la siguiente oración en voz alta: «Señor Jesús, hoy reconozco que soy pecador y que te necesito. Creo que moriste por mí y resucitaste al tercer día. Te abro mi corazón y te recibo como mi Salvador y Señor. Perdona mis pecados, límpiame y hazme una nueva persona. Desde hoy, te seguiré y viviré para ti. En tu nombre Jesús, amén.»

Fuente: GRacias Pastor CHARLES STANLEY por sus enseñanzas.

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A TÍ TE DIGO: LEVÁNTATE

Hoy traigo una palabra viva, una palabra que arde con el fuego del Espíritu Santo, donde vemos a nuestro Señor Jesucristo entrar en una ciudad llamada Naín. Quiero que abras tu corazón, porque esta palabra tiene el poder para cambiar tu vida.

LUCAS 7:11-17 » Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. 13Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. 17Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.»

Jesús entra a Naín acompañado de una multitud, pero ahí, en el umbral de la ciudad, se encuentra con otra multitud. Una procesión de muerte. ¡Oh, qué contraste, verdad! Por un lado, la multitud de la vida, de la esperanza, que camina con Jesús. Por otro lado, la multitud que lleva un cuerpo sin vida, la evidencia de una madre desgarrada, una viuda que ha perdido lo único que le quedaba: su hijo único.

Esa escena, amados, es el cuadro de nuestra humanidad. Estamos en un mundo lleno de muerte, de desesperanza, de lágrimas. Quizás tú has venido hoy cargando un féretro en tu corazón. Tal vez has enterrado tus sueños, tu fe, tu alegría, porque las circunstancias te han golpeado, te han robado lo que más amabas. Pero ¡escucha bien! Jesús está entrando a tu Naín en este momento.

Dice la Palabra que Jesús se compadeció de la viuda. Quiero que entiendas algo poderoso: el corazón de Jesús no está indiferente a tu dolor. A veces pensamos que Dios está lejos, que no ve nuestras lágrimas, pero el mismo Jesús que se detuvo en Naín es el mismo que hoy se detiene por ti. Su compasión no es pasiva. No es un simple sentimiento. La compasión de Cristo trae acción, trae intervención divina.

Jesús le dice a la viuda: «No llores.» Ahora bien, ¡esto parece contradictorio! ¿Cómo no llorar cuando todo parece perdido? Pero aquí está la clave: Jesús no le dice «No llores» para ignorar su dolor; le dice «No llores» porque Él ya tiene la solución, porque cuando Jesús habla, es porque algo sobrenatural está a punto de suceder.

Jesús no solo habló. Dice que se acercó y tocó el féretro. En los tiempos de la Ley, tocar un féretro hacía a alguien ceremonialmente impuro, pero Jesús, el Santo, no teme ensuciarse con nuestra condición. Él no se queda al margen de tu dolor. Jesús toca las áreas muertas de tu vida, toca lo que tú pensaste que jamás se levantaría. Y cuando Él toca, ¡todo cambia!

Y luego Jesús dijo con autoridad: «Joven, a ti te digo, levántate.» ¡Presta atención! Él no dijo «Levántate si puedes» ni «Levántate si quieres.» Él declaró vida con el poder de Su palabra, porque cuando Jesús habla, la muerte no tiene otra opción más que retroceder. Cuando Jesús habla, lo que estaba muerto vuelve a la vida.

El joven se levantó y comenzó a hablar. ¿Puedes imaginar el impacto? Esa viuda que minutos antes había perdido todo, ahora lo tenía todo de vuelta en sus brazos. Porque cuando Jesús se encuentra contigo, Él no solo restaura, ¡Él te da más de lo que perdiste!

Y toda la multitud glorificaba a Dios, diciendo: «¡Un gran profeta ha venido! ¡Dios ha visitado a Su pueblo!» Hoy quiero decirte que Dios ha visitado tu vida hoy. Él está aquí para tocar tus circunstancias, para resucitar lo que tú pensabas que estaba acabado.

¿Qué hay en tu féretro hoy? ¿Es un matrimonio roto? ¿Un hijo apartado? ¿Una enfermedad incurable? ¿Un sueño muerto? Yo te digo hoy, en el nombre de Jesús: «No llores, porque el Maestro ha llegado.» Él está tocando tu vida, y Su voz poderosa está diciendo: «Levántate.»

Recíbelo hoy. Declara hoy que la muerte no tiene la última palabra, porque Jesús, el Príncipe de la vida, ya venció. ¡Alábale, porque Él es digno de toda adoración!

