Categoría: Espíritu Santo

EL ESPIRITU SANTO: NUESTRO AYUDADOR y CONSOLADOR


En ocasiones los nuevos creyentes creen que sus vidas serán más fáciles después de ser salvos; pero eso no es lo que casi siempre sucede.

A veces, puede que enfrentemos más bien algunos problemas y desafíos. Y esto puede llegar a preguntarse dónde está Dios o por qué no responde nuestras oraciones. Si no sabemos qué hacer, puede que nos sintamos solos y abrumados. Pero si hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador, nunca estamos solos, pues nos ha prometido un AYUDADOR : el Espíritu Santo.

Antes de ir a la cruz, Cristo les dijo a sus discípulos que enviaría a alguien que les ayudaría.

LA BIBLIA habla de la Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sin embargo, algunos creyentes no comprenden que Dios, en la persona de su Espíritu, ha venido a morar en ellos, o no le han dado el lugar que se merece.

No obstante, el problema no es el Señor, sino la falta de conocimiento en cuanto a la presencia y guía del Espíritu Santo en sus vidas. Se nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir nuestro andar de fe. Solo debemos estar dispuestos a rendirnos ante Dios para hacer uso de los recursos del Espíritu Santo. Nuestro Ayudador divino siempre está dispuesto a socorrernos. En ningún momento, desde que recibimos a Cristo como Salvador, hemos estado solos ni desamparados; aunque nos sintamos así. Su Espíritu está siempre presente y obra de manera activa en nuestra vida.

CUAL ES LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO ?

  1. Nos convence de pecado. “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16.8). En primer lugar, nos hace reconocer que somos pecadores necesitados de salvación para que podamos arrepentirnos, depositar nuestra fe en Cristo y recibir su perdón. E incluso, después de ser salvos, nos hace reconocer cuando actuamos de manera incorrecta, al recordarnos que el pecado no debe ser parte de nuestra vida, pues ahora seguimos a Jesucristo.

2. Nos sella para salvación. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef 1.13). En esa época el sello era usado para autentificar, demostrar posesión y protección. El Espíritu Santo nos sella en Cristo como hijos de Dios, pues ahora vivimos bajo su divina protección. Es un sello que nadie puede romper, ni Dios, ni el diablo, ni nosotros mismos. Sin embargo, eso no significa que podemos pecar sin sufrir consecuencias. Dios nos muestra lo que está mal y también nos disciplina.

3. Mora en nosotros. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Ro 8.11). El Espíritu Santo es un regalo eterno que ha enviado a nuestra vida. Y vivimos bajo su dirección, mientras nos capacita para que hagamos lo que nos pide.

4. Nos enseña. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosa” (Jn 14.26). Puesto que es Dios, su Espíritu es un maestro que supera a todos los demás. Nos guía al leer la Palabra de Dios y nos ayuda a interpretarla adecuadamente. La Biblia es un maravilloso regalo que Dios nos ha dado, y si somos fieles al leerla y le pedimos a su Espíritu que nos enseñe, nos ayudará a entenderla y sobretodo a ponerla en práctica.

5. Nos revela su verdad. “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Co 2.12). Se nos promete un conocimiento divino que va más allá de nosotros y del universo, y que solo puede ser hallado en la Palabra de Dios. Puede que no entendamos de manera inmediata lo que significa el pasaje que hemos leído, o cómo podremos aplicarlo; pero, si perseveramos en buscar y escudriñar la Palabra de Dios, el Espíritu nos ayudará a entender. No obstante, si dejamos de leer la Biblia, nos faltará la sabiduría que solo proviene de Dios.

6. Nos guía. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Jn 16.13). Nuestro Ayudador divino es también quien nos guía. Nos ayuda a discernir lo verdadero y a tomar decisiones correctas. En vez de buscar los consejos de otras personas, lo primero que debemos hacer es pedirle al Espíritu Santo que nos dirija.

7. Produce fruto en nosotros. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Ga 5.22, 23). A menudo, estas cualidades se producen en nosotros por medio de circunstancias que podrían hacernos responder de manera diferente. Por ejemplo, si nos resulta difícil amar a una persona, el Espíritu Santo puede cambiar nuestra actitud si se lo pedimos y si deseamos caminar en obediencia a Él.

