Mensajes Puros

VE… Y HAZ TÚ LO MISMO

Escucha bien, porque hoy el Espíritu Santo nos confronta.

Un intérprete de la ley le pregunta a Jesús:

LUCAS 10:27 Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

Pero el hombre, queriendo justificarse, lanza la pregunta que muchos todavía hacen: “¿Y quién es mi prójimo?”

Entonces Jesús cuenta la historia: Un hombre cae en manos de ladrones, lo golpean y lo dejan medio muerto. Pasan el sacerdote y el levita, lo ven y pasan de largo.

¡Cuidado! Porque se puede tener Biblia y no tener misericordia. Se puede tener título espiritual y un corazón frío.

Pero aparece un samaritano, un rechazado, un despreciado. Y la Biblia dice: “Fue movido a misericordia.”

Se detuvo. Se acercó.Vendó heridas. Derramó aceite y vino. Pagó el precio.

¡Ese es Jesús! Él no pasó de largo contigo. Él te encontró herido. Él pagó lo que tú no podías pagar.

Y luego Jesús lanza la orden que quema como fuego:

LUCAS 10:37 “VE… Y HAZ TÚ LO MISMO.”

No es para admirar. Es para vivir. No es religión. Es Reino.

La fe verdadera se detiene. La unción verdadera toca heridas. El amor verdadero paga el precio.

Hoy el Espíritu Santo pregunta: ¿De quién has pasado de largo? Levántate. Detente. Y ama como Cristo te amó.

Oremos: Padre Santo, en el nombre de Jesús, hoy me arrepiento por las veces que pasé de largo y cerré mi corazón al necesitado. Perdóname por mi indiferencia y por mi falta de compasión. Lávame con Tu gracia y despierta mi conciencia espiritual. Dame ojos para ver, un corazón sensible y manos dispuestas para mostrar Tu misericordia. Y hazme un instrumento de Tu amor. Amén.

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CUANDO EL CIELO TOCÓ LA TIERRA

La Navidad no es una tradición cultural, es una revelación divina. La Escritura dice: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Eso es Navidad. Dios no envió una idea, envió a Su Hijo. El Padre decidió entrar en la historia humana a través de Jesucristo.

Jesús es el centro de la Navidad. No es el pesebre, no son las luces, no son los regalos. Es Jesús.

La Palabra declara que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”.  El Rey eterno y Creador aceptó nacer como criatura para rescatar al hombre caído.

Dios no escogió palacios ni tronos; escogió Nazaret y una joven llamada María. María respondió con obediencia: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” Así, el plan eterno de salvación comenzó a manifestarse en la tierra.

Jesús vino con una misión clara.“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. No vino solo a nacer, vino a morir. El pesebre apunta a la cruz, y la cruz apunta a la resurrección, con el propósito de reconciliarnos con el Padre.

La Navidad nos recuerda que Dios no se quedó lejos de nuestro dolor. En Jesús, Dios se hizo cercano, compasivo, redentor. Y todo comenzó cuando el cielo tocó la tierra.

Hoy la Navidad sigue siendo una invitación viva. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. No basta con recordar Su nacimiento; es necesario rendirle el trono de nuestro corazón.

 Porque cuando Cristo nace en nosotros, la luz vence a las tinieblas, y el Reino de Dios se manifiesta con poder.

La Navidad revela a Jesucristo encarnado: Dios irrumpe con amor y humildad en nuestra historia, se acerca a nuestra fragilidad, nos redime con gracia y establece Su Reino eterno en corazones rendidos.

OREMOS: Padre celestial, hoy reconocemos que la Navidad es Jesucristo viviendo en nosotros. Recibimos al Verbo hecho carne, al Salvador que vino a buscarnos y redimirnos. Rendimos el trono de nuestro corazón y decimos como María: hágase con nosotros conforme a Tu palabra. Que Cristo nazca, gobierne y sea glorificado en nuestras vidas. Amén.

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¡A TI TE DIGO… LEVÁNTATE!

En Lucas 7: 11-17, Jesús llega a la ciudad de Naín justo en el momento en que una madre destrozada llevaba a su único hijo rumbo al cementerio. La multitud caminaba hacia la muerte… ¡pero Jesús venía caminando hacia la vida!

La Biblia dice: “Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: No llores.”

Jesús no ignoró su dolor. No la dejó sola. No dio explicaciones. Le habló directamente al corazón: “No llores.” Porque cuando Cristo llega, las lágrimas se vuelven puertas para milagros.

Jesús no solo consoló, Él tocó el féretro. Y cuando Jesús toca lo que está muerto, la muerte pierde autoridad. El enemigo pensó que ya todo estaba terminado y que era el final. Pero el cielo tenía otro capítulo.