OREMOS:

¡Padre Celestial, vengo delante de Ti, reconociendo que Tú eres la resurrección y la vida! Señor, así como tocaste el féretro en Naín y diste vida donde había muerte, hoy te pedo que toques las áreas muertas de mi vida.
Hoy entrego mis sueños, mis esperanzas, y todo lo que he dado por perdido, creyendo que en Ti hay restauración y propósito. Espíritu Santo, desata Tu poder, rompiendo cadenas, restaurando lo que he perdido, y levanta mi vida para Tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

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NO TEMAS, CREE SOLAMENTE

¡Queridos amigos! Hoy vengo a compartir con ustedes un mensaje de esperanza, un mensaje que tiene el poder de cambiar vidas, de transformar corazones, y de traer luz a las tinieblas. Este mensaje no es solo una historia antigua; es una realidad viva, una verdad que sigue resonando con poder a través de los siglos. Les hablo del mensaje de Jesús, el Hijo de Dios, que tiene autoridad sobre la vida y la muerte.

Quiero llevarlos al Evangelio de Marcos 5: 35-42. En este pasaje, encontramos a un hombre llamado Jairo, un líder de la sinagoga, que estaba desesperado porque su hija estaba muriendo. Quizás hoy tú también te encuentres en una situación desesperada, donde la esperanza parece haberse desvanecido, donde el dolor y la tristeza han llenado tu corazón. Pero déjame decirte algo: ¡Jesús está cerca!

Mientras Jairo estaba con Jesús, vinieron unos mensajeros con una noticia devastadora: «Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?» ¡Qué palabras tan duras! Tal vez tú has escuchado algo similar: «Es demasiado tarde», «No hay solución», «Ya no hay esperanza». Pero escucha la respuesta de Jesús:

«No temas, cree solamente» (MARCO 5:36).

Amigo, Jesús te dice lo mismo hoy: «No temas, cree solamente.» No importa cuán oscura sea la situación en la que te encuentras. Jesús tiene el poder de cambiar tu historia. ¡Él tiene el poder de dar vida donde parece que solo hay muerte!

Jesús fue a la casa de Jairo y encontró a todos llorando y lamentándose. Pero Jesús, con una calma y una autoridad que solo Él tiene, dijo: «La niña no ha muerto, sino que está dormida.» Lo que los demás veían como el final, Jesús lo vio como una oportunidad para mostrar Su gloria y Su poder. Porque para Jesús, la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida.

Jesús tomó a la niña de la mano y dijo:

«Talita cum,» que significa: «Niña, a ti te digo, ¡levántate!» (Marcos 5:41).

Y en ese momento, la niña se levantó y comenzó a caminar. Lo que parecía imposible se hizo posible. Lo que estaba muerto cobró vida. ¡Así es el poder de Jesús!

Querido amigo, este mismo Jesús está aquí hoy. Él te está llamando, te está extendiendo Su mano, y te dice: «No temas, cree solamente.» Tal vez has sentido que algo en tu vida ha muerto: tus sueños, tu esperanza, tu paz. Pero Jesús quiere levantarte, quiere darte una nueva vida.

La Biblia dice que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). El pecado trae muerte, separación de Dios, pero Dios en Su amor no nos dejó en ese estado. Dios envió a Su Hijo, Jesucristo, para morir en la cruz por nuestros pecados y resucitar al tercer día, venciendo la muerte (1 Corintios 15:3-4). ¡Él es la Resurrección y la Vida! Y cualquiera que cree en Él, aunque esté muerto, vivirá (Juan 11:25).

Hoy, Jesús te ofrece vida eterna, vida en abundancia. No importa cuán lejos hayas ido, no importa lo que hayas hecho. Si te vuelves a Jesús y confías en Él, Él te perdonará, te limpiará, y te dará una nueva vida. ¡Él es el Dios de lo imposible!

Si estás dispuesto a recibir esta vida, quiero invitarte a hacer una oración conmigo. Abre tu corazón a Jesús y dile:

«Señor Jesús, reconozco que he pecado y que necesito Tu perdón. Creo que moriste en la cruz por mí y que resucitaste para darme vida. Hoy te entrego mi vida. Entra en mi corazón, perdona mis pecados, y hazme una nueva persona. Confío en Ti y te acepto como mi Señor y Salvador. Amén.»

¡Si has hecho esta oración, bienvenido a la familia de Dios! Hoy comienza una nueva vida para ti. Jesús ha entrado en tu corazón, y con Él, la esperanza, la paz y la vida eterna. Busca una iglesia donde puedas crecer en tu fe, y nunca olvides que en Cristo, siempre hay esperanza. ¡Dios te bendiga!

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