8. Nos recuerda. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14.26). Aunque los discípulos ya habían estado con Cristo y escuchado sus enseñanzas durante tres años, solo disponían de lo que recordaban después de que Él había partido. Para enseñar a otros acerca de Cristo necesitaban que el Espíritu Santo les ayudara a recordar. Incluso en nuestro tiempo, necesitamos que nos recuerde los pasajes bíblicos que necesitamos para cada situación. Si leemos la Biblia fielmente, Él nos ayudará a recordar lo que dice.

9. Nos faculta con dones espirituales. “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo” (1 Co 12.4). Su Espíritu nos da dones espirituales para que podamos servirnos los unos a los otros de la manera que Él desea.

10. Nos da poder. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos” (He 1.8). Su poder nos permite completar la misión que nos ha dado y nos capacita en cada aspecto de la vida.

11. Nos llena. “Sed llenos del Espíritu” (Ef 5.18). Esta es una vida gobernada y guiada por el Espíritu Santo, pues su presencia mora en nosotros. Ningún creyente tiene una excusa legítima para no obedecer a Dios, pues su Espíritu nos ha capacitado para cumplir con su voluntad y mandamientos.

OREMOS: Gracias Padre celestial por habernos enviado al Espíritu Santo a morar en nosotros, a enseñarnos, a guiarnos, a fortalecernos, a darnos dirección, a revelarnos la Palabra de Dios, a revelarnos y a glorificar a Jesucristo, el Hijo de Dios, y a permanecer en nosotros todos los días de nuestras vidas. Enciende el fuego del Espíritu Santo en nosotros. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

FUENTE: Gracias Pastor CHARLES STANLEY por sus enseñanzas.

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EL DON DE LA PACIENCIA

Algunas personas han asistido a la iglesia durante muchos años y hasta han sido bautizadas; sin embargo, aún no entienden en qué consiste la vida cristiana.

Esta no se obtiene por esfuerzo propio, sino por medio de la dependencia del Espíritu Santo que manifiesta la vida de Cristo en nosotros. Una de las obras del Espíritu es proveer la dirección que necesitamos. Sin embargo, hay ocasiones en las que debemos esperar con paciencia hasta que nos revele lo que desea que hagamos.

La paciencia no es una característica natural, sino un don que Dios nos da como fruto de su Espíritu. De manera que es indispensable que cooperemos con el Espíritu Santo mientras desarrolla paciencia en nosotros, pues dicha característica puede salvarnos del dolor de la desobediencia.

SALMOS 27.14: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”.

SALMOS 37.7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él. No te alteres”.

SALMOS 40.1: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”.

Según estos tres versículos de la Palabra, Dios nos reitera varias veces que nosotros debemos esperar, ser pacientes, porque entonces, Él inclina su oido, escucha nuestra oración y contesta nuestro clamor. 

La paciencia puede ser definida de diversas maneras:

  • Perseverancia, en calma y sin quejas, al estar bajo estrés o molestia.
  • Tener un carácter agradable. tener templanza.
  • Es estar tranquilo cuando las cosas no salen de la manera que queremos.
  • La voluntad para esperar cuando tenemos que tomar decisiones esperando la dirección de Dios.

¿PORQUE NECESITAMOS PACIENCIA?

Hay ocasiones en la que debemos tomar decisiones, pero no sabemos qué hacer. Si el Señor nos muestra que debemos esperar, tenemos que ser pacientes. Pero la mayoría de nosotros nos negamos a retrasar esas decisiones, pues deseamos que Dios obre de acuerdo a nuestro itinerario. Sin embargo, debemos recordar que el Señor es omnisciente y conoce cada aspecto de nuestra vida. Si desea que esperemos, es porque sabe que es lo mejor.

EL SEÑOR ES NUESTRO GRAN PROTECTOR

Nos creó para vivir para Él, servirle y ser un reflejo de Él. Así que, si aquello que deseamos no encaja con su propósito o tiempo, seríamos tontos si fuéramos impacientes e insistiéramos en tenerlo. Cuando dice que no, no nos rechaza sino que nos protege.