Entonces Jesús pronunció una palabra que atraviesa el tiempo, la tumba y la historia: “¡Joven, a ti te digo… levántate!” Y el muerto se incorporó, volvió a hablar y regresó a su lugar.

Hoy esa misma voz te llama a tí. La voz que resucita sueños. La voz que rompe diagnósticos. La voz que revive lo que parecía enterrado.

Jesús te dice hoy: “A ti te digo: levántate. Levántate en tu fe. Levántate en tu propósito. Levántate en tu casa. Levántate en tu ministerio. Levántate en tu salud. Levántate en tu asignación.”

Porque donde otros ven un funeral, Cristo ve un futuro. Donde tú viste derrota, Cristo ve testimonio. Donde parecía terminar la historia, Cristo la rescribe con gloria.

Y así como toda la multitud glorificó a Dios en Naín, la gente verá lo que Dios hace contigo. Será público, será visible, será sobrenatural.

Jesús sigue diciendo hoy: “No llores… porque voy a levantar lo que pensaste que habías perdido.”

Oremos:  Señor Jesús, hoy me presento delante de Ti y creo que tu voz tiene poder para levantar todo lo que parecía muerto en mi vida. Toca mi cuerpo, mi fe y mi propósito. Declaro que donde hubo lágrimas, ahora hay vida; donde hubo silencio, ahora hay voz; y donde hubo final, hoy hay resurrección. En tu nombre poderoso, Amén.

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“UNA FE QUE ASOMBRA AL CIELO”

MATEO 8:5–13 » ….Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. 9Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 10Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe….»

Amado, ¿te puedes imaginar lo que significa que JESÚS quede asombrado de tu fe? ¡El cielo entero reaccionando! ¡El Reino deteniéndose! ¡Los ángeles mirando hacia la Tierra porque un hombre decidió CREER!

Aqui encontramos a un hombre inesperado, un centurión romano, un extranjero, alguien que no parecía tener méritos espirituales… ¡pero tenía algo que movió a Dios mismo: FE!

1. Dios no está buscando perfectos, sino creyentes

Este hombre no era judío, no conocía los rituales, no vivía en el templo, ¡pero sí entendía autoridad!

Él no dijo: “Jesús, ven a mi casa, tócame, ora por mí…”

¡No!. Dijo: “Solo di la palabra, y mi siervo sanará.”

¡Eso es fe osada!. Fe que no necesita ver, que no exige señales, que no pone condiciones. Fe que solo espera UNA PALABRA.

2. Fe que entiende autoridad espiritual

El centurión sabía algo profundo: La Palabra de Jesús gobierna realidades.
Lo que Él dice, sucede.
Lo que Él ordena, se establece.
Lo que Él declara, se manifiesta.

No le pidió una visita, no le pidió una explicación, no le pidió una evidencia… ¡Pidió un decreto! “Dilo, Señor… y será hecho.”

3. Jesús se sorprende

¡Meditadlo!. El Maestro, el Alfa y Omega, el Hijo del Dios Viviente… SE SORPRENDE.

Dice la Escritura que Jesús “se maravilló”. ¿Por qué?

No por la religiosidad.
No por la posición.
No por la elocuencia.

¡Por la fe!

4. Algunos oran, pero no creen

Muchos oran sin fe, hablan sin convicción, oyen la Palabra pero no la reciben como decreto celestial.

Este centurión nos enseña algo: No es cuánto sabes, sino cuánto crees lo que Dios ha dicho.

5. La distancia no limita a Jesucristo

El siervo estaba lejos. Pero la Palabra llegó. No hubo distancia. No hubo barrera.

¡El Reino se mueve por palabra!

Y hoy te digo en el nombre del Señor: Tu milagro no depende de circunstancias, sino de fe.

6. Hoy el cielo sigue buscado fe que sorprenda

Jesús declaró: “Ni aun en Israel he hallado tanta fe.”

¡Wow! ¿Te das cuenta?. El cielo sigue buscando esa fe que no cuestiona, que no negocia, que no titubea.

Fe que declara: Si Dios lo dijo… así será.

Hoy el Señor te pregunta:

¿Estás dispuesto a creerle por encima de la lógica?
¿Estás dispuesto a creerle más que a los diagnósticos?
¿Más que a la economía?
¿Más que a tus temores?

¡El centurión apostó TODA su esperanza en una sola palabra de Cristo!

OREMOS: Señor Jesús, una Palabra tuya es suficiente para sanar mi cuerpo hoy. Declaro tu autoridad sobre toda dolencia y proclamo que tu vida fluye en cada célula, trayendo restauración completa. Habla, Señor, y reciba yo fortaleza nueva, paz sobrenatural y la unción fresca del Espíritu Santo sobre mí. Que tu presencia me envuelva y tu poder me levante. En tu Nombre poderoso, amén.

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