Para beneficiarnos de la amorosa protección de Dios, debemos consultar su voluntad en todo momento. Pero si insistimos en hacer lo que queremos, nos meteremos en problemas. Por el contrario, si somos pacientes, podremos tolerar con tranquilidad las demoras que el Señor permite.

Dios nos ha dado su Espíritu de verdad para guiarnos en medio de todas las complejidades de la vida. Sin embargo, cuando optamos por no escucharlo, hacemos de nuestra vida un desastre. Si el Señor afirma que debemos esperar, es porque nos ama. Todo padre que ama a sus hijos, sabe que darle lo que desean de manera inmediata no es bueno para ellos.

¿CUALES SON LOS REQUISITOS PARA QUE TENGAMOS PACIENCIA? 

  1. Fe en Dios. Debemos confiar en que Él siempre nos guiará, pues es lo que nos ha prometido.
  2. Obediencia. Para seguir la dirección del Espíritu, debemos estar dispuestos a obedecer a Dios y a esperar con paciencia.
  3. Discernimiento del tiempo de Dios. El Espíritu Santo nos guía en lo que respecta al tiempo apropiado para nuestras peticiones, y si todavía no es la voluntad de Dios, también nos da la gracia para saber esperar.
  4. Amar a Dios. La obediencia al Señor es una evidencia de nuestro amor a Él ya que nuestros corazones lo buscan, y estamos dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario. Por el contrario, cuando nos impacientamos, no demostramos amor al Señor sino solo a nosotros mismos. Sin embargo, Dios expresa su amor al no concedernos lo que de manera egoísta deseamos, pues no es lo mejor para nosotros.
  5. Valentía. Tenemos que ser valientes para obedecer a Dios y esperar con paciencia a que dirija nuestro camino. Puede que comencemos a sentirnos desesperados, como sÍ estuviéramos al borde de un abismo y a punto de caer, pero el Todopoderoso está siempre a nuestro lado.
  6. Determinación para esperar. En el Salmo 32.8 afirma: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. Cuando nos negamos a buscar la guía de Dios y somos impacientes, no recibimos los resultados esperados. Esperar lo que sea necesario hasta que Dios, en su sabiduría nos diga qué hacer, es siempre la decisión más acertada.

¿PORQUE LA PACIENCIA ES UN ATRIBUTO ESENCIAL PARA EXPERIMENTAR LO MEJOR DE DIOS? 

  1. Es esencial para llevar una vida de obediencia. Debemos escucharlo, obedecerlo y, en ocasiones, poner a un lado nuestros deseos y opiniones personales con tal de esperar por su dirección.
  2. Es esencial para establecer buenas relaciones. La paciencia es una cualidad que mejora todas nuestras relaciones, pues nos ayuda a pasar por alto los errores de los demás.
  3. Es esencial para identificar el tiempo de Dios. El Espíritu Santo nos da su dirección específica, pero no siempre lo hará de manera inmediata. Si en verdad atesoramos la sabiduría de Dios, esperaremos con paciencia a que nos revele su voluntad.
  4. Es esencial para ver a Dios actuar. Cuando finalmente lo lleve a cabo, podremos ver cómo lo hizo y estaremos muy agradecidos de haber esperado.

No tenemos que vivir con las dudas e incertidumbres que provienen de confiar en nuestra propia prudencia. Dios nos salvó de acuerdo a su propósito y nos dará su dirección si se lo pedimos. No debemos pensar que se ha atrasado solo porque ha dejado de hacer lo que teníamos en mente. Dios siempre actúa en el tiempo correcto; somos nosotros los que nos equivocamos. Debemos tener paciencia para confiar en el Señor, esperar y observar lo que hará.

Si no has aceptado a Cristo como tu Señor y Salvador nada de esto funcionará, solo le digo, batallará con su vida, cometerá muchos errores y terminará en un desastre, pero si esta dispuesto a pedirle perdón a Dios por sus pecados, tendrá este gran recurso eterno y omnipotente del Espíritu Santo, quien le dará guía y dirección y el momento perfecto, si le escucha.

Así que le invito a que traiga a Jesús a su vida.

OREMOS: Padre celestial, vengo delante de tu presencia, para pedirte perdón por mis pecados. Ven a morar a mi corazón y has de mí una nueva criatura, que te ame, que te siga y que cumpla con tus mandamientos y preceptos. Todo te lo pido en el nombre de Jesús. Amén

FUENTE: Gracias Pastor CHARLES STANLEY por sus enseñanzas.

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EL PENTECOSTES DEL AÑO 2020

El 31 de Mayo del 2020, se celebró la fiesta de PENTECOSTES y a partir de ese momento, se inicia una nueva era de favor de parte de Dios.

Para la Iglesia de hoy, es un recuerdo de que el Espíritu Santo llego a la tierra. Pero también es día de agradecimiento porque Dios nos ha guardado durante esta pandemia que hemos venido enfrentado. Pero lo mas interesante es que ha sido algo histórico. Déjame explicártelo:

PARTAMOS DEL PRIMER PENTECOSTES

EXODO 19 «Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; … Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte.»

El primer pentecostés sucedió en el monte Sinaí donde Dios Padre, descendió y sacudió ese monte. El pueblo Judío recién había salido de Egipto e iban a tener un encuentro con Dios, el primer pentecostés. Ahí Dios hace un pacto con Israel y ellos se comprometen a obedecerlo.

Por lo que en esta oportunidad nosotros vamos a renovar nuestro pacto con Dios.

Aquel pentecostés solo fue para los Judíos.

EL SEGUNDO PENTECOSTÉS.

Se basa en el siguiente relato:

HECHOS 2: 1-4 «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.»

Aquí quién descendió no fue el Padre, sino el Espíritu Santo, por lo tanto, la fiesta del pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo. Interesante, que en este pentecostés nació la Iglesia y vino para empoderarla y ser testigo de Cristo. A partir de ese momento comienza una nueva era, la era del Espíritu Santo.

Esta nueva era se caracteriza por la llenura, el bautismo y el derramamiento del Espíritu Santo, así como el sobreabundar, visitaciones, cielos abiertos y un gran reinicio. Es la última nueva era antes de la venida de Cristo.

Lo interesante es que acabamos de venir de una Pascua (Semana Santa) en este año 2020, la cual fue histórica, porque fue la segunda después de 4,000 años que se celebro en cuarentena y con una plaga. La última ocurrió en Egipto bajo esas mismas condiciones.

Esta es una nueva era para el mundo, la Iglesia y para la historia, es la final antes de que Cristo venga de nuevo a traer a su pueblo. Cuando una nueva era viene, las cosas cambian, como por ejemplo: todo el mundo sale a la calle con mascarilla, por lo que ha habido un realinamiento, un gran reinicio y la clave es un arrepentimiento, porque el arrepentimiento lo va a llevar a recuperar todo.

LO QUE VIENE AHORA

1. Si tuvimos una pascua histórica, esperemos un pentecostés histórico. Creer en la protección y la provisión de Dios, creer para recibir el pentecostés histórico para que nos levantemos en fe, para que seamos guerreros, seamos un remanente y para que seamos guiados por Dios.

Hay una transición de una vieja a una nueva era, pero para que el pueblo cruce a esta nueva era, el pueblo no puede cruzar si hay heridas, si hay ofensas o falta de perdón. Es decir, el pueblo tiene que arrepentirse de sus pecados. El pueblo tiene que ser perseverante, seguir orando, seguir ofrendando, seguir asistiendo a la Iglesia llueve, relampaguee, o en crisis, o en pobreza, ni comprometer la Palabra de Dios por nada, porque en la casa de Dios es donde Él envía su bendición.

2. Estamos entrando a la era de los derepentes. No nos cansemos de seguir orando, seguir ofrendando porque hay una ley espiritual de la acumulación, que cuando menos lo pensemos, Dios va a provocar un rompimiento en nuestras vidas.

Veremos una promoción en nuestros empleos, o talvez necesitas un empleo y Dios te va a recompensar con un trabajo, o te va a pagar las deudas, traerá ventas sobrenaturales, o veras algún familiar venir a Cristo o restaurar su vida a los caminos de Dios y todo porque has venido orando por todo eso y más.

3. Un fresco bautismo de poder y un fresco bautismo de fuego. El Espíritu Santo vendrá no como un viento fresco, sino como un viento delicado, suave, gentil y gradual, con el objetivo de empoderar a los creyentes para que seamos testigos finales, puros, lavados y santificados para la venida de Cristo.

4. Es la era de la restauración de todas las cosas. En tiempo de pago. Dios va restaurar todo lo que el diablo te robó.

5. Un tiempo donde experimentaremos persecución de la Iglesia.

6. Una nueva era donde miraremos el avivamiento mas grande que la tierra jamas ha visto.

7. A la cosecha de almas mas grande que la tierra jamas ha visto.

8. Miraremos una aceleración de tragedias en el mundo si el hombre no se arrepiente. No será un virus, sino otra cosa.

Pero hoy es día para darle gracias a Dios por su bondad, porque nos ha protegido, gracias por su fidelidad.

OREMOS: Padre celestial, en este día, me arrepiento por haber contristado tu Espíritu Santo, con palabras de maldición que han salido de mi boca, con ofensas y falta de perdón, con odio y resentimientos o por no hacer tu voluntad. Te pido que me limpies y perdones con tu preciosa Sangre. Remueve toda iniquidad de mi vida y límpiame. Ahora, permíteme entrar a esta nueva era; hago el cruce a la era de restauración, la era del favor de Dios, la era de la cosecha. Todo lo que sembré en lagrimas, lo recogeré con gozo. Te pido también que pueda experimentar mi propio pentecostés con tu fuego y con el bautismo de poder. Espíritu Santo, ven gentilmente sobre mi, bautízame con tu fresco fuego del cielo. En el nombre de Cristo Jesús. Ahora mismo lo recibo. Amén.

FUENTE: Gracias Pastor GUILLERMO MALDONADO, por sus enseñanzas.

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EL ESPIRITU SANTO: NUESTRO AYUDADOR

Puede que enfrentemos muchos más problemas y desafíos. Es entonces cuando podemos llegar a preguntarnos dónde está Dios o por qué no está respondiendo nuestras oraciones como esperábamos. Si no sabemos qué hacer, puede que nos sintamos solos y abrumados. Pero si hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador, nunca estamos solos, pues nos ha prometido un AYUDADOR: el ESPÍRITU SANTO.

Antes de ir a la cruz, Cristo les dijo a sus discípulos que enviaría a alguien que les ayudaría.

El Espíritu Santo es miembro de la Trinidad, junto con el Padre y el Hijo. Sin embargo, algunos creyentes no comprenden que Dios, en la persona de su Espíritu, ha venido a morar en ellos. En vez de vivir en el poder y en la provisión del Espíritu, solo se esmeran por hacer su mejor esfuerzo y esperar por el día en el que llegarán al cielo. Como resultado viven inconformes y desilusionados de Dios.

No obstante, el problema no es el Señor, sino la falta de conocimiento en cuanto a la presencia y guía del Espíritu Santo en sus vidas. Se nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir nuestro andar de fe. Solo debemos estar dispuestos a rendirnos ante Dios para hacer uso de los recursos del Espíritu Santo. Nuestro Ayudador divino siempre está dispuesto a socorrernos. En ningún momento, desde que recibimos a Cristo como Salvador, hemos estado solos ni desamparados; aunque nos sintamos así. Su Espíritu está siempre presente y obra de manera activa en nuestra vida.

¿Cuál es la obra del Espíritu Santo?

1. Nos convence de pecado. 

JUAN 16:8 “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”.

En primer lugar, nos hace reconocer que somos pecadores necesitados de salvación para que podamos arrepentirnos, depositar nuestra fe en Cristo y recibir su perdón. E incluso, después de ser salvos, nos hace reconocer cuando actuamos de manera incorrecta, al recordarnos que el pecado no debe ser parte de nuestra vida, pues ahora seguimos a Jesucristo.

2. Nos sella para salvación. 

EFESIOS 1:13 “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

En esa época el sello era usado para autentificar, demostrar posesión y protección. El Espíritu Santo nos sella en Cristo como hijos de Dios, pues ahora vivimos bajo su divina protección. Es un sello que nadie puede romper, ni Dios, ni el diablo, ni nosotros mismos. Sin embargo, eso no significa que podemos pecar sin sufrir consecuencias. Dios nos muestra lo que está mal y también nos disciplina.

3. Mora en nosotros. 

ROMANOS 8:11 “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”.

El Espíritu Santo es un regalo eterno que ha enviado a nuestra vida. Y vivimos bajo su dirección, mientras nos capacita para que hagamos lo que nos pide.

Nosotros somos Templo del Espíritu Santo. Por eso debemos mantenernos puros, limpios, santos.

4. Nos enseña. 

JUAN 14:26 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas”

Puesto que es Dios, su Espíritu es el Maestro de Maestros. Es un maestro que supera a todos los demás. Nos guía al leer la Palabra de Dios y nos ayuda a interpretarla adecuadamente. La Biblia es un maravilloso regalo que Dios nos ha dado, y si somos fieles al leerla y le pedimos a su Espíritu que nos enseñe, nos ayudará a entenderla.

5. Nos revela su verdad. 

1 CORINTIOS 2: 12 «“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” 

Se nos promete un conocimiento divino que va más allá de nosotros y del universo, y que solo puede ser hallado en la Palabra de Dios. Puede que no entendamos de manera inmediata lo que significa el pasaje que hemos leído, o cómo podremos aplicarlo; pero, si perseveramos en buscar y escudriñar la Palabra de Dios, el Espíritu nos ayudará a entender. No obstante, si dejamos de leer la Biblia, nos faltará la sabiduría que solo proviene de Dios.

6. Nos guía. 

JUAN 16:13 “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad”.

Nuestro Ayudador divino es también quien nos guía. Nos ayuda a discernir lo verdadero y a tomar decisiones correctas. En vez de buscar los consejos de otras personas, lo primero que debemos hacer es pedirle al Espíritu Santo que nos dirija.

7. Produce fruto en nosotros. 

GALATAS 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

A menudo, estas cualidades se producen en nosotros por medio de circunstancias que podrían hacernos responder de manera diferente. Por ejemplo, si nos resulta difícil amar a una persona, el Espíritu Santo puede cambiar nuestra actitud si se lo pedimos y si deseamos caminar en obediencia a Él.

8. Nos recuerda. 

JUAN 14:26 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”

Aunque los discípulos ya habían estado con Cristo y escuchado sus enseñanzas durante tres años, solo disponían de lo que recordaban después de que Él había partido. Para enseñar a otros acerca de Cristo necesitaban que el Espíritu Santo les ayudara a recordar. Incluso en nuestro tiempo, necesitamos que nos recuerde los pasajes bíblicos que necesitamos para cada situación. Si leemos la Biblia fielmente, Él nos ayudará a recordar lo que dice.

9. Nos faculta con dones espirituales. 

1 CORINTIOS 12:7-11 «Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.»

Su Espíritu nos da dones espirituales para que podamos servirnos los unos a los otros de la manera que Él desea.

10. Nos da poder. 

HECHOS 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”.

El Espíritu Santo nos da energía, autoridad y poder para que hagamos lo que que ha dispuesto para nosotros y para que seamos lo que Dios quiere que seamos. Su poder nos permite completar la misión que nos ha dado y nos capacita en cada aspecto de la vida.

11. Nos llena. 

EFESIOS 5:18 “Sed llenos del Espíritu”.

Esta es una vida gobernada y guiada por el Espíritu Santo, pues su presencia mora en nosotros. Ningún creyente tiene una excusa legítima para no obedecer a Dios, pues su Espíritu nos ha capacitado para cumplir con su voluntad y mandamientos.

OREMOS: » Gracias Padre, Señor nuestro. No podríamos agradecerte lo suficiente. Te alabamos, por darnos el Espíritu Santo cada día, para facultarnos a hacer y ser, a lo que nos has llamado. Te pido que el Espíritu Santo nos hable a cada uno de nosotros para alentarnos, desafiarnos, convencernos y motivarnos en nuestros corazones para hacer tu voluntad. Nos rendimos a ti Espíritu Santo. Te amamos, te alabamos y bendecimos tu nombre. Y oramos en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. Amén.»

FUENTE: Gracias Pastor CHARLES STANLEY por sus enseńanzas. 